Beisbol, Melville y dilemas de traducción

En estos días en que el rey de los deportes es tema de actualidad en la ciudad, se pude recordar un libro que nos habla de beisbol y muchas cosas más. En estos términos, tras un proceso de “casi diez años” de trabajo, se publicó la primera novela del autor estadunidense Chad Harbach, se convirtió en un suceso en su país y llegó a nuestras librerías hace pocos años, como El arte de la defensa (Salamandra, 2013), en una deficiente traducción que sin embargo rescata con fidelidad una trama en la que coinciden los destinos de cinco personajes en una universidad norteamericana del medio oeste, aunque también relaciona de forma atractiva el beisbol con Herman Melville y su obra.

Para comenzar, en The art of fielding –título original de la novela que, al ser leída, quien sepa algo de beisbol entenderá la injusta e innecesaria “amplitud” de la traducción– se cuentan varias historias, aunque sobresalga la del jugador Henry Skrimshander, quien llega a la universidad gracias a sus inusuales habilidades con el guante y entra en contacto con un mundo “nuevo” que lo obligará a varias transformaciones físicas y de carácter; en este cosmos sobresalen su compañero de cuarto, Owen Dunne, y el receptor del equipo universitario (llamado “Los arponeros”, en honor a ya imaginan quién), Mike Schwartz, a los que se unen el rector de la institución, Guert Affenlight (especialista en Moby Dick), y su hija, Pella.

Ahora, si bien el libro está narrado de modo “impecable” –para coincidir con Rodrigo Fresán–, esto es porque las líneas generales de la historia no se ven afectadas por la versión en español y, después de todo, Harbach tiene, como una de sus mayores virtudes narrativas, construir personajes sólidos que, en su sencillez, manifiestan complejidades psicológicas de alto calibre, con todo y que los diálogos sean de naturaleza simple (pero efectiva).

Así, estas más de 500 páginas fueron ya celebradas en los Estados Unidos por escritores tan distintos como John Irving o Jonathan Franzen, y no cabe duda que, sin ser propiamente una “baseball novel”, el personaje que desencadena el desarrollo de la historia no puede apreciarse en plenitud sin un conocimiento básico de la dinámica del juego y su importancia cultural en el vecino país; es por eso que la traducción (de Isabel Ferrer) opera, muchas veces, en un sentido perjudicial, porque la relación que establece Skrimshander con su posición en el campo y la naturaleza del “error” en la dinámica de juego tienen un carácter cercano al trascendentalismo y, además, detonan lo que será el punto de inflexión en la narración.

Considerado como uno de los mejores 10 libros en los Estados Unidos durante 2011, The art of fieldingno deja de ser una novela muy eficaz, de lectura agradable y una compostura que casi roza la corrección política (no en balde los derechos audiovisuales fueron adquiridos rápidamente por la cadena HBO); con todo, puede convertirse también en una tortura para quien conozca del deporte en cuestión, puesto que la terminología muy pocas veces es la adecuada (decir “quedó fuera por strikes” es limitarse a una versión literal del simple “ponche”, pero se sabe que el “traslado” es al español ibérico).

Finalmente, es en un espectro general que la historia llega a ser conmovedora y consigue mostrar a través de sus personajes las complejidades que puede asumir un proceso particular de búsqueda de identidad, en especial cuando alguien se ve sometido a las consecuencias de un suceso trascendente en la vida para el cual no existen previsiones. Puede decirse que, a pesar de los inconvenientes, The art of fieldinges un libro que se disfruta sin problemas.

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