Al pan, pan y al ‘bimbo, bimbo’

|Por Juan José Doñán|

Hay cosas que parecen buenas y no lo son, o al menos no lo son tanto. Ése es el caso de la reciente apertura del Conjunto de Artes Escénicas (CAE) de la Universidad de Guadalajara, construido con dinero de los contribuyentes e inaugurado apenas el sábado de la semana pasada.

De entrada, alguien podría decir que esto es bueno porque se ha venido a ampliar la infraestructura cultural en la ZMG. La pregunta sería: ¿y para presentar qué? ¿Acaso el mismo tipo de espectáculos que se suelen ver en el teatro Diana, propiedad también de la UdeG, y donde en sus 12 años de existencia lo que ha prevalecido es la estética Televisa?

La sala mayor del conjunto, con una capacidad para 1,800 personas, fue bautizada con el nombre de Placido Domingo, quien vino a participar en su apertura, acompañado por algunos de los ganadores y finalistas de Operalia, un concurso de canto que creó hace tres décadas el mencionado tenor español, quien en buena medida se formó en nuestro país.

Más allá del desbordado entusiasmo de algunos esnobs y villamelones de la música clásica y de la ópera, muchos de los cuales asistieron como “invitados especiales” a la apertura, para los estándares internacionales la calidad de lo visto y oído fue de lo muy medianito para abajo, con una presunta “gala” de ópera y zarzuela, a base de lugares comunes, con intérpretes modestos y entre los cuales no se distinguió ni siquiera el propio Placido Domingo que, aun cuando desde hace ya un par de décadas no figura como cantante en activo en la cartelera de ninguno de los grandes teatros de ópera del circuito internacional, se niega al retiro, no obstante sus sobrados 83 años de edad, según el documentado Diccionario de intérpretes y de la interpretación musical, de Alain Paris, el cual consigna que Domingo nació en Madrid el 21 de enero de 1934.

Y el otrora cotizado tenor, en lugar de haber anunciado su retiro desde hace años, ha optado por emprender, aunque sin éxito, la carrera de director de orquesta, específicamente de director concertador, así como de promotor operístico y de cantante ocasional, con frecuencia en una tesitura distinta (la de barítono), valiéndose ya del micrófono como sucedió varias veces la noche del sábado de la semana pasada, en la inauguración del CAE. Y cuando un cantante de ópera necesita que su voz sea amplificada, no son buenas noticias, pues significa dos cosas: o que el cantante requiere micrófono porque su voz no es capaz de llenar la sala, o bien que ésta no cuenta con una buena acústica.

En resumidas cuentas y contra lo dicho por la propaganda inaugural del CAE, la apertura de éste no se hizo con un elenco de clase mundial, sino con un cantante de renombre internacional muy venido a menos en las últimas décadas y con voces jóvenes que todavía no son nadie en el mundo de la ópera, fuera de haber participado en el concurso creado y organizado por Placido Domingo.

Tampoco le agregó nada notable a esa presunta “gala” de ópera y zarzuela, la Orquesta Filarmónica de Jalisco, que de “jalisciense” sólo tiene el nombre, pues desde hace un par de años está integrada mayoritariamente por músicos foráneos, de los cuales al menos tres cuartas partes son extranjeros, entre quienes predomina un numeroso grupo de venezolanos.

Este hecho podría ser interpretado de dos formas: la primera de ellas sería que, en opinión de quienes en este sexenio regentean a la sinfónica de la comarca, comenzando por su director titular, el ítalo canadiense Marco Parisotto, la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara no produce ni siquiera un mínimo buenos instrumentistas y por ello debe recurrirse masivamente a atrilistas foráneos.

La segunda interpretación sería que el director Parisotto –que ha llegado al extremo de incorporar a la nómina de la orquesta a su propia esposa y ambos cobran en dólares– tiene una opción preferencial por instrumentistas extranjeros y que tanto el patronato de la orquesta como la secretaria de Cultura de Jalisco, Myriam Vachez, le permiten tal capricho al señor Parisotto.

Éste, contra la aventurada afirmación de un editorialista de El Informador (Diego Petersen), cuya autoridad en materia musical, particularmente de música clásica, es nula, está muy lejos de ser “un gran director”.

Tampoco la Filarmónica de Jalisco es “la mejor orquesta de México”, como se atrevió a decir el propio Petersen ni una de las mejores de América Latina. Ésas son fantasías que han propalado voceros del patronato de la OFJ y del círculo del señor Parisotto.

Para varios de los verdaderos conocedores de la vida musical mexicana, el ensamble más completo de nuestro país es la Orquesta Sinfónica del Estado de México que, junto con su director titular (Enrique Bátiz), ha hecho grabaciones integrales para prestigiosos sellos fonográficas internacionales de la obra orquestal de compositores como Georges Bizet, Piotr Illich Tchaikovsky, Joaquín Turina, Rodolfo Halffter y de compositores mexicanos como Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, Manuel M. Ponce, José Pablo Moncayo…, algo de lo que, por cierto, no pueden presumir ni la venezolana Orquesta Filarmónica de Jalisco ni su director Marco Parisotto ni los entusiastas de ambos.

Por lo pronto y volviendo a lo dicho al principio, el Conjunto de Artes Escénicas de la UdeG tuvo un bautizo con una forzada “gala” de ópera y zarzuela, que no sobrepasó los estándares de la medianía artística, con un cantante en declive (Plácido Domingo), que desde hace tiempo vive de los réditos de su pasado y ante una audiencia sui generis, muy distinta de la que se suele ver habitualmente en el Degollado, integrada en buena medida con muchos “invitados especiales”, que no son verdaderos melómanos, sino funcionarios públicos, representantes de nuestra fauna política, directivos de medios de comunicación (tanto de Guadalajara como de la capital del país), líderes empresariales y anexas.

¿No estará siendo hora ya de llamar a las cosas por su nombre: al pan, pan y al bimbo, bimbo? ¿O habrá que seguir optando por lo que dice la canción de Armando Domínguez: “Miénteme más,/ que me hace tu maldad/ feliz”?

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