Cuando la violencia se construye (también) desde la palabra y los medios

violencia

|Por Araceli Fabián|

La violencia y la inseguridad se han convertido en los últimos años en temas de conversación cotidiana. Si antes el tema en común era el clima, ese tópico intrascendente que nos permitía interactuar con el otro, ahora los temas de cualquier punto de encuentro giran en torno a los elevados índices de violencia e inseguridad que vive el país y marcan el ritmo de las agendas mediáticas y coberturas informativas de los distintos medios locales y nacionales. Medios que si bien no nos dicen explícitamente qué pensar sobre un tema en particular, sí nos indican implícitamente sobre qué tema hay que pensar para con base en ello generar y emitir una opinión. De esta manera se conforma una agenda informativa sobre la cual establecer nuestros “intereses” y “preocupaciones”, que se complementa con una determinada cobertura (postura) ideológica de los medios, expuesta a través del lenguaje.

La agenda informativa –agenda setting-, tiene como finalidad jerarquizar noticias que los medios consideran relevantes para conformar y alimentar el debate público y ha sido objeto de innumerable cantidad de investigaciones empíricas con el objetivo de evidenciar la influencia de esta selección de noticias en la percepción que construyen los ciudadanos e identificar qué papel juegan los espacios informativos en la conformación de la opinión pública de las audiencias, que hacen suyas estas informaciones reproduciéndolas en cualquier espacio colectivo, como parte de sus preocupaciones sociales.

En este sentido podemos dar cuenta de la presencia cotidiana –en medios análogos y digitales– de géneros periodísticos informativos, de opinión e interpretativos que hacen hincapié sobre la violencia y la inseguridad de nuestro entorno, así como del progresivo aumento en la cantidad de notas que se publican a diario sobre estos asuntos a lo largo y ancho del país, sobre todo, a partir del inicio de la guerra contra el narcotráfico (a finales de 2006). Temáticas que se centraban en ciertos estados (Baja California, Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Veracruz, Michoacán) ahora conforman una radiografía del terror que abarca todo México con un notable incremento de noticias relacionadas a lo vulnerables que somos todo el tiempo en todos lados.

De acuerdo con los últimos datos proporcionados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, publicados en distintos medios nacionales e internacionales (Aristegui Noticias, El País, The New York Times, RFI France), el índice de asesinados cometidos los últimos 10 meses de 2017 está a punto de batir todos los récords previsto en años letales como 1997, 2011 y 2016 con una cantidad de 21 mil 200 personas asesinadas en México. Tres personas cada hora y aproximadamente 78 ejecuciones por día. En el caso de Jalisco 798 personas de enero a mediados de octubre; hechos que no pueden quedar al margen de la agenda pública e informativa de los medios.

 

Coberturas informativas: la palabra como constructora o destructora

Jorge Iván Bonilla y Camilo Andrés Tamayo en su libro Las violencias en los medios, los medios en las violencias (Cinep, 2007) refieren que es necesario discutir sobre la violencia y sus prácticas simbólicas en el ámbito de los medios de comunicación sus posibles efectos de los medios y cómo estos pueden contribuir a la comprensión de la violencia e inseguridad, ya sea como productores o reproductores de este problema social, a partir de la conformación de su agenda, el tipo de cobertura, el lenguaje y la narrativa de contenidos audiovisuales que hacen apología de la violencia representada como un “elemento cotidiano del paisaje”; posicionando así a los medios en dos tipos los que naturalizan lo cuestionable reforzando los discursos institucionales y los que señalan lo disfuncional en aras de  equilibrar la balanza y enfocarse en las causas estructurales de estos problemas.

Ante este tipo de cuestiones y dilemas éticos en la “construcción de la realidad” que presentan y representan los medios 715 medios del país en 2011  firmaron el Acuerdo para la Cobertura informativa de la Violencia cuyos puntos centrales se enfocaban en:

  1. proponer criterios editoriales comunes para las coberturas informativas.
  2. establecer mecanismos para evitar que los medios se convirtieran en voceros de la delincuencia.
  3. establecer mecanismos de protección para los periodistas con coberturas de riesgo, entre otros no menos relevantes.

Sin embargo de acuerdo con el Observatorio de los Procesos de Comunicación Pública de la Violencia  de 2011 a 2013 el impacto del Acuerdo, en términos de efectos positivos a las propuestas concretas fue mínimo, debido a medios que violaban el acuerdo y continuaron replicando las viejas prácticas de producción noticiosa entre las que se encuentran en primer orden el reforzamiento del crimen y el delito desde una perspectiva general, a favor de la estigmatización social del sujeto y en segundo orden un señalamiento a las políticas de seguridad sin comprender el fenómeno a partir de todos sus ángulos para de esta manera realizar lecturas más complejas y menos simplonas de la problemática e interpretar el acontecer social desde el contexto en que se producen estas violencias e inseguridad.

Es así que los patrones de cobertura se siguen trabajando en su mayoría desde la nota policiaca, roja o amarilla tradicional, privilegiando el sensasionalismo, la descontextulización, la revictimización de la víctima, la connotación lingüística (despectiva o tendenciosa) y la falta de seguimiento informativo a un hecho, es decir, se hace “poco” periodismo de investigación imprescindible para explicar una realidad rebasada de hechos violentos, que agotan el espacio informativo y desbordan superficialidad.

Por tanto, necesitamos contar con medios que antepongan la ética y valores noticiosos del periodismo, pues de ello depende la construcción de las percepciones que sobre la realidad tenga  la población, la calidad del debate público y participación social y, en manos de los medios de comunicación está la posibilidad como indica Verenik (2004) de “motivar reformas estructurales que las instituciones del Estado adopten en torno a problemas como la corrupción, secuestro y la violencia”, pues si los medios insisten de manera sostenida en cubrir estos temas y mantenerlos en su agenda la balanza de poder se inclinaría a cambiar las causas estructurales y a aumentarían las posibilidades de mejorar el entorno social.

AraceliAraceli Fabián
Académica y estudiosa de la comunicación,
los fenómenos sociopolíticos y  el periodismo.

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