El camión, un traslado hacia la igualdad

Sepa la bola

Uno de los sitios en donde puedo darme el tiempo para reflexionar sobre la vida es el transporte público, durante mis trayectos. La modalidad que más utilizo es el camión y cada que me subo a uno, sé que es tiempo provechoso para pensar –a veces para trabajar.

Resulta lo contrario cuando me convierto en chofer en un automóvil: tengo que estar atento ante las imprudencias de los demás coches que conforman el cardumen. Las avenidas por las que viajan los caudales de objetos metálicos a toda velocidad no permiten distracciones porque si la mente se aparta del “aquí y el ahora” las probabilidades de un choque aumentan.

Si viajo en bicicleta –en su mayoría pública– debo alarmar a mis sentidos: me convierto en una potencial víctima debido a la vulnerabilidad que padecemos los ciclistas en la ciudad. Si cuando pedaleo, pienso en la inmortalidad del cangrejo o en qué fue primero, si el huevo o la gallina, muy probablemente no estaré atento al asomo de un automóvil de la cochera o a una vuelta rápida y furiosa de un coche que tiene prisa – en el mundo postmoderno todos tienen ganas de llegar más que pronto a su destino.

En cambio, si me desplazo en camión o tren ligero no debo preocuparme por un accidente. Bueno, mejor dicho, no está en mis manos, pies, ojos y reacciones la responsabilidad de chocar o no. Así que, de alguna manera, tengo fe en que llegaré sano y salvo a mi destino –como reza una oración de los católicos.

Por eso, trasladarme en camión –repito, es la modalidad que más utilizo– se convierte en el perfecto momento para pensar y dialogar uno mismo.

El otro día, en mi trayecto reflexioné sobre cómo viajar en camión es un acto igualitario en una sociedad desigual. Les enlisto argumentos:

  • En el camión no importa cuánto dinero llevas, pagarás lo mismo siempre y no podrás comprar privilegios.
  • Es cuestión de suerte si te toca utilizar los asientos o ir parado, no depende de grados escolares o de reconocimientos sociales.
  • Existen espacios de justicia. A los que más trabajo les cuesta ir parados (ancianos, mujeres embarazadas y personas con discapacidad) se les posibilita ocupar asientos preferenciales para no gastar fuerzas que en ocasiones no tienen.
  • Todos subimos por donde mismo y bajamos por donde mismo (no quiero entrar en discusión por las particularidades, las indicaciones en los camiones son claras, pero no siempre se cumplen).
  • Abordo, todos respiramos el mismo aire. Todos estamos expuestos a las mismas bacterias. Todos tocamos esos tubos resbalosos por la grasa.
  • ¿Tienes prisa? Pelas, no depende de los pasajeros llegar a su destino más rápido que otro.

En la mayoría de las ideas impera una idea: la ausencia del poder del capital para condicionar tu viaje en camión en tiempos del hipercapitalismo. El camión es igualitario, como la muerte; no como la vida.

Migaja

La banqueta es el origen. Ámala y respétala.

Julio González
Acerca de Julio González 105 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*