Circo electoral

|Por Juan José Doñán|

Con el mes en curso comenzaron formal y legalmente las campañas políticas, lo que tanto a nivel federal como en los estados que tienen a la par procesos electorales locales ha provocado desfiguros a destajo, con candidatos que intentan darle a la ciudadanía gato por liebre, presentándole como “propuestas” originales y sensatas cosas que, en la mayoría de los casos, no pasan de ser meros ocurrencias cuando no francos disparates.

Pero los desfiguros de la presente zafra electoral comienzan con muchos de los mismos candidatos en campaña y cuyo historial político es más bien cosa de risa, con hombres y mujeres que habiendo sido militantes de abolengo de equis partido político súbitamente cambiaron de colores o se declararon “independientes”.

El mejor ejemplo de esto último es la ahora candidata presidencial Margarita Zavala, hija y nieta y hermana y sobrina y prima y esposa y cuñada de panistas y, por supuesto, panista ella misma, pero que renunció a dicho partido por una disputa con el entonces presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, ahora adversario suyo en la carrera por Los Pinos.

Otro desfiguro novedoso es el de candidatos a puestos de elección popular que, ¡ya en pleno proceso electoral!, les dio frío y se arrepintieron de sus ansias de novillero y optaron por volver, volver, volver… a la querencia presupuestal y cobrar, aunque sea como premio de consolación, las últimas quincenas de su obeso salario y sus prestaciones ídem.

El ejemplo más a la mano de lo anterior es el de Francisco Ayón que, como es bien sabido, desde fines del año pasado había renunciado a la titularidad de la Secretaría de Educación Jalisco para contender, con las siglas del PRI, como diputado local por el VIII distrito de Guadalajara. Pero, para sorpresa de propios y extraños, hace apenas unas semanas aventó el arpa electoral para volver a asumir el cargo de secretario de Educación de la entidad durante los siete meses y medio que le restan al gobierno de su cuate Aristóteles Sandoval.

Los ofrecimientos demagógicos a destajo tampoco podían faltar entre las santoclosianas “propuestas” de la explosión demográfica de candidatos a puestos de elección popular, comenzando por los contendientes a la gubernatura de Jalisco.

Así, por ejemplo, uno de ellos, el priista vergonzante Miguel Castro Reynoso ofrece abrir una segunda universidad pública en el estado, y otro de los aspirantes al mismo cargo, Enrique Alfaro, dice que esa propuesta ya la había hecho él hace seis años, cuando buscó por primera vez la gubernatura.

Pero lo que no ha dicho este último es si sigue vigente tal propuesta, o si las cosas cambiaron desde el momento en que decidió trocar el desafecto y el recelo que entonces le tenía al mandamás de la UdeG por la amistad y la colaboración política que ahora ambos presumen.

En la presente zafra electoral, la bandera de Enrique Alfaro no es ya en contra de añejos cacicazgos universitarios, por la sencilla razón de que dichos caciques se convirtieron súbitamente en sus aliados políticos, sino un proyecto quimérico, por no decir fantasioso, que consistiría en “refundar Jalisco”, lo que sea que eso signifique.

El actual carnaval político, que permanecerá en cartelera hasta el próximo 1º de julio, también ha incluido a personas que paladinamente niegan o parecieran avergonzarse del partido político que los postula.

Tal es el caso del candidato presidencial José Antonio Meade, quien en su propaganda (impresa, radiofónica y televisiva) oculta las siglas del PRI, algo que también ha hecho el ya mencionado Miguel Castro Reynoso, aspirante priista a la gubernatura de Jalisco.

Y a propósito de lealtad o deslealtad a equis partido político o a una causa ídem, con un poco de memoria cualquier ciudadano de la comarca sabe perfectamente que varios de los candidatos en campaña han agotado prácticamente todo el espectro partidista.

Los ejemplos que más saltan a la vista son los de la persona que quiere dizque “refundar Jalisco”, es decir, Enrique Alfaro, y su contendiente por el Partido Verde Ecologista, Salvador Cosío Gaona. Ambos nacieron políticamente en el PRI y luego emigraron al PRD, para posteriormente acercarse a la causa de Andrés Manuel López Obrador y finalmente irse a buscar otros horizontes.

Luego de abandonar Morena, el partido de AMLO y al que Cosío Gaona trató en vano de encabezar en Jalisco, el personaje en cuestión intentó postularse como candidato independiente a la gubernatura estatal, pero como se le acercó Enrique Auri, dueño de la franquicia local del partido del tucán, pues el señor Cosío Gaona se pintó súbitamente de verde.

Enrique Alfaro, por su parte, desde que se separó de López Obrador, quien lo acaba de tildar de “traidorzuelo”, eligió otro color en el arcoíris partidista: el anaranjado, con el que hace tres años ganó la presidencia municipal de Guadalajara y con el cual ahora pretende llegar a la gubernatura, dizque, para “refundar Jalisco”. ¡Órale!

Y los anteriores son sólo unas cuantas ejemplos del presente circo electoral, en el que ahora mismo participa buena parte de nuestra fauna política y también de nuestra flora ídem.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*