8M: México e India tan lejanos y tan parecidos en desigualdad de género

|Por Paulina Valdez|

Durante la entrega número 91 de los Premios Oscar se otorgó el reconocimiento a “Period. End of sentence” como mejor cortometraje documental. Probablemente lo que motivó al jurado a otorgarle la mayor presea de la pantalla grande, fue la capacidad de quienes se encuentran detrás de esta historia para plasmar tantas reflexiones en un producto audiovisual de escasos 26 minutos.

“Period. End of sentence” no es solamente un cortometraje sobre el tabú que hay en la India en torno a la menstruación, sino un llamado a poner nuestra atención en varios asuntos importantes:

Ser mujer

Ser mujer en la India no se reduce al particular hecho de tener vagina y por lo tanto a tener periodo. Ser mujer en ese país sigue siendo sinónimo de desigualdad. Ser mujer en la India es la probabilidad de que te casen con un hombre mayor cuando aún eres una niña, o de que tu rostro pueda quedar desfigurado por un violento ataque de ácido; eso sin considerar que muy probablemente ya hayas sido víctima de mutilación genital junto con otros 200 millones de niñas y mujeres en el mundo. Y todo esto si no es que en el peor –¿o mejor?– de los casos ser mujer signifique morir antes de nacer a causa de un aborto selectivo.

+ El acceso a derechos

En la India la menstruación es un tabú que ha traído consigo más allá de la necesidad de refugiarse en casa para no sufrir las incómodas implicaciones de sangrar por días enteros, sumadas claro a las restricciones que la cultura les ha impuesto como no poder entrar ni a la cocina. En los casos más extremos las mujeres de muchos países orientales ni siquiera tienen permitido dormir en su casa durante su periodo por ser consideradas como seres “impuros” especialmente durante esos 4 o 5 días, exponiéndose a las condiciones climáticas, mordeduras o ataques de animales, o incluso a violencia sexual. Pero más allá de ser un fenómeno cultural y de arraigo a las tradiciones que puede sorprender a muchos, es un tema que tiene que ver con el acceso a los derechos básicos para una vida digna.

A causa de los dogmas religiosos y del desconocimiento sobre este tema, el derecho a la salud de millones de niñas y mujeres se ha visto vulnerado históricamente. La pobreza y la ignorancia han derivado no solo en la exclusión sino en el riesgo latente de la vida por el uso de artículos antihigiénicos como telas, aserrín, e incluso cenizas, como medios para absorver el sangrado producto de la menstruación. Aunado a esto viene el difícil acceso a sanitarios y agua limpia, así como la imposibilidad económica para acceder a toallas sanitarias. Como consecuencia esto ha traído consigo una serie de infecciones y/o enfermedades que aumentan a su vez los índices de mortalidad de la población femenina.

Los niveles de ausentismo de las niñas y adolescentes que se encuentran en edad escolar no decrecen. Hasta el 28% de ellas falta al menos un día  a la escuela a causa de las implicaciones que tiene una menstruación sin acceso a compresas sanitarias y a baños limpios. Esta situación causa altos niveles de deserción escolar –hasta del 23%– que posteriormente trae consigo otras problemáticas de acceso a oportunidades y que reproducen la desigualdad.

+ La libertad para soñar

De acuerdo a un informe publicado por la Fundación Thompson Reuters, India fue el país más peligros para ser mujer en 2018 ¿Qué tanta libertad para soñar con un futuro distinto podrán tener las mujeres en este país?

El igual acceso a oportunidades para todos y para todas nos lanza más allá de la satisfacción de las necesidades básicas y nos abre a la posibilidad de soñar y construir nuestros propios proyectos para una vida más digna. La insistencia en el cumplimiento de nuestros derechos va más allá de lo que es evidente que necesitamos para (sobre)vivir; esta lucha incansable apuesta por el día en que todos y todas podamos tener la misma libertad para soñar.

Jamás imaginé que las toallas sanitarias fueran una herramienta tan poderosa para soñar y construir futuro. En la India menos del 15% de las mujeres pueden acceder a ellas.

Cuando leemos esta realidad podemos sentirnos ajenos al cine de Bollywood y un poco más cerca de Hollywood. Sin embargo, ser mujer en nuestro país también es un grave tema de desigualdad.

En México, ser mujer es la posibilidad de que contraigas matrimonio o vivas en concubinato cuando aún eres una niña, así como las más de 50,000 que lo hicieron antes de cumplir los 18 años, en 2010. Nunca tanto como en India, pero cada vez más, las mujeres de nuestro país, podemos ser víctimas de un ataque de ácido como Helena. No sin olvidar que ser mujer en México sigue siendo la probabilidad de morir, junto con otras 8 de nosotros, cada día, por el hecho de ser mujeres.

He aquí la insistencia por que nuestros periodos sean el inicio de nuevos enunciados sobre posibilidades para nosotras y para todos, en México, en la India, y en cada rincón del planeta.

Paulina Valdez

Es profesora.

Interesada en desigualdades y educación.

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