2 de octubre: más razones para no olvidarlo

El 2 de octubre seguirá siendo, por lo visto, una fecha imposible de ser olvidada, aunque ahora no lo será solamente por aquellos sucesos de 1968 que siguen siendo motivo de reflexión e indignación en México.

El lunes pasado, 2 de octubre, ocurrió la masacre de asistentes a un concierto en Las Vegas perpetrada por un sujeto enloquecido quien, echando mano al arsenal que poseía en su cuarto de hotel, asesinó a 59 personas e hirió a muchísimas otras. ¿Qué se puede decir ante tal acto de barbarie insólita? No mucho más de lo que ya se ha escrito en los medios. La permisividad en la adquisición de armas en nuestro país vecino ha hecho de las suyas de nuevo. Hace muchos años se ha venido denunciando tal despropósito de varias maneras. Recuerdo, por ejemplo, el documental de Michael Moore “Bowling for Colombine”. Pero todo indica que los pasos se dan hacia atrás: la terrrorífica administración de Trump no tiene, por lo visto, ninguna intención de cambiar la política al respecto, al contrario, sigue orgullosa de que los norteamericanos puedan comprar rifles de asalto como se adquieren papas fritas en el super.

También ese día, 2 de octubre, circuló en medios prestigiados la noticia de la muerte de Tom Petty. Tras confusiones que llevaron incluso al desmentido por parte de la familia, terminó confirmándose: el gran músico nacido en Florida y avecindado en Los Angeles falleció víctima de un infarto en los días en los que celebraba, conciertos de por medio, cuarenta años de fructífera carrera profesional.

Fantaseaba yo: Petty, no pudiendo soportar lo que ocurrió en Las Vegas, decidió mejor partir.

Las malas noticias a veces vienen precedidas de coincidencias premonitorias: dos días antes de la muerte de Petty unos amigos y yo hablábamos de él en tono entre elogioso y frustrado. Nos encanta su música pero nunca habíamos tenido la oportunidad de verlo en concierto… ni la tendremos ya. Y es que Tom Petty, aunque parezca increíble, nunca se presentó en México. Ciertamente no fue tan popular en nuestro país como otros artistas, pero su enorme calidad y el prestigio de que gozaba en Estados Unidos y Europa lo podrían haber hecho lógico candidato para venir, aunque fuera alguna vez. No ocurrió así. Acaso su espectáculo era caro y representaba fuertes riesgos económicos para los empresarios del ramo; quizás se calculaba que sus fans éramos minoría; tal vez fue, simplemente, un asunto de estrechez de miras.

Es verdad que Tom Petty y su grupo The Heartbreakers tocaban un rock muy basado en estructuras clásicas, proveniente de raíces musicales de norteamérica, y ello lo podría haber alejado de los públicos numerosos de México. Pero haber vendido más de 80 millones de discos durante su trayectoria dice algo, sin duda. Y las muchas de sus canciones que llegaron a sonar fuerte en la radio –incluso la mexicana– también podría haber sido factor de atracción. Claro que no todo es vender discos sino también hacer buenas canciones, y en eso Petty tiene pocos rivales, como se puede comprobar fácilmente echando una oída a las numerosas grabaciones con sus cómplices rompecorazones o los que editó con su nombre nada más. O también a los dos que produjo en aquel insólito y afortunado proyecto de los Traveling Wilburys con socios incomparables -Bob Dylan, Jeff Lynne, Roy Orbison y George Harrison-, dos de los cuales ya también han partido.

Cuando Tom fue introducido al Songwriters Hall of Fame en 2006 habló de que tal vez ya había suficientes canciones que se habían escrito en el rock: si alguien quería hacer otra, más valía que fuera buena. “Cualquiera puede hacer una canción de rock, pero no cualquiera puede hacerla bien”, decía justificando su propio oficio. Sus dos discos más recientes  –“Mojo” y “Hypnotic Eye”– son muestra clara de ese buen oficio letrístico y musical y de la cohesión indiscutible –¿magia?– que logró crear con su banda de tantos años.

Una obviedad: una canción es una acertada fusión entre palabras y música. Y Tom Petty fue un maestro en lograr esa conjunción. La cantautora Liz Phair lo dice de manera contundente:

“El talento de Tom realmente brilla cuando te das cuenta de su maestría para dar voz a las confusiones y a las preguntas sin respuesta con las que todos lidiamos de manera privada”.

Hoy tenemos un pretexto mayor para saborear, aunque con una dosis de dolor, el talento de uno de los más grandes compositores de canciones: Tom Petty, a quien difícilmente olvidaremos.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 38 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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