¿Renunciar por unos cadáveres colgantes?

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|Por Roberto Castelán Rueda|

Hace apenas unos días, los tapatíos amanecieron con las imágenes televisadas y gráficas de cadáveres embolsados colgando de un puente y con un”mensaje” clavado en sus cuerpos. Uno de ellos, por su peso, se desprendió y evidentemente cayó. En ello insistieron casi todos los medios.

En otros lugares de la ciudad, los cadáveres aparecieron embolsados y encajuelados, también con su respectivo “mensaje”.

En Jalisco los cadáveres tienen la costumbre de “aparecer”. Así nomas, sin avisarle a nadie. Es tal esa costumbre que los jaliscienses ya nos acostumbramos a sus frecuentes apariciones, son algo normal en nuestra cotidianidad, ni siquiera las consideramos “macabras”.

A veces, como en el caso de los cadáveres colgantes del puente, nos alarmamos un poco y convertimos al hecho en motivo de conversación y de nota digna de ser compartida en nuestras redes sociales. Pero nuestra alarma no es por los cadáveres, sino por la forma escénica que adquieren al convertirse en unas figuras amorfas, envueltas en bolsas cerradas con cinta canela, tan común ya en nuestro lenguaje cotidiano, balanceándose suavemente al ritmo de las luces rojas y azules de las patrullas.

La oscuridad, la luz tenue de las patrullas, las figuras amorfas, la estructura de concreto, todo se convierte en una escenografía del horror, en una danza macabra de los cuerpos suspendidos entre la calle y el puente, elementos indispensables de nuestra modernidad vehicular. Nosotros, aparecemos como espectadores silentes del espectáculo de la muerte mensajera, de la representación colgante de nuestros miedos.

Luego, vuelta a la rutina. Acabo de ver el cuerpo de un hombre joven asesinado en San Andrés. Entró a robar, alguien lo siguió y le enterró un cuchillo. Su cuerpo se desplomó, ensangrentado en la entrada de una tienda. Nada espectacular. ¿Se convertirá en noticia? Si todos los asesinados de nuestras ciudades se convirtieran en noticias dignas de ser comentadas, analizadas con un debido seguimiento de sus casos, los noticiarios de las televisoras radios y medios impresos, no tendrían espacio para las noticias verdaderamente importantes, por ejemplo, el que el gobierno le quite la concesión de las”fotomultas” a una empresa.

Los asesinados normales, los espectaculares y los desapercibidos crecen. A las morgues les hace falta espacio, refrigeradores, planchas, para resolver la acumulación de cadáveres. Se necesita más presupuesto. Claro, el problema es de presupuesto, porque obviamente el número de cadáveres seguirá creciendo, los cuerpos se seguirán acumulando y nuestras autoridades, responsables como son, deben de atender con celeridad las necesidades de la población: necesitamos más espacio para cadáveres, necesitamos aumentar el presupuesto.

Oiga ¿pero por qué hay tanto muerto, tanta gente asesinada en las calles? Bueno, usted sabe qué hay personas decididas a pelearse entre ellas de manera poco civilizada y pues ahí están los resultados. Pero ¿y las autoridades? ¿Por qué nadie renuncia? Pues simplemente porque nuestras autoridades no tienen la culpa de nada. Mire, ellos, como usted, están muy preocupados por esa aparición cotidiana de cadáveres, pero ¿qué quiere que hagan? Gobernar un estado o una ciudad como la nuestra no es fácil, hay muchos asuntos que atender y eso de andarse matando entre las calles es un asunto entre particulares, o a poco usted es de los que cree que en Guadalajara la gente se anda matando en las calles así nomás porque sí.

No joven, ni que fuéramos unos bárbaros.

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