Continuismo anómalo

Héctor Jesús Hernández

| Por Juan José Doñán |

Aun cuando hace cuatro años y medio se dio un segundo cambio de partido en el gobierno de Jalisco y la actual administración estatal, que encabeza el priísta Aristóteles Sandoval, se refiere en términos muy poco favorables a sus predecesores panistas, particularmente al deturpado Emilio González Márquez, en la práctica ha venido haciendo muchas cosas de la misma manera que él, hasta el punto de seguirlas a la calca.

Un buen ejemplo de este continuismo anómalo lo representa el tan llevado y traído proyecto de El Zapotillo. Éste fue concebido, hace 11 años, por el gobierno federal como plan b para llevar agua a León, Guanajuato, desde el río Verde, en su paso por el municipio jalisciense de Cañadas de Obregón, luego de que fracasara el ahora casi olvidado plan a.

Ese plan original había surgido tres años antes, durante el sexenio del primer presidente panista, el guanajuatense Vicente Fox, con el proyecto de la fallida presa de San Nicolás, la cual iba a construirse en otro municipio de los Altos de Jalisco (Jalostotitlán), 20 kilómetros aguas arriba del mismo río Verde.

No es ocioso recordar que ese sepultado proyecto de San Nicolás fracasó por dos motivos: por la oposición granítica de los habitantes del pueblo de San Gaspar, el cual iba a quedar inundado; pero sobre todo porque el entonces gobernador de Jalisco (el también panista Francisco Ramírez Acuña) de manera intempestiva retiró su apoyo a ese proyecto acuícola federal, luego de que se confrontara públicamente con el presidente de la república, Vicente Fox, a causa de que el jalisciense acababa de destapar a Felipe Calderón –a la sazón secretario de Energía– como candidato del PAN para suceder a Fox.

Y como además el sexenio foxista y también el de Ramírez Acuña estaban ya para entonces en la cuenta regresiva, el proyecto de San Nicolás quedó al garete desde los últimos meses de 2005, por lo que funcionarios y técnicos de la Comisión Nacional del Agua tuvieron que concebir un proyecto que sustituyera al de San Nicolás.

Ese proyecto de repuesto –para llevar agua a Guanajuato desde Jalisco, no hay que olvidarlo– fue el de El Zapotillo, el cual se dio a conocer públicamente a principios del siguiente sexenio: el del también panista de Felipe Calderón, en el ámbito federal, con el consentimiento de la igualmente debutante administración panista en Jalisco, de Emilio González Márquez.

Este último, lo mismo que haría Aristóteles Sandoval años después, en un primer momento engañó –con dolo o sin dolo– a quienes iban a resultar afectados con esa presa de repuesto: los habitantes de tres poblados de los Altos de Jalisco: Acasico, Palmarejo y Temacapulín.

A los vecinos de esta última población, González Márquez les dijo, al poco tiempo después de haber asumido el cargo de gobernador, que si la mayoría de ellos se oponía a la construcción de la presa de El Zapotillo, ésta no se haría. Pero cuando los habitantes de Temaca le tomaron la palabra a su gobernador, éste los evadió una y otra vez, intentando lavarse las manos, al estilo de Pilatos, con el argumento de que se trataba de “un proyecto federal”, ante el que su gobierno nada podía hacer, aun cuando a la hora de la verdad sí intervino en el proyecto, aunque para empeorar las cosas, particularmente para quienes iban a resultar afectados por la proyectada presa de El Zapotillo.

Y es que ante la cancelación del proyecto de Arcediano, con el que se pretendía dotar de agua a la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), cancelación que fue anunciada hasta fines de 2009, Emilio González Márquez convino con el gobierno de Felipe Calderón que la altura de la presa El Zapotillo pasara de los 80 metros proyectados inicialmente, a 105 metros, a fin de que el embalse ampliara su capacidad de almacenamiento y se pudiera disponer de agua también para la ZMG y varias para poblaciones de los Altos de Jalisco, sin importar que con ello se estuviera condenando a desaparecer a los tres pueblos alteños antes mencionados.

El caso fue que ya para entonces (estamos hablando del segundo semestre de 2009), los habitantes de Temaca y de las otras poblaciones desahuciadas se habían organizado en un eficaz movimiento de resistencia, que pronto tuvo consecuencias favorables para su causa: entre ellas el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que la altura de la represa no pasara de los 80 metros iniciales de altura, ordenamiento judicial que sigue en firme y tiene detenida la presa de El Zapotillo desde hace tres años.

Al concluir el sexenio del panista Emilio González Márquez y el del también blanquiazul Felipe Calderón, llegaron los priístas Enrique Peña Nieto (en el ámbito federal) y Aristóteles Sandoval como gobernador de Jalisco.

En un principio, éste último les dio esperanzas a los vecinos de Temaca, prometiéndoles, desde su campaña por la gubernatura y luego ya como gobernador electo, que esa agraciada población no sería inundada. Pero, tal vez presionado por el gobierno federal y también por las administraciones recientes de Guanajuato, Aristóteles Sandoval acabó yendo contra sus promesas, tratando de justificarse con un estudio que su gobierno contrató, a un costo desmesurado, a la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS).

Las recomendaciones de este organismo, y por las cuales los contribuyentes de Jalisco todavía se vieron obligados a pagar 90 millones de pesos, sólo convencen a los ya convencidos y ponen las cosas como en los tiempos de los panistas Felipe Calderón y Emilio González Márquez, de tal suerte que en el caso del proyecto de El Zapotillo los priístas Enrique Peña Nieto y Aristóteles Sandoval no han ido más allá de mantener un continuismo anómalo.

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