A 20 años de ‘Mezzanine’

|Por Beto Sigala|

En la superficie Mezzanine de Massive Attack es la joya más grande del mundo del trip hop, aunque sería injusto para la música dejarle en esa solitaria etiqueta. Nadie duda que ellos izaron la bandera de ese género y que su influencia permeó a varias generaciones de músicos posteriores, pero Mezzanine fue y sigue siendo algo más eterno en el historial de toda la música que se ha creado en los últimos cuarenta años.

A veinte años de su lanzamiento en el mercado, a Mezzanine en sus inicios lo entendimos como un álbum que se basaba en la electrónica y el dub para incrustarse de lleno en la memoria colectiva de los noventa y ya con miras indiscutibles para erigirse como una premonición de la sonoridad del nuevo milenio. Además de que en sus alcances, lideró la revolución electrónica en el mainstream de finales de los noventa.

Este álbum va mucho más allá. Su música le gusta a un darkie, o a un rockero, tanto como le puede gustar a un chico reggae, porque precisamente en sus tracks suena la postmodernidad, y tiene el balance de oscuridad y luz necesarias para ser considerado una obra maestra universal.

Su elaboración partió a Massive Attack desde sus entrañas. Tricky, aunque nos dejó el Blue Lines, siempre deambulaba por su estilo monótono al frasear y los ritmos de los trabajos anteriores de esta banda eran más orgánicos, más cercanos a la raíz del hip hop, más funk. Esta reinvención con samplers, guitarras, cajas de ritmo, y otros elementos propició la salida de Andrew Vowles quien no se pudo acostumbrar al halo de oscuridad y paranoia que circundaba a esta nueva versión de Massive Attack.

En la parte vocal, muchos en Inglaterra conocían el vibrato agudo de Horace Andy, una de las voces más reconocidas del reggae roots, pero nadie se podía imaginar como sonaría su voz en un coro suave que se traduce en notas sobre la desesperación y la suspicacia en tracks como “Angel” y “Man Next Door”. Andy además es uno de los personajes del video de “Angel”, un cortometraje genial y sencillo que expresa bien el sentimiento paranoico de esta canción. Y luego en otro extremo, la hechizada voz de Elizabeth Fraser de los Cocteau Twins en “Teardrop”, el track más comentado del álbum que llamó mucho la atención por su innovador videoclip en el que un feto en 3D es es el personaje.

En 1998, mientras el auge del rock alternativo se difuminaba entre la agonizante década, los proyectos más orientados a la electrónica iban cobrando mayor fuerza en la juventud de esos días. Quizás Massive Attack junto con otras bandas, le dieron un carácter más serio y artístico a la corriente popular de la electrónica que hasta antes era más socorrida como música bailable. Mezzanine, sin ser un disco experimental, fue capaz desde su lanzamiento de ampliar el rango del trip hop cuyos rasgos fundamentales se hicieron más promiscuos y también más interesantes para el escucha común.

Los tiempos de hace 20 años, aunque eran de mucha expectativa, aún no eran tan sombríos como la realidad del 2018. Antes de que llegaran los 2000, el Y2K, la guerra de los balcanes, el escándalo sexual de Clinton, los teléfonos móviles y una gran esperanza de que el internet se constituyera como un espacio de libertad para compartir y generar conocimiento, eran algunos de los dilemas de la humanidad. Mezzanine pudo captar esa mezcla de incertidumbre y búsqueda de redención moderna que implicaba la llegada del nuevo milenio, todo recubierto por un velo oscuro. En lo musical nos dio mucho y sus tracks se van construyendo como un robot que utiliza muchos componentes para al fin caminar con libre albedrío en el mundo animado. A veces es dub, a veces es trip hop, en otras ocasiones es darkwave, otras es electro rock, pero, a pesar de los densos muros de su construcción siempre es fascinante.

El otro día pensaba en si el reggae podría fusionarse con el darkwave para hacer una corriente oscura de la música jamaiquina y cuál sería el resultado. No pude llegar a muchos ejemplos ni a muchas conclusiones, pero sin duda me vino a la mente Mezzanine, Horace Andy y los remixes que ha hecho Mad Professor para Massive Attack, tal vez este disco sea la fusión más afortunada entre en el dub y el darkwave.

A 20 años de su lanzamiento suena tan vigente como el día que vio la luz, es un clásico que se debe revisitar cada que avanzamos o retrocedemos en el tiempo.

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