Año nuevo, problemas viejos

Pablo Lemus
Foto: cortesía

|Por Juan José Doñán|

En el ánimo de muchos habitantes de esta parte del mundo el impredecible año nuevo comienza con la esperanza de que sea mejor que el recién despedido 2018 y, si no, que por lo menos las cosas no vayan a empeorar.

Las casi debutantes autoridades federales y locales heredaron –en algunos casos de sí mismas como los alcaldes que se reeligieron y de otros funcionarios que se cayeron para arriba– una serie de problemas de gran calado, cuya gravedad no tenía por qué disminuir con el cambio de administración ni aminorar con la llegada del nuevo año.

Tanto en la contaminada capital tapatía como en el resto del estado, el hampa nuestra de cada día (lo mismo el crimen organizado que la delincuencia ordinaria) han acabado convirtiendo a Jalisco en una de las entidades más inseguras del país.

Y de ello no sólo son responsables los funcionarios que ya se fueron, comenzando por el exgobernador Aristóteles Sandoval, sino muchos otros que siguen en la liza y quienes una y otra vez se vieron y se siguen viendo rebasados (muy rebasados) por maleantes de toda laya.

Ése es el caso, por ejemplo, del ahora gobernador Enrique Alfaro y de alcaldes que sacaron reintegro (como el zapopano Pablo Lemus y la tlaquepaquense María Elena Limón), quienes durante el pasado trienio no entregaron buenas cuentas en materia de seguridad pública al frente de los municipios centrales de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

E, infortunadamente, tampoco han logrado que las cosas cambien para bien, en lo que va del nuevo ciclo gubernamental, de suerte que los susodichos y demás funcionarios reciclados reciben el año nuevo con viejos problemas, con problemas que no sólo no pudieron resolver en su momento, sino que muy penosamente vieron cómo esos problemas se les complicaron, por lo que ahora tienen la obligación aumentada de enmendar las cosas y de tratar de superarse a sí mismos en su condición de precarios “servidores públicos”, de quienes lo menos que se puede decir es que han quedado en deuda con sus gobernados.

Pero la precaria seguridad pública no es el único pasivo de nuestras nuevas autoridades (recicladas y de repuesto), pues la lista de pendientes es más larga y complicada que el trágico Rosario de Amozoc.

En esa relación de rezagos y pendientes hay que incluir el obsoleto transporte público citadino; la creciente contaminación ambiental; el cada día más deficitario suministro de agua potable; la falta de empleos bien remunerados; el despoblamiento de la zona céntrica de Guadalajara; el anómalo desarrollo urbano y un extenso etcétera.

Y entre otros problemas viejos que, con diversos agravantes, vuelven a estar presentes en el calendario 2019, sobresale el caso de la Línea 3 del Tren Ligero que, según el cronograma inicial, debió ser inaugurada en el primer semestre de 2107, pero que por fallas en su construcción, por el encarecimiento en el costo de la obra e imprevistos de última hora, con suerte –y siempre y cuando se disponga de los más de 1,600 millones de pesos que hacen falta para concluirla–, dicha obra se estaría inaugurando en un lapso de al menos doce meses, lo que significa un retraso de tres años y un desorbitado incremento en el costo de la obra.

Dicho incremento es ya tan descomunal que de los 17 mil millones de pesos presupuestados inicialmente, ahora se calcula que acabará superando 31 mil millones en la misma moneda nacional, es decir, que su encarecimiento sería del orden del 90 por ciento.

 

Aparte de ello, esta obra ha venido a cambiar para mal la fisonomía de buena parte de la ciudad. Y ello porque quienes la proyectaron (autoridades y técnicos de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte) discurrieron que, salvo el tramo que atraviesa por la zona más céntrica de Guadalajara, el resto del recorrido de más de 21 kilómetros fuese por una vía elevada, la cual tiene algo más que un impacto negativo en la imagen urbana de la ciudad.

Ese impacto negativo también incluye daños a inmuebles patrimoniales, a casas habitación y a la gran cantidad de negocios que se encuentran o se encontraban a lo largo del corredor de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano, la cual atraviesa los municipios de Zapopan, Guadalajara y Tlaquepaque.

Otra obra que tampoco pareciera tener para cuando verse terminada es el excesivamente encementado Paseo Alcalde –ya grafiteado, por cierto–, cuyo retraso en buena medida va en paralelo con el de la mencionada Línea 3 del Tren Ligero.

Y los referidos hasta aquí son sólo algunos de los rezagos, pendientes y problemas con los que deberán seguir lidiando los habitantes de esta parte del mundo, problemas, pendientes y rezagos con los que tendrán que medirse, a la de “¡ya!”, las nuevas y no tan nuevas autoridades de la comarca y del país.

¡Que tengan un venturoso 2019!

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