El ‘antídoto’ se llama periodismo

Sepa la bola

A dos los quemaron vivos. Creyeron que eran secuestradores de menores y que merecían un castigo ejemplar impartido por su justicia. La autoridad municipal no metió las manos cuando vio a la horda hambrienta de castigar a los presuntos “robachicos” en Acatlán de Osorio, Puebla.

La muchedumbre los sacó de la oscura celda y los arrastró hasta la plaza pública. Los golpearon y barnizaron con gasolina. Les prendieron fuego y mientras se retorcían como lombrices en limón, la ciudadanía “responsable” los videogrababan con sus celulares. A la madre del más joven le llegó por redes sociales el material; ella les dijo que su hijo no era un maleante. No le creyeron. Al final aplaudieron y ovacionaron el “ejemplar” castigo.

Al día siguiente se supo que ni eran culpables, ni eran “robachicos”, ni metieron las manos por ellos la policía municipal, ni abogaron por ellos; del debido proceso ni hablamos. Lo que sí se dio a conocer es que fueron los rumores difundidos en redes sociales los que encendieron el interruptor punitivo de la gente sedienta de certidumbre en un país con instituciones cuestionables.

A menos de 24 horas de esta tragedia, en Tula, Hidalgo, sucedió lo mismo. Ahora las víctimas fueron una pareja: un hombre y una mujer. Un rumor llegó a los ojos y oídos de los pobladores e inició la persecución: que les quede claro, aquí nadie se roba a los niños. Luego les confirmaron que no, que no eran secuestradores.

En Jalisco, durante los últimos meses de manera intermitente los ciudadanos virtuales han difundido en WhatsApp audios y mensajes sobre robo de menores en plazas comerciales. Mentiras, pues. Las autoridades han negado en varias ocasiones la información falsa y los medios han replicado las aclaraciones.

¿Qué nos sucede? ¿Qué tiempos estamos viviendo? Es la epidemia de la posverdad, como lo califica Ricardo Raphael en su libro Periodismo Urgente (Ariel e INAI, 2017). En uno de sus párrafos explica, con una metáfora, que esta enfermedad provoca que las pasiones más bajas se coloquen por encima de las razones. No obstante, el escritor sitúa al periodismo como un antídoto para enfrentar el relativismo y la posverdad.

En tiempos en los que los medios de comunicación incitan a la incertidumbre laboral de los periodistas por el contexto de transición, el periodismo urgente debe resistir ante los embates del descrédito en redes sociales y la supuesta carencia de sentido de esta profesión.

Son los periodistas quienes desde la innovación, compromiso social y rigor en la investigación pueden rescatarnos de las fake news; del linchamiento virtual y tangible.

Julio González
Acerca de Julio González 108 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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