“Buen gobierno”

|Por Juan José Doñán|

En su más reciente visita a Jalisco, el viernes de la semana antepasada, visita que comenzó en la V Zona Militar de Zapopan, donde en esa ocasión tuvo lugar su habitual conferencia de prensa mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador elogió inesperadamente al gobernador Enrique Alfaro, quien esa mañana lo acompañó en su encuentro con los chicos de la prensa.

La frase elogiosa al gobernador de Jalisco surgió luego de que un reportero le preguntara al presidente de la república por el caso del empresario que el pasado 26 de febrero invitó –o al menos acompañó– al gobernador Enrique Alfaro a un juego de basquetbol de la NBA, en Los Ángeles, California, poco después de haber obtenido un contrato por más de 3,600 millones de pesos por la renta de maquinaria al gobierno de Jalisco, en una licitación que desde entonces ha venido siendo muy cuestionada.

El primer mandatario del país optó por eludir el sentido frontal de la pregunta del reportero y, muy a la torera, se limitó a decir texturalmente, sin llamar por su nombre a Enrique Alfaro: “Yo creo que se tiene un buen gobernador en Jalisco. Y ya no me meto en más”.

Este gesto amigable podría ser entendido como que, por ahora, las relaciones entre AMLO y Alfaro pasan por una etapa de distención, después de los no pocos momentos de crispación que han distanciado repetidas veces a ambos funcionarios. Y es que, a lo largo de más de dos sexenios, estos personajes han mantenido una curiosa relación (que alguien podría calificar de bipolar), la cual ha ido del desdén y los reclamos al encomio y los apapachos, pasando por los denuestos y hasta los calificativos hirientes como aquello de “traidorzuelo”, epíteto con el que López Obrador se refirió a Enrique Alfaro durante la campaña electoral del año pasado.

Y aparte de ello, está otro hecho que no debería pasarse por alto: que no le toca al presidente de la república decir si la todavía incipiente gestión gubernamental de Enrique Alfaro (con apenas cuatro meses en el cargo) ha sido buena, mala o regular…

Pues las personas indicadas para calificar el desempeño tanto del gobernador como de los funcionarios estatales que lo acompañan son o deberían ser las directamente afectadas (para bien o para mal) por el gobierno que Enrique Alfaro encabeza desde el pasado 6 de diciembre, y que no son otros que los jaliscienses.

Son éstos –y no el señor que despacha en la primera oficina del Palacio Nacional– quienes pueden decir, con todo conocimiento de causa, qué cosas ha hecho bien hasta ahora el nuevo inquilino de Casa Jalisco y cuáles otras han dejado mucho que desear o han sido evidentes yerros del susodicho.

Así, por ejemplo, lo importante no es lo que pueda pensar el presidente de la república del préstamo por 5,250 millones de pesos que acaba de solicitar el gobierno de Enrique Alfaro y que fue aprobado por la mayoría de diputados locales, sino lo que piensan los jaliscienses de que su gobernador haya decidido endeudarlos con la contratación de un oneroso crédito, por el cual hombres y mujeres de esta comarca estarán pagando todavía dentro dos décadas, es decir, cuando el actual gobernador y muchos de sus colaboradores y colaboradoras tal vez ya sean cadáveres políticos o cadáveres a secas.

Así que mal haría el gobernador Enrique Alfaro en tomar en serio la frase elogiosa del presidente de la república, con palabras dichas sólo de dientes afuera, nada más para cumplir con la obligación de no ser un mal huésped, es decir, para no ser descortés con su anfitrión; máxime cuando en el pasado reciente, López Obrador no se la ha pensado mucho para colgarle diversos epítetos ofensivos a quien hoy funge como la primera autoridad de Jalisco.

Por lo demás, la obligación del primer mandatario estatal y del equipo que lo acompaña en la tarea de servir a los jaliscienses no es la de complacer al presidente de la república, sino atender los numerosos rezagos, necesidades y también los reclamos de quienes habitan en los 125 municipios del estado, así como atender los señalamientos que aparecen en los medios de comunicación, con los cuales, por cierto, Enrique Alfaro ha tenido serios desencuentros desde mucho antes de llegar al primer cargo del estado. A algunos de esos medios los ha tratado con desdén (al DiarioNTR, por ejemplo, lo llamó “periodiquito”) y a otros los ha calificado de “basura”.

Ante tales agravios y ahora que el gobernador parece andar en plan buena onda, no sería improcedente que, así como acaba de pedirles disculpas a los colectivos femeninos y feministas que protestaron por la cancelación oficial del Instituto Jalisciense de la Mujer, el presunto refundador de Jalisco se disculpara también con los periodistas que han sido blanco de sus arrebatos de ira. Por cierto, las disculpan se piden y no se ofrecen, tal y como cuando una persona arrepentida ofende a otra le pide –y no le “ofrece”– perdón a ésta, ah, y sin olvidar que, junto con las disculpas pedidas, va implícita la voluntad de enmienda del ofensor.

Lo anterior no sería un mal comienzo para quien aspira a encabezar un buen gobierno, reconociendo, con la necesaria dosis de modestia y humildad, que por más competente que sea pueda llegar a ser un funcionario, siempre estará por debajo de lo que la gente espera de sus autoridades o de sus presuntos “servidores públicos”.

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