El Bronco que aún relincha

|Por Pavlog|

Bronco está de vuelta y no tiene nada que ver con el gobernador de Nuevo León. Nunca imaginé que algún día cotorrearía con Lupe Esparza, pero ese momento llegó hace semanas cuando tuve la oportunidad de platicar con la banda. Hablamos sobre su nuevo álbum, su presentación en el Vive Latino y lo que que representan para la cultura mexicana. Humildes, relajados y contentos, conscientes del reto que tienen para ganarse a las nuevas generaciones y emocionados por entrarle a un mercado revolucionado, donde –con un “Siempre en Domingo” extinto– lo digital predomina.

La banda tiene sus bajas pero sigue apegada a sus raíces. Regresaron con un álbum en vivo, titulado Primera Fila, en el que don Lupe y Ramiro (miembros originales) suman integrantes, incluyendo a los hijos del vocalista. El disco es un paseo por sus éxitos y colaboraciones, en él se escucha a los Tigres del Norte, la Sonora Dinamita, la Sonora Santanera, Pepe Aguilar, Los Ángeles Azules y Los Ángeles Negros; Bronco utilizó una fórmula que tiene el éxito comprobado, e invitó a artistas que son ajenos a su género; propuestas “alternativas” como es el caso de Illya Kuryaki and The Valderramas –para crear una nueva versión de “Sergio el Bailador” con “Coolo”–, León Larregui y otras más poperas como Julieta Venegas y Cristian Castro.

Hoy escribo sobre Bronco porque ignorar este fenómeno kitsch que existe en nuestro país es imposible. Nos gusta jugar con la nostalgia pero también identificarnos con la música que nos da penita cantar o bailar en público. “Bronco bien, Cristian Castro mal”, es lo que piensan algunos. La cumbia ha logrado estar de moda en todas las clases sociales –a diferencia del norteño, que sigue cargando con prejuicios– pero estos esfuerzos además de generar mucho dinero también sacuden los gustos musicales, sobre todo de los jóvenes.

La cumbia es un pasillo que existe entre el rock y los sonidos latinos. Caifanes, Molotov, Café Tacvba le entraron bien, pero… ¿Zoé, se lo habían imaginado? De nueva cuenta las barreras desaparecen, tal vez en una sola canción como “Que no quede huella”, pero este es un ejemplo que podría trasladarse a otros ámbitos de nuestro país. Recuerdo que cuando niño escuchar a Bronco, Los Temerarios o Los Bukis tenía una fuerte carga; representaba a una clase social, no sé si era mi visión opaca, sesgada o si en realidad era un idea que predominaba en cualquier casa, me hace pensar en la frase ser naco es chido. Y lo es.

Escuchar el Primera fila de Bronco te hace recordar, revivir. Es un viaje al pasado, te lleva 20 o 25 años atrás y también te hace entender tantas cosas que suceden hoy, como puede ser el sonidero y la cantidad de lugares o bandas que mezclan géneros influenciados por bandas como ésta.

Al disco le irá bien, específicamente en el tema de las presentaciones en vivo, Bronco explotará su gira y llegará el día que pueda verlos en directo. Este caballo sigue relinchando, escúchalo.

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