Hasta que el colapso sea total

Hace mucho que el problema de la movilidad en las ciudades dejó de ser un asunto de las vialidades con las que se cuenta. Moverse al interior de una ciudad es un tema sobre todo de personas, independientemente de los vehículos o modos que utilicen. De sobra es sabido que los desplazamientos en automóvil sobrepasan –invariablemente– las capacidades de las vialidades incluso en ciudades que han invertido toneladas de dinero en autopistas de gran capacidad y libres de obstáculos, como Los Ángeles, por citar un ejemplo. En todos los casos, la existencia de infraestructuras para automóviles atrae a cada vez más automóviles colapsando los sistemas.

Esto se puede confirmar con facilidad en Guadalajara al analizar la avenida López Mateos, que con una inversión en infraestructura para autos tras otra, que a costo actualizado superaría los 40 mil millones de pesos, sólo ha logrado convertirse en un suplicio para quienes están obligados a circular por ahí.

La única alternativa viable, en términos reales, es disminuir la cantidad de automóviles circulando en las calles. No hay manera de mejorar la movilidad si no se logra ese aparentemente simple objetivo.

Si bien es imprescindible mejorar radicalmente las alternativas al uso del automóvil, como el transporte público o la existencia de redes ciclistas; más importante aún son las restricciones al uso de autos. Sí, aunque no le guste tocar el tema a todos aquellos que luego aparecerán en una boleta electoral, tenemos que entender con absoluta claridad que no mejorarán las condiciones de movilidad en la ciudad sin restricciones sólidas. Ninguna ciudad en el mundo ha logrado reducir la congestión en sus calles o disminuir la cantidad de vehículos circulando sin restricciones polémicas e impopulares. Esas restricciones pueden ser de diferentes tipos:

A los conductores, endureciendo los requisitos para conducir un auto, disminuyendo la cantidad de licencias que se otorgan y obligando a quien solicite un permiso de conducir –además de poseer una educación vial impecable– a entender las problemáticas de la sobrepoblación de autos y su uso desmedido.

Las económicas, ya sea encareciendo sensiblemente el costo por estacionamiento tanto en la vía pública como en los establecimientos privados por hora; dejando que el costo de la gasolina se eleve –incrementando el costo del uso por kilómetro– y si no lo hace, establecer algún impuesto intermunicipal que se recaude en las gasolineras; o bien estableciendo perímetros con cargos por congestión –como Londres, Estocolmo o Singapur– a los que entrar en automóvil cueste tanto que el usuario prefiera dejar su auto en casa.

Las espaciales o de infraestructura, es decir la disminución del espacio de circulación vial disponible o de estacionamiento. Esto se vincula directamente a proveer mejorías en otros medios de transporte. Ampliar una banqueta, una ciclovía o un carril exclusivo para transporte público, puede reducir un carril de circulación vial a una avenida, en beneficio de muchas más personas que un carril para automóviles que de todos modos estará colapsado; y la disminución de espacios para estacionarse tanto en el espacio público como en entidades privadas –es decir, provocando intencionalmente que no haya disponibilidad– especialmente en zonas que ya cuentan con transporte de calidad y alternativas.

Y nos guste o no, le guste al político populista o no, es lo que sigue en Guadalajara y otras ciudades del país.

Es eso, o quitar las pocas ciclovías que tenemos, el carrilito de Macrobús, los poquitos estacionómetros que quedan y dejar que los autos invadan todo en todas partes hasta que el colapso sea total.

PD: Un caso a resaltar es la polémica desatada por el estacionamiento en la plaza del barrio de Mexicaltzingo –donde sobra decir que no se necesita– que al construirlo significaría un atractor de viajes en automóvil que saturaría las calles de un barrio que acaban de ser intervenidas justamente para hacerlas más estrechas, de menor velocidad y con menor capacidad vial; que la saturación de automóviles pondría en riesgo lo ganado en materia de accesibilidad, y calidad ambiental y del espacio público al interior del barrio; además de ser una incongruencia enorme que se solicite para un centro cultural de administración universitaria –que deberíamos suponer inteligente– en un punto donde se tiene una extraordinaria cercanía al Macrobús, a la Línea 1 del tren ligero, acceso al sistema de bici pública y próximamente a la Línea 3 y al corredor peatonal Alcalde. Ante todos los logros pequeñitos en la ciudad, la sola pretención hacer ahí un estacionamiento es ofensivamente ridícula.

Felipe Reyes
Acerca de Felipe Reyes 16 Artículos
Arquitecto, ciclista y disentidor ocupado en urbanismo y movilidad

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