A 40 años de ‘Rocket to Rusia’

ramones

|Por Beto Sigala|

De aquella época en que usar playera de Los Ramones, tenis Converse gastados y pantalones rasgados era la moda, sólo quedaron algunos pocos, muy pocos aferrados.

The Ramones tuvieron un momento en que causaron mucha alharaca, justo cuando sus integrantes estaban jodidos por el cáncer o por tanto ácido o la vida, y esperaban su turno en la ruleta para enfrentar su propia muerte. Cuando finalmente crecía un culto exacerbado por esta banda neoyorquina a inicios de los 2000, se fue Joey, seguido de Dee Dee, luego en 2004 murió Johnny para dejar a Tommy como el único de los miembros fundadores sobrevivientes, que finalmente dejó este mundo en 2014 y quizás fue el único de todos en gozar las mieles de tanto reconocimiento como banda de culto.

Hablar de este grupo es obviar en muchas cosas, como en el hecho de que su sonido sigue siendo la semilla más exacta para explicar el punk y alejar al rock de lo premeditado o aburrido; sus canciones breves, su simpleza y su estilo marginal desinteresado en el mundo convencional, siguen siendo el ejemplo más emulado para los que desean iniciar en el rock como músicos.

Ellos son la visión divertida del descontento, el desenfreno o el romanticismo; engloban una filosofía musical que representa todo lo que significa el punk: es decir, nada. (o demasiado, dependiendo del contexto).

 

Culto que prevalece

En aquella época de inicios de los 2000, todos parecían saber de Los Ramones, todos intentaban desempolvar su música y algunos anhelaban replicar su sonido, jurar que fueron sus fieles seguidores desde siempre. El hecho es que dicha banda tenía un culto enorme, súbitamente se hacían una moda en un momento en que el punk-rock volvía a ser relevante entre los morritos. Lo más importante para esta banda de moribundos era el hecho de que sus discos de los setenta y ochenta siguieran sonando tan vigentes como el día de su lanzamiento, sin tener un sólo hit en las listas y muy pocos videoclips. Y pese a que luego de unos años, su repentino éxito masivo se fue desvaneciendo, el culto prevalece hasta estos días y es además es global.

En estas fechas se están cumpliendo 40 años del lanzamiento del Rocket To Russia (1977) un álbum de un año revolucionario para el rock, que consolidó a Ramones en la juventud europea y que cambió mi vida impulsándome a dedicarme a la música de alguna forma –aunque después me volviera un “godínez” sin consuelo–. Precisé de 32 minutos para darme cuenta que para mí, The Ramones era la mejor banda de rock que había existido en la historia, o tal vez no, pero eso era lo de menos. Me clavé tanto en su música, que durante mucho tiempo después escuchaba a otras bandas y me daban mucha hueva o no las aguantaba. Bauticé ese año como el año de Los Ramones y cada que ganaba un cinco lo invertía en un nuevo álbum de esa banda. Todos sus discos sonaban igual, con sus ligeras variaciones, como el Pleasant Dreams que es demasiado pulcro y fue producido por Phil Spector. Pero en ninguno hay desperdicio, cada etapa es una exaltación al rock de cuatro por cuatro.

Rocket to Russia llegó en el momento preciso de la fiebre punk. Justo cuando muchos estaban todavía ocupados con el rock progresivo y en el mundo se preparaban los Pistols y The Clash para escandalizar al planeta con sus respectivos debuts.

Para Ramones, la cosa no era tan complicada como pretender cambiar al mundo por medio de su música, sino para seguir siendo los mismos vagales que se divertían y decían cualquier cosa que les viniera a la mente en un mensaje claro. Ramones sonaba casi como una banda de surf de los sesenta, pero sin rostros bonitos, tocando sobre la ruina en el mundo, sobre la identidad citadina y el rechazo a una sociedad que los había llevado a la desesperanza. Nunca dramáticos, agudos y a veces melosos, pero siempre entretenidos.

Emblema del punk

Su portada es casi igual a la de su debut, porque simplemente no había una dirección artística que pudiera transformarlos en algo que no eran. Su imagen no era algo estudiado, era desprolija, desinteresada; todos eran sujetos raros representados por un vocalista de casi dos metros con un acento inglés peculiar y un cuerpo desproporcionado que lo hacían ver como un marciano, como “el compa” de tu barrio que no platica con nadie porque es taimado, pero que sabes que es tan duro como un méndigo roble y adicto al rock. Así, la portada del Rocket to Russia también captura bien ese momento de la historia en el que todo cambió de forma muy acelerada, sin grandes pretensiones. Hoy es un emblema de la música punk.

Las canciones del Rocket to Rusia fueron compuestas en 1975, año del debut de Ramones, quienes pensaron que, si no escribían la mayor cantidad de canciones posibles en ese contexto, su sonido sería distorsionado por ellos mismo o por la vibra del momento. Entonces, el disco fue lanzado hasta noviembre de 1977, con un respaldo ligero de marketing y plagado de canciones sencillas que eran muy “radiables” y también cortas. Y aunque provocó un enorme furor en la escena de Nueva York y la de Londres, había críticos que los detestaban, que los calificaban de poco más que mierda con chamarras de cuero. No, no fue una panacea y no tenía la dosis de virtuosismo del rock de la época, pero encausaba una nueva postura revoltosa que enfrentaba a los jóvenes con sus padres.

Rocket to Rusia es tan sencillo como encantador, tan provocador como un puñetazo en la cara. Es uno de los mejores discos de la historia del rock and roll y no tiene momentos para el aburrimiento, ni requintos, ni estructuras complejas, además de que tiene un cover “Surfin’ Bird “de The Trashmen mucho mejor que la versión original. Rocket to Russia, es sólo punk rock y probablemente el tótem que encabezó la más grande revolución musical de la década de los setenta. Los 31 minutos del Rocket to Russia transcurren como una vida vertiginosa, como una ráfaga de emoción que concluye en una muerte prematura. 1, 2, 3 ,4.

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