Corrupciones de la anticorrupción

|Por Roberto Castelán|

Tengo la impresión que establecer y festinar un Sistema Nacional Anticorrupción y sus réplicas estatales es darle la razón a Enrique Peña cuando se refiere a la corrupción como parte de la cultura de los mexicanos. La corrupción deja de ser entonces un acto propio de delincuentes el cual debería ser procesado y sancionado por las instancias judiciales correspondientes y pasa a convertirse en parte de una identidad nacional cuya administración requiere de nuevas instituciones políticas disfrazadas de ciudadanas.

Como todos los mexicanos somos corruptos, el estado necesita crear instituciones vigiladas por ciudadanos honestos, para protegerse de los efectos corrosivos y tremendamente dañinos de los ciudadanos deshonestos.

Pero ¿en dónde y cómo encontrar a los ciudadanos honestos dispuestos a vigilar los actos de los ciudadanos deshonestos?

Muy fácil, se crean sistemas estatales completamente blindados para seleccionar, elegir y nombrar a los celosos cancerberos de la dignidad institucional. El Congreso del Estado, una espacio inmaculado y ajeno a cualquier acto de corrupción, elige a un número de ciudadanos, nueve para ser exactos, quienes a su vez van a seleccionar a otros cinco incorruptibles quienes a su vez…

Todo sistema tiene sus misterios, en este uno de ellos son los números. ¿Por qué nueve y no veinticinco, siete o doscientos trece? ¿Tres podría haber sido un buen número? ¿El número de anti corruptos es proporcional al número estimado de corruptos por servidor público? Misterios de la numerología política. Sin embargo, el mecanismo funciona, los ciudadanos honestos se inscriben en espera de ocupar un lugar en el sistema.

¿Cómo se eligen? Misterio. Primero los diputados revisan los expedientes. En este caso, renuncian a postular a sus amigos y negociar las cuotas que les corresponden y revisan los expedientes con lupa. ¿Qué revisan? ¿Cómo saber que quien dice ser honesto es realmente honesto? La elección es difícil pero al final sale humo blanco. ¿Por qué fueron rechazados los rechazados? Nadie lo dice, misterio, no hubo recomendados, no hubo reparto de cuotas, sin discusión, quienes están ahí son los mejores. El sistema funciona.

¿Y qué tipo de ciudadanos honestos representará a todos los demás ciudadanos en el Sistema Estatal Anticorrupción? Como ya se dijo, los ciudadanos estarán representados por puros “ciudadanos libres de toda sospecha”. Mire usted si no:

Muy pocos de ellos, tal vez ninguno, gana el salario mínimo. La mayoría de ellos tiene muchos años sin trasladarse a su lugar de trabajo en camión, la mayoría despacha en oficinas, con secretaria y café por las mañanas, varios de ellos ¿serán todos?, comen en restaurantes y sus cuentas las pagan, o se las pagan, con dinero público, no compran su ropa en supermercados o tianguis ni se ensucian las manos y la ropa de aceite o mezcla cuando trabajan. Viven en casas que no construyó el Infonavit y en sus familias hay más de un automóvil, ninguno con cinco años de antigüedad.

¿Será mera coincidencia o es que el otro tipo de ciudadano de salario mínimo y deudas quincenales no estará interesado por el problema de la corrupción? Tal vez sea un tema que no le concierne, o que no le entiende y piensa que la corrupción solamente es una práctica de los poderosos. Los otros.

Independientemente de todo, el sistema funciona, o funcionará. Antes de que se corrompa y se convierta en un espacio más de arreglos, acuerdos y componendas entre partidos y grupos de poder fáctico. Por ahora, está libre de toda sospecha.

Roberto Castelán Rueda
Profesor jubilado, doctor en historia y lector
de medios impresos a punto de extinción.

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