Algunas históricas portadas de discos de rock

|Por Beto Sigala|

El arte de los discos palideció con el auge de los formatos digitales. En el furor, los consumidores de discos desvirtuaron la importancia de una buena portada, sustituyéndola por el contenido de la música y desdeñando el interés de poseer y coleccionar música en físico. La tendencia sigue y seguirá mientras siga evolucionando el streaming de música. Pero, casi nadie anticipó el embate de la nostalgia y el regreso pulsante de los vinilos y casetes como una moda reciente que recupera lo hermoso de oler y reproducir un disco de acetato, sentir su textura y mirar a detalle su portada o solamente por el sonido que se recrea al reproducir una cinta.

La portada entonces, volvió a ser un objeto de cuidado, de esfuerzo que no habíamos apreciado tanto, desde que dejamos de comprar CD’s y los reemplazamos por los jodidos MP3. Me puse a pensar en esto por un libro que apareció en mi camino recientemente.

Se trata de una recopilación sesuda por parte Barry miles, Grant Scott y Johnny Morgan quienes se dieron a la tarea de reunir historias y momentos de 254 portadas que han trascendido a las estanterías de los discos y han sido atesoradas como fetiches, ya sea por su propuesta, o su innovación o tan sólo por el peso de su simbolismo como objetos del culto a la música desde la década de los cincuenta hasta estos días de levedad e indulgencia.

Hay tanto qué ver y disfrutar en “Las más grandes portadas de álbumes de todos los tiempos”, que se pueden pasar horas ojeando sus páginas, mirando su contenido que es como un almanaque que se va desgranando en el tiempo con grandeza. Desde Frank Sinatra, pasando por increíbles portadas del cool jazz, la primera era del rock con Presley, hasta la psicodelia excesiva de Cream o la psicología concienzuda de Pink Floyd con Atom Heart Mother y Dark Side Of The Moon; cada composición nos transporta a tiempos remotos en los que los artistas creaban monumentos musicales y usaban las portadas como la primer ventana para acceder a sus mundos.

Escogí cinco portadas de este libro que me gustan mucho, sólo por escoger, porque exceptuando un sobrio e intrascendente diseño de Beyoncé del 2013, todas tienen porciones de genialidad en su construcción, a veces premeditada y en otras ocasiones dejándole a la fortuna su impacto.

David Bowie – Aladdin Sane. 1972 Duffy y Celia Philo

En realidad el título del álbum es una referencia a la esquizofrenia de Bowie y en inglés suena igual a  “muy loco”. La foto de Bowie con los ojos cerrados y la electricidad en su rostro, sugieren una carga de voltaje peligrosa, además ahora es la imagen más reverenciada del “Camaleón”. Su impresión no era posible en el Reino Unido por eso fue enviada a Suiza, un lugar en donde se podía materializar esa portada con un proceso de siete colores. El inicio del glam-rock tuvo mucho que ver con esta imagen, que ahora es tan icónica como una pieza de arte religioso.

Bowie

Sex Pistols – Nevermind The Bollocks Here’s The Sex Pistols. 1977. Jaime Reed

El diseñador de esta portada veía al punk como un movimiento artístico que había estado en el mundo durante casi cien años, con fundamentos en el dadaísmo y el surrealismo. Entonces, Jamie Reid sugirió colores chillantes y diferentes tipografías que chocaran entre sí. Quizás los Pistols, que no se podían sostener durante mucho tiempo, definieron la actitud del punk a partir de este momento, pero el trabajo gráfico de Reed le dio finalmente un símbolo visual al punk que en Estados Unidos no se había logrado. Esta portada encapsula la esencia de los fanzines y la nueva y creciente cultura urbana antiestética que vino con la fiebre punk de los setenta. (Yo tenía una playera con esta portada y no sé dónde la dejé.)

Sex Pistols

The Cure – Three Imaginary Boys. 1979. Bill Smith

En 1979, The Cure sólo era una banda pujante de la escena post punk de Inglaterra, todavía algo colorida y sonando mucho a punk. Este disco es atípico a este grupo que todavía no llegaba al estilo que los hizo populares en todo el mundo, pero eso no evitó que con el tiempo, Three Imaginary Boys se aferrara a muchas colecciones de discos y sobrevivan temas de mucho culto como “Saturday Night”. La portada del disco fue un capricho de Chris Parry, el ejecutivo de la disquera A&R que firmó a la banda. Él tuvo  esta idea rara de representar a los miembros de The Cure con tres objetos caseros y tal vez anticipando que con el tiempo Robert Smith se iba a poner grueso como un refrigerador. La banda odió la idea desde el inicio, pero tuvieron que ceñirse a la foto con un fondo rosa que ahora es una de las portadas más memorables del rock Inglés.

The Cure

PIL – Metal Box. 1979. Dennis Morris

Después de la implosión de los Sex Pistols, Johnny Lydon tuvo que dejar el nihilismo para crear algo que tuviera más peso en la música que en el desmadre. PIL fue su continuación como vocalista en un proyecto que sintetizaba lo mejor del punk, del dub y del new wave. Esta banda nunca logró el escándalo mediático, pero  se hizo un estandarte de la innovación que continuó en los ochentas y que prosigue hasta estos días en que sus miembros son unos ancianos. La portada del Metal Box es una increíble pieza de arte popular, sencilla y directa. A Dennis Morris se le ocurrió crear un diseño con las siglas la banda como si fuese un disco de metal, luego, los implicados llegaron a la idea de meterlo en un empaque metálico. El disco fue bautizado así, gracias a su portada. Los que lo poseen no sólo tienen la música de PIL, tienen además un objeto del deseo entre los coleccionistas.

PIL

Joy Division – Unknown Pleasures. 1979. Peter Saville

Si hay una portada de disco más famosa que su música, es esta. Recientemente, la atención por Joy Division creció en la cultura popular y ha sido referenciada en muchas series y películas. Algunos artistas del pop más oligofrénico consideraron que era “cool” usar playeras con la portada del Unknown Pleasures, aunque no supieran ni qué pedo con la música de Joy Division. La impresión de la señal en ondas de una estrella volviéndose una nova, ha sido reproducida una y otra vez por interesados en la música oscura y por otros muchos que le entraron a la tendencia por subirse al barco de la moda. Quizás si Ian Curtis viviera, se volvería a colgar, antes de ver a Rihanna vistiendo ese diseño. Así de caprichoso es el mundo de la música y esa portada en específico conjunta una muy buena idea con un suceso impredecible. El creador de la portada propuso esto luego de unos minutos de escuchar el disco. Él sabía que Joy Division sería algo muy grande para mucha gente.

Joy Division

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