Aquí siempre encontrarás un amigo

En julio de 2016 el mundo decidió olvidar que el Pacífico escupió los cuerpos de tres niños, de unos 10 años de edad, en las costas de Chiapas.

Los niños, dos hondureños y un salvadoreño viajaban en una lancha junto con sus padres y uno de los cientos traficantes de las personas que deciden emprender el tortuoso camino a Estados Unidos a través de México.

La mayoría de los mexicanos –y el resto de la Tierra– se olvidó pronto del hecho.

Quizá porque las costas de Chiapas están aquí, cerquita, pero el Internet las lleva más lejos que la tragedia siria. Tal vez fue que en el sur de México no hay por ahora fotógrafos tan magnum, que pueden lograr esas composiciones sublimes y artísticas del horror a las que estamos acostumbrados. A lo mejor, tres pequeños cuerpos escondidos bajo el velo de una bolsa negra no son tan memorables como un cuerpo con rostro.

También cabe la posibilidad de que los niños centroamericanos valgan; nada ya no para el resto, no del mundo, sino de América y de México.

Alguien puede pensar que así es la vida, que el océano es implacable.

Es un consuelo, para no decir que hay paisanos que no tienen moral.

Otros migrantes en tránsito morirán aquí asfixiados en camiones de carga, abandonados en los desiertos del norte, secuestrados y torturados por mexicanos.

El viernes pasado, durante una charla sobre economía social que organizó el ITESO, el ex canciller de Nicaragua, Norman Caldera, reclamó que el muro más grande del continente está entre Guatemala y Estados Unidos, en referencia a los casi tres mil kilómetros que separan a la frontera sur y la frontera norte mexicanas y a las vejaciones que sufren los ciudadanos sobre todo de Honduras, El Salvador y Nicaragua, cuando intentan sortearlo.

Sin haberse puesto de acuerdo con Norman, el martes pasado, en un foro sobre migración en el ITESO, el coordinador del Proyecto Frontera Comalapa, Chiapas, del Servicio Jesuita a Migrantes, José Luis González, mostró dos fotografías que nos dejaron helados. En una, los protagonistas son migrantes en tránsito con el estómago marcado con hierros para marcar granado. Otra es un una barda de la desconocidísima comunidad Vicente Camolote, en Acatlán, Oaxaca, que en una de sus bardas advierte: “Amigo migrante, te informamos que tienes prohibido quedarte en esta población, así como circular por sus calles en busca de ayuda, por lo que debes seguir tu camino. Evita ser deportado. Atentamente: pueblo en general”. Nosotros siempre tan amistosos.

Y en la práctica, mucho, mucho más xenófonos y violentos que Trump y sus secuaces.

Vanesa Robles
Acerca de Vanesa Robles 11 Artículos
Soy Vanesa Robles // La casualidad me hizo nacer en Guadalajara, México // La vida me hizo periodista, y la elección me hizo pobre y feliz.

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