Cuando la condena es quedar en libertad

Sepa la bola

A los centros penitenciarios también se les conoce como las universidades del crimen. Una especie de centros educativos en los que aprendes a delinquir y sobrevivir. No es una exageración. Son múltiples las voces de “egresados” –salidos del bote– que testifican que lo que se vive en la prisión es terrible y que ahí aprendieron muchas mañas como el robo de pertenencias (nueve de cada 10 han sufrido robos durante su estancia), la extorsión y sobre todo la corrupción.

Siempre me he preguntado por qué se llaman Centros de Readaptación Social o Centros de Reinserción Social si prácticamente no cumplen con su propósito. Los encarcelados ni aprenden a readaptarse ni existen los mecanismos para que los ex convictos se reinserten a la vida social. Y si a esto le sumamos el estigma social –como pedir una carta de no antecedentes penales como requisito para ser contratado en algunas empresas–  que haber pisado alguno de estas prisiones significa para la confianza de la comunidad, con mayor razón podemos intuir que no solo se está condenado cuando un juez dicta sentencia, sino cuando la cumples y puedes vivir en “libertad” pero siendo un exdelincuente.

El pasado lunes, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó la primera Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2016. Un estudio que genera conocimiento sobre la experiencia del procedimiento penal e internamiento de la población privada de la libertad que son adultos, así como sus características. El instrumento en sus múltiples informaciones propicia la reflexión sobre el papel Estado mexicano y la posibilidad que tiene un ciudadano que cometió un delito de resarcir el daño y seguir con la vida con las mismas oportunidades que otros integrantes de la sociedad. Sólo el 40% de los reos tiene expectativas positivas sobre la reinserción social.

Sin embargo, cuando hablamos de oportunidades, podemos ver que los que en menor medida han gozado de ellas, son los que tienen más posibilidades de caer en la cárcel. En 2016, siete de cada 10 presos en México solo habían cursado la primaria. Mientras que sólo el 4.6% de los convictos contaban con educación superior. Y es que el Estado, como lo dicta el Artículo tercero de la Constitución, solo está obligado a impartir hasta la educación media superior –el bachillerato–.

(Quizá por eso, cada semestre, a la Universidad de Guadalajara no le apura aceptar a cuatro de cada 10 aspirantes a alguna de sus carreras).

Y bueno, si ya caíste una vez en la cárcel y no tienes posibilidades económicas, es muy probable que vuelvas a ser recluido. Sobre todo si pasaste más de dos años encerrado. Así fue para 36% de los encuestados.

El sistema penitenciario está podrido. Para poder sobrevivir en la cárcel –en muchas ocasiones– se cometen actos de corrupción, como muchos lo hacen en libertad, en las calles, oficinas de gobierno o empresas. En este tema, 6 de cada 10 reos manifestó haber cometido actos de corrupción, de los cuales el 87% estuvieron inmiscuidos los custodios.

Ante este panorama por qué nos debería extrañar que sucedan motines convertidos en tragedias como la de Topo Chico –en Monterrey– donde murieron 60 reos; como la de Acapulco también este año, donde 28 fueron asesinados. O situaciones como la fuga masiva en 2012, en Piedras Negras, Coahuila, cuando 132 reos escaparon por la puerta como si nada.

Los números y las historias deberían preocupar a las autoridades, sobre todo cuando la condena es quedar en libertad y la invitación a seguir delinquiendo es más atractiva ante un panorama adverso en un país con desabasto de oportunidades.

Migaja

Desde ahorita le decimos alcalde, Enrique Alfaro –para estar en el mismo tono– desde los medios de comunicación y la sociedad, vamos a seguir consignando lo que su administración hace fuera de las normas, las discordancias entre su discurso y sus acciones y las faltas éticas de su actuar.

Julio González
Acerca de Julio González 68 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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