El buen periodismo no tiene una sociedad alrededor: Javier Valdez

"Alabanza a los que luchan por dotarnos de mayores esperanzas". Cartel de Gran Om & El Dante (detalle).

|| “Quédense así, inmutables, escondidos, ausentes, hasta que nos lleve a todos la chingada”, sentenció hace unos meses el periodista y escritor sinaloense –aliado de Okupo– quien ayer fue asesinado; “Es un golpe demoledor para nosotros, para su familia, pero también para el periodismo, el sinaloense, el mexicano, sobre todo ese que investiga, escribe y publica en libertad”, dice Ríodoce en su editorial

| Por Julio González |

El periodismo en México se debate entre el luto, la rabia e indignación. Ayer al medio día asesinaron con 12 tiros al periodista y escritor Javier Valdez Cárdenas. El escenario fue su Culiacán, Sinaloa, y su cuerpo quedó tendido en el piso de la calle la calle Vicente Riva Palacio de la Colonia Jorge Almada. Las fotografías de su cuerpo sobre el asfalto y su sombrero claro al ras del suelo impactaron a todo el país.

Apenas el 25 de marzo, Javier Valdez en Twitter había publicado un mensaje en torno al asesinato de su colega en Chihuahua. “A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”.

Después sentenció en redes seciales: “no hay una sociedad que acompañe el periodismo valiente en este país y a la hora que ellos quieran –los del poder político y los criminales–, van a venir por nosotros, a disponer de nosotros. Quédense así, inmutables, escondidos, ausentes, hasta que nos lleve a todos la chingada”.

En lo que va del 2017, suman ya seis asesinatos de reporteros y comunicadores en México sin que alguno de estos crímenes se acerque a la justicia y reparación del daño. Filiberto Álvarez, Miroslava Breach, Ricardo Monlui, Cecilio Pineda, Maximino Rodríguez y Javier Valdez, se suman a los más de 100 periodistas ultimados desde el año 2000 en México. Apenas anoche, la subdirectora del Semanario Costeño de Autlán, fue atacada a tiros, resultando herida y muerto su hijo de 26 años.

Tras varias horas de haberse conocido el homicidio de Valdez, el presidente Enrique Peña Nieto mandó un mensaje en redes sociales: “El gobierno de México condena el homicidio del periodista Javier Valdez. Mis condolencias a sus familiares y compañeros”.

Horas antes, el escritor Martín Solares hizo notar la ausencia de algún posicionamiento. “Que el presidente y demás funcionarios tarden en declarar sobre el asesinato de Javier Valdez ya es una declaración de principios”, publicó. Además, diversos periodistas le respondieron. Uno de ellos fue Salvador Camarena, quien le dijo: “No es condolencias lo que se requiere, presidente. Es justicia lo que se demanda. Ni más ni menos.”.

Amistad y enseñanza, el legado de Javier

En la dedicatoria de su último libro Narcoperiodismo: la prensa en medio del crimen y la denuncia (Aguilar, 2011) se puede leer “A los periodistas mexicanos valientes y dignos, exiliados, escondidos, desaparecidos, asesinados, golpeados, atemorizados y pariendo historias, a pesar de la censura y los cáñamos oscuros”

Javier Valdez es recordado por ser una persona sencilla y cercana aunque la distancia o el tiempo pretendieran lo contrario. Era una persona que estaba al pendiente de sus colegas y de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico.

“Es un cabrón que marcó mi vida de una manera importantísima. Yo empecé a trabajar en los medios gracias a él. Lo conocí trabajando en un café y llegó de la manera que era: un cabrón muy alegre. Empezó a platicar conmigo y de ahí salió la idea de colaborar en Ríodoce, el prácticamente me abrió las puertas”, recuerda Raúl Torres, corresponsal de El Universal en Jalisco.

–¿Cómo era Javier Valdez?

–“Era un cabrón que siempre estaba alegre, que siempre procuraba ver las cosas chingonas de la vida y pasarla bien. A pesar de que siempre escribió de la pinche tragedia que es el narco en este país y todas las mamadas que hay alrededor  –el puto gobierno y los empresarios– y él siempre estuvo firme. Pero aparte de eso siempre había una chance de contar la parte humana de las personas. Muchos han criticado su trabajo porque se encasilló en el narco pero yo creo que desde que hacía su columna de “Malayerba” en Ríodoce, él lo que trataba de hacer es mostrar la cara humana, como son personas las que están ahí”.

–¿Qué hueco deja Javier?

–”Deja el hueco que deja otra persona que es querida, cualquier persona que es inteligente, cualquier persona que tiene huevos, cualquier persona que ve en nosotros una oportunidad de hablar, de compartir, de convivir, era un cabrón sumamente inteligente. De verdad que no entiendo, porque siempre fue cuidadoso, me consta que era un cabrón que cuidaba a sus fuentes, cuidaba a sus compañeros. Había pasado por un chingo de cosas y la verdad no tengo idea de porqué venga todo, pero ver la foto de él tirado en la calle con su sombrero…

“Es lo mismo que cuando ves a una persona cualquiera. Son huecos que no se llenan con nada”.

Un hombre valiente, un hombre querido

La periodista regiomontana Melva Frutos dice que Valdez sabía dónde no pisar. “No era tonto. No era un periodista arrebatado que se va y que le vale, inexperto. No. Era lo arrojado que debía ser. Era prudente y cuidadoso”.

“Era un hombre muy valiente. Conocía toda la cuestión del narco, de la corrupción. Era un hombre muy entrón y muy aventado. Un hombre muy honesto. Era muy sensible a las causas sociales”.

– ¿Qué experiencias compartiste con Javier?

– Hace años lo entrevisté para un reportaje que estaba haciendo sobre los riesgos de la cobertura periodística y pues quién mejor que el Javier para contarme los riesgos que se viven. Me dijo que sí estaba muy cabrón. Él me contaba que en Sinaloa estaba cabrón, pero la diferencia de Sinaloa a lo que vivimos en Nuevo León y Tamaulipas, él me contaba: que allá nada más había dos cárteles y mientras no te metieras con ellos, no se metían contigo. Trataba de llevar la fiesta en paz, no quiere decir que no publiques, pero decía que él no se metía con la familia ni con sus cosas.

– ¿Qué hueco deja?

– Su columna la “Malayerba” era una delicia, tenía una pluma que deslizaba, era una cosa que era una delicia leer sus historias, sus libros. Deja un hueco muy grande.

Su trayectoria

Javier Valdez Cárdenas nació en Culiacán de Rosales, Sinaloa, el 14 de abril de 1967. Ahí estudió la carrera de Sociología en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Valdez se inició en el periodismo en los primeros años de los 90 en los noticieros televisivos del Canal 3 en la capital sinaloense.

Fue fundador del periódico Ríodoce, hace 14 años, un medio que publica informaciónn sobre el narcotráfico y sus consecuencias. También fue corresponsal de La Jornada por 18 años.

Fue en 1998 cuando obtuvo el Premio Sinaloa de Periodismo por sus trabajos en la sección cultural de dicho noticiero. Sus crónicas fueron publicadas en diversos medios como Proceso, Gatopardo y Emeequis.

En octubre de 2011, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) le otorgó en Nueva York el Premio Internacional a la Libertad de Prensa en 2011,8 «por su valiente cobertura del narco y ponerles nombre y rostro a las víctimas». En el mismo año, la Universidad de Columbia otorgaron a Ríodoce el Premio María Moors Cabot. En 2012, la revista Quié, lo incluyó entre “Los 50 Personajes que Mueven a México”. En noviembre de 2013, Valdez y Ríodoce recibieron el premio PEN Club a la excelencia editorial.

Con una cercana relación con Jalisco, fue siempre generoso con colegas y proyectos de todo tipo, y desde su concepción, celebró y abrazó el surgimiento de okupo+, compartiendo sus crónicas y otros contenidos de Ríodoce.

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