Construcciones y corrupción

Hace unos días leí una columna de Sergio Aguayo donde hablaba, entre otras cosas, del Atlas de Riesgos para la Ciudad de México, el cual existe pero no se ha difundido. Aguayo menciona que muchos ciudadanos lo han solicitado vía transparencia, pero sin éxito, y desliza un posible motivo: si se difunde, se caería el mercado inmobiliario de la capital.

En estos días en que tanto se ha hablado sobre la posible responsabilidad de muchas constructoras –y de autoridades cómplices– en los derrumbes de edificios en la capital durante el pasado sismo, no he podido evitar preguntarme, una y otra vez, cuál es la situación de Guadalajara al respecto.

Si bien en la ciudad no se han producido temblores de consideración en los años recientes (el más poderoso y destructivo data de 1932 y ha sido uno de los más intensos en la historia del país), ello no significa que estemos a salvo. Guadalajara está en una zona sísmica, aunque diversos factores –entre ellos, según entiendo, la composición del subsuelo– nos han favorecido para que los movimientos telúricos no hayan sido causantes de desgracias y derrumbes.

En los años recientes hemos visto la proliferación de altos edificios en diversos rumbos de la ciudad, incluso en zonas donde los planes parciales de desarrollo los prohiben, pero que se han construido gracias a diversas argucias legaloides. Algunos se han edificado con más pisos de los permitidos y al final las inmobiliarias responsables solamente se han visto obligadas a pagar multas que, por cierto, y aunque eso sería motivo de otro tema, han servido para financiar obras de arte urbano.

Un amigo constructor me decía en estos días que, en efecto, existen en Guadalajara normas antisísmicas similares a las de la Ciudad de México para la edificación de inmuebles. Y que los edificios tienen que cumplir estas normas para conseguir los permisos correspondientes. Las normas de diseño de construcciones en Guadalajara, me dice, son adecuadas, pero otra cosa es la calidad de los procesos por los que pasa una edificación. Y otro amigo que también se dedica a la construcción me dice con cierto desaliento: hay un “talón de Aquiles” en todo esto, y se llama corrupción. Ella involucra a autoridades que se hacen de la vista gorda, a deficiente mano de obra, a escasa o nula supervisión, a pésimos materiales utilizados y a otros factores diversos.

Ante todo esto es difícil estar tranquilos. La pregunta, me parece, no es ociosa: ¿pondrán sus barbas a remojar las autoridades estatales y municipales?

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 38 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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