Agustín del Castillo, el periodista que va más allá de la periferia

Agustín del Castillo cuando salió de la redacción en su último día en Milenio Jalisco. Foto: Marco Aurelio Vargas

|| Agustín del Castillo recibe por tercera ocasión el Premio Jalisco de Periodismo. Esta ocasión lo hará ya fuera del periódico que fue su casa por muchos años

|Por Francisco Vázquez|

Las acciones y las anécdotas ayudan mucho más que los adjetivos para describir a una persona. En este caso, a un periodista. El día que Milenio Jaliscolo despidió, Agustín del Castillo puso en su muro de Facebook: “Agradezco el cobijo generoso de un proyecto en que he tenido el privilegio de desarrollar mis ideas y de encontrar eco a mis ideales…”. Así, con agradecimiento en un día que se habría justificado un exabrupto, dijo adios al diario en el que trabajó 21 años y dos meses.

Ahora una anécdota. Un año atrás, decenas de millenials lo conocieron porque mantuvo una agria discusión con el locutor radiofónico Gonzalo Oliveros en las redes sociales. La vehemencia mostrada por los contendientes supondría una enemistad de años. Pero no. O no en el caso de Agustín quien siempre ha mostrado gusto por debatir los temas públicos: desde los años noventa, el entonces joven reportero sostenía agudos intercambios epistolares con lectores en la sección de Correo. La Editora del periódico Siglo 21, Silvia Lailson, se reía: “¡Mira al Agustín, no se queda callado! Y además parece viejito citando a los clásicos”.

Con el reportaje “Región wixárika: la invasión de los señores de la amapola”, Agustín del Castillo Sandoval ganó el Premio Jalisco de Periodismo 2018. Es la tercera vez que lo obtiene (1996 y 2006, las ocasiones anteriores) en sus ya casi 30 años de ejercicio profesional; estos dos temas, el premio y su afán por bregar el camino de la noticia, son un buen pretexto para charlar en el café de la avenida Tolsa del que es asiduo desde hace más de 20 años.

“Extraño escribir”, dice a la pregunta sobre cómo cambió su vida tras dejar la redacción de un periódico por primera vez en su vida, “pero no extraño el ritmo que tenía en el diario últimamente, ese ritmo me parece perverso. Ayer hice grabación de los off (del programa Territorio Reportaje, en Canal 44) y a partir de la 1:00 estuve con mis hijas toda la tarde, cosa que el periódico no me dejaba hacer”.

Infancia es, o no es destino

Habla mucho y fuerte. Un día le escuché decir, medio en broma, que nacer en una familia de 16 hijos le hizo desarrollar estas características. “Había que levantar la voz para que te hicieran caso, si no te quedabas sin comer”. Niño precoz, a los 9 años leía Memorias de ultratumbade Francois-René de Chateaubriand, historias de la Primera y Segunda Guerra Mundial y a los 12 años, La Iliada.

-¿Cómo llegaste al periodismo?

-“Siempre me gustó la historia, pero mi padre me dijo te vas a morir de hambre (sonrisas), entonces qué estudiar donde pudiera conciliar mis intereses intelectuales… así llegué al periodismo y fue la mejor elección. Y aunque no lo creas, por desenvolvimiento personal porque en mi niñez no fui extrovertido. A mi mamá le preocupaba mucho, recuerdo que decía, ¡qué va a hacer este muchacho si ni siquiera se atreve a pedir una cosa! Te voy a contar una anécdota muy estúpida: el primer día de trabajo, el 2 de febrero de 1989, tenía que pedir una entrevista en la Secretaría de Salud y di como diez vueltas a la manzana porque no me atrevía a entrar. Algo absurdo”.

-Pero un día dijiste que por ser de familia numerosa aprendiste a hablar fuerte.

-“Las familias tradicionales, hacia adentro, son de mucha expresividad pero hacia afuera son muy cerradas. Entonces mi dificultad era la salida al mundo. Aparte era una crisis ideológica, de pensamiento respecto a cómo fui educado (Agustín nació en una familia conservadora y la licenciatura la estudió en la Universidad Autónoma de Guadalajara). Ciertos valores tradicionales en los que fui educado los puse en cuestionamiento desde el principio, y el periodismo me ha ayudado a enfrentar ese desafío: cómo pensar el mundo. El periodismo es una profesión que te obliga a escuchar, que te obliga a entender, a buscar los puntos opuestos; eso es valiosísimo en término de ética para una persona que fue educada bajo valores absolutos”.

-Y el oficio, ¿cómo lo adquiriste?

-“A los dos años de la carrera (Ciencias de la Comunicación) entré a una revista de la CTM que hoy llamaríamos pasquín. Se llamaba CeTeMe Jalisco. Hacía reportajes, el primero fue sobre SIDA y tuve una columna de opinión, una de mis primeras columnas fue sobre un ciclo de Tchaikovsky de la Filarmónica de Jalisco. Yo hacía reseñas semanales para que los obreros se ilustraran, ¡qué chistoso! En ese tiempo descubrí a Baudelaire, que es uno de mis grandes descubrimientos como lector. También escribí sobre los mitos griegos y mi lectura asombrada, a los 19 años, de Pedro Páramo, que me cautivó pero la leí tarde… Llegué tarde a muchas cosas (me bañé en el mar hasta los 21 años) y quizá eso explique que mi sentido de novedad, pese a que ya voy a llegar a los 50 años, sigue despierto. Será porque el periodismo ha sido un descubrimiento para mí y a muchas cosas he llegado por el periodismo”.

Uno de los aciertos del periódico Siglo 21, fundado en Guadalajara en 1991, fue la empatía que logró con los jóvenes y con la comunidad universitaria. La pública y las privadas. Después de su paso por CeTeMe Jaliscoy luego de una temporada en el diario Ocho Columnas, Del Castillo llegó a Siglo 21donde pronto se hizo fama entre sus compañeros por ser el reportero “del periférico para allá”, en referencia a su interés por los temas de la Primavera, Chapala, Huentitán, Manantlán, las comunidades nahuas y wixárika, el jaguar y el bosque de maple en Talpa. Posteriormente, los madereros indígenas de los bosques michoacanos, Cabo Pulmo en Baja California o los suspiros del Volcán de Fuego de Colima. Sus trabajos ambientales, de desarrollo urbano y rural le han permitido conocer todo el estado de Jalisco y conocer 26 estados del país.

-“Yo tuve el enorme privilegio que me ayudó gente de la Universidad de Guadalajara, ellos fueron mis alfabetizadores en el tema científico. A Sergio Graf lo conozco desde 1992, a Enrique Jardel, Eduardo Santana, Arturo Curiel Ballesteros, Miguel Magaña… Siglo 21 fue bien visto por mucha gente de la sociedad civil y eso me abrió un montón de puertas para escuchar a los académicos y a los ambientalistas. Para hacer todas las preguntas que había que hacer. Fue una lección que yo trato de transmitir a los jóvenes periodistas: hagan todas las preguntas. No hay preguntas estúpidas, no en el caso de un periodista. A veces tenemos dudas muy estúpidas justo porque no tenemos formación en ciencia dura, ni de política, sociología, economía. Pero a veces una pregunta estúpida provoca una reflexión de fondo.

“Te pongo un ejemplo que me encanta. Javier Alatorre (conductor de TV Azteca) le preguntó a Mario Vargas Llosa, ¿usted es feliz? Y Vargas Llosa dijo: felices solo los tontos. Creo que las personas que tenemos conocimiento de lo que ocurre en la tierra y de sus procesos, podemos aspirar válidamente a momentos de plenitud… Me gustó mucho la respuesta del escritor. A veces las preguntas tontas provocan buenas respuestas”.

Agustín regresa a su propia experiencia para ampliar su visión del periodismo. “Yo salgo de un entorno (conservador) y de un grupo (la UAG) que no es bien visto en parte de la sociedad, eso condiciona, pero yo siempre consideré que era necesario salir porque ahí no iba a tener las respuestas. Quizá por eso yo hablo mucho en contra de los prejuicios porque de algún modo estamos segmentados y todos somos víctimas del prejuicio de alguna manera. O en algún momento. Entonces es esencial que haya diálogo entre los grupos diversos para que realmente se genere algo”.

-¿Qué formación sugieres para los que inician en esto?

-“El periodismo nunca ha podido superar los problemas de formación. La mayoría de los estudiantes entran con ideas equivocadas de lo que es el periodismo, o entran para evadir otras cosas que para ellos son complicadas. Tendríamos que hacer un elogio de la complicación y de la dificultad, como dice (George) Steiner. La dificultad de hacer un relato en el cual entren tantas convergencias de tantos asuntos. Tendríamos que inspirar respeto en los que dicen querer ser periodistas (porque) ser periodista es muy complicado, tienes que leer mucho y además escribir bien.

“Yo digo que los periodistas debemos ser omnívoros. Tener una vocación de aprender un poco de todo. Ser capaces de contextualizar y problematizar un hecho. No para ser profundos como un filósofo, un sociólogo o un economista, sino que todas estas disciplinas te deben interesar para que cuando te des cuenta que la clave de la explicación de tu relato la tiene un economista o un sociólogo, vayas con él y sabrás qué preguntarle. Ya tendrás una intuición que está guiada por el conocimiento”.

La academia y el periodismo

Es un periodista reconocido: además de los Premio Jalisco ha ganado tres veces el Premio Nacional en Periodismo Ambiental (2006, 2010 y 2015); el Reconocimiento Nacional de Conservación de la Naturaleza (2005), el premio ambiental de la Fundación Reuter y la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (2008) y en Brasil la Beca Avina para Periodismo sobre Sostenibilidad (2008), entre otros.

Y el reconocimiento por parte de los lectores no es porque que le haya dado prestigio un gran trabajo (que los tiene en abundancia), sino por el seguimiento de los temas, lo que los provocó y las consecuencias que tendrán, por el contexto que aporta, la variedad de fuentes dando voz a “buenos” y “malos”. “El secreto del buen periodismo es el contexto”, precisa, “me parece que sin eso no estamos haciendo periodismo, sino sólo estamos reproduciendo mensajes. Reproducimos cosas interesadas de uno y otro bando”, agrega.

La lectura de su trabajo día a día a lo largo de más de 25 años, le dije hace poco, sería como la crónica del desastre ambiental en que hemos convertido el mundo y a la Zona Metropolitana de Guadalajara, en particular. “Hay otros periodistas ambientales”, se excusa siguiendo la broma.

En 30 años, los que Agustín está por cumplir en el medio, la zona metropolitana pasó de 25 mil a 75 mil hectáreas. Apenas en el decenios de los ochenta se comenzaron a formar las instituciones del medio ambiente en México y todavía ahora varios estados no cuentan con una secretaría. “Cuando empezó a tomarse conciencia ya veníamos tarde”, dice. No se piensa que proteger un bosque puede asegurar que una comunidad siempre tenga agua y pueda producir horticultura, ganadería, que tenga agua de buena calidad y no se enferme. Por el contrario, cada vez cuesta más traer el agua de más lejos y potabilizarla. “Al no integrarse a las cuentas económicas, el tema ambiental ha sido derrotado”, afirma.

“En el fondo somos hijos de la doctrina de la ideología del progreso y pensamos que la naturaleza siempre tendrá la capacidad para regenerarse. Seguimos viviendo en el corto plazo. (El gobernante dice) voy a haber qué hago en mis tres años de gobierno, después no me importa. Yo creo que estamos en una etapa infortunada, en la que influye la juventud de las instituciones ambientales y el no haber tenido el talento de interiorizar el problema. Ahí es una tarea que no cumplieron los científicos…”.

Este tema me interesa, en particular, y se lo comento. La barrera que suele existir entre academia y periodismo. O una relación que debiera ser más fructífera. Hasta ahora es escaso el trabajo conjunto entre academia y periodismo, como el sitio Animal Político con El Colegio de México.

“Les comentaba a unos humanistas hace unos días: si ustedes no logran interesar a los periodistas, si no se quitan esa capa de que los periodistas echan a perder mi discurso. Si no le entran a discutir los temas a través del periodismo, la gente no se va a enterar de que, por ejemplo, ustedes tienen una propuesta para el desarrollo urbano. Los académicos tienen un recelo brutal hacia los periodistas, y si lo tienen justificado, les digo, vayan a enseñarles. Hagan cursos para periodistas. Y nosotros estamos además en la peor etapa de la historia, a nosotros nos tocó que nos pagaban para ir a cursos. Ahora no te pagan nada”.

La charla se acorta. Agustín debe correr a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) donde está invitado a una mesa ambiental. Esa es otra de las cosas que son significativas en su trayectoria: sólo tiene una licenciatura pero los maestros y los doctores lo buscan (hace poco lo invitaron a platicar con alumnos de un doctorado de la UdeG). Las universidades lo invitan a diálogos (o conversatorios, como les llaman ahora). Un poco a modo de resumen, dice.

“El sector ambiental en México, sus primeras utopías, fueron las primeras áreas naturales protegidas. El planteamiento de hombre y biósfera que hizo la UNESCO en los años setenta, fue eso. Cómo hacemos para que en los lugares donde se resguarda la mayor diversidad biológica del planeta, pueda ser viable y que (además) la gente no se muera de hambre. Normalmente, la biodiversidad del planeta está entre la gente que se muere de hambre. Entonces ha sido una apuesta utópica, bastante válida porque nace de la propia naturaleza del territorio. Me parece que es más valida que un montón de experimentos políticos que se han hecho”.

Ahora el gran reto ambiental son las ciudades. El mundo se ha urbanizado. Ochenta por ciento de las emisiones de gases del efecto invernadero se genera en las metrópolis. “Las ciudades son la respuesta, no sólo el desafío al cambio climático. Las ciudades son una gran amenaza y son una gran oportunidad también”.

-Finalmente, ¿cómo tomas este premio?, ¿Qué significa recibirlo en este momento de tu vida?

-“Me sirve como un relanzamiento de mi carrera”.

Después de 30 años de ser reportero, sin ninguna ambición de llegar a ser editor ni directivo. Simplemente reportero. De decirle no al “tentador” puesto de jefe de Comunicación de una Secretaría de Estado federal ambiental a principios del 2000. A los 49 años y ya fuera de un periódico, Agustín del Castillo ve la necesidad de resetearse. Lo que eso signifique.

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