50 años de Les Luthiers

Cuando murió Daniel Rabinovich en agosto del 2015, los sobrevivientes de su grupo –Les Luthiers– se plantearon la continuidad como premisa inviolable: así lo habría querido Daniel, dijeron. El grupo de humoristas musicales ya andaba entonces cerca de sus 50 años de labor ininterrumpida –la fecha oficial de inicio del grupo es 1967, aunque hay algunos antecedentes previos–, con sus “instrumentos informales”, casi todos inventados y construidos por ellos mismos.

La continuidad sigue dando frutos: acaba de ser otorgado el prestigiado premio Princesa de Asturias en la categoría de Comunicación y Humanidades a Les Luthiers quienes ya habían sido nominados en muchas ocasiones y hasta hoy logran obtenerlo, venciendo a otros de la lista como –ni más ni menos– el cineasta Martin Scorcese. Carlos López Puccio, uno de los integrantes del grupo argentino, confesó al enterarse: “Lo que me da un poco de vergüenza es haberle ganado a Scorcese. Yo habría votado por él, si hubiera sido jurado”.

Carlos Núñez Cortés, otro miembro de la agrupación, decía con emoción incrédula: “¡Tenemos un premio que le dieron a Woody Allen y también lo ganaron Quino, Alfonsín y Baremboin!”. A la lista habría que añadir a la fotógrafa Annie Leibovitz y a las revistas científicas Nature y Science.

El premio, según sus estatutos, se otorga a quienes “contribuyan de manera extraordinaria y a nivel internacional, al progreso y bienestar social a través del cultivo y perfeccionamiento de las ciencias y disciplinas del conjunto de actividades humanísticas y en lo relacionado con los medios de comunicación social”.

Lo cierto es que –como también dijo López Puccio– este ha sido un premio al humor; aunque lo que ellos hacen es un híbrido que incluye de manera fundamental la música y también el teatro, la mímica y textos brillantes. En todo caso es un premio muy merecido –me parece a mí– que se otorga a quienes han derrochado creatividad e inteligencia a lo largo de más de medio siglo.

Yo recuerdo que los conocí siendo muy joven alguna vez que se presentaron en el Teatro Degollado, creo que a finales de la década de los 70. Me reí de sus ocurrencias, claro, pero lo que más me impactó fue la capacidad como músicos de todos los integrantes del grupo. Luego los fui conociendo más a través de sus discos y de pláticas con amigos que también los admiraban y me divertí muchísimo escuchando sus parodias a la música barroca, al bolero, al tango, la bossa nova y cuanto género musical caía en sus garras. Nunca más los volví a ver en escena, por desgracia, pero hoy gracias a YouTube y demás artilugios de la red es posible acceder a sus espectáculos y rutinas. Y volver a reír con ellos.

Ya muchos han dicho antes que el humor es cosa seria. Y hacer humor musical, si bien ha habido muchos exponentes de ello alrededor del mundo, no es nada fácil. En el caso de Les Luthier se combinan, además, muchos ingredientes: instrumentos originales (el chelo legüero, la manguelódica pneumática, el dactilófono, el tubófono silicónico cromático), buenos ejecutantes tanto de éstos como de otros instrumentos convencionales, grandes cantantes, actores competentes y excelentes guiones.

Hoy se reconoce su trayectoria pero ellos mismos, aunque agradecen el premio, también se lo toman con humor. Al recibir la notica, dijeron: “Ya nomás quedamos nosotros y los Rolling Stones. Pero nosotros lo hicimos sin agregados químicos…”

Alfredo Sánchez
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Músico // periodista // hombre de la radio

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