Dar color

|Por  Juan José Doñán|

La ceremonia de toma de protesta del gobernador Enrique Alfaro, el jueves de la semana antepasada, fue muy significativa tanto por lo que el nuevo primer mandatario estatal hizo como por lo que dejó de hacer. También por lo que dijo y por lo que calló.

Lo primero que habría que destacar es el hecho de que entre sus “invitados especiales” estuviera buena parte de quienes junto con él prefiguraron, hace poco más de un año, en el domicilio particular de conocido ex rector de la Universidad de Guadalajara, la coalición Por México al Frente, que postuló al panista Ricardo Anaya a la presidencia de la república.

Entre esos “invitados especiales” estuvieron el fundador del Partido Movimiento Ciudadano (Dante Delgado), la entonces presidente nacional del PRD (Alejandro Barrales), el ex candidato perredista a la gubernatura del Estado de México y ahora senador, Juan Zepeda, así como el ex rector de la UdeG, Raúl Padilla, quien, por cierto, fue ubicado dentro del recinto legislativo, en una suerte de zona VIP, mientras que el rector oficial de la misma casa de estudios (Miguel Ángel Navarro) fue mandado al patio del mismo edificio, con lo cual una vez más quedó en evidencia que en el caso de la UdeG el rector en funciones no pasa de ser un simple gerente, con quien no es necesario tener mayores atenciones, pues éstas deben reservarse para el verdadero jeque de jeques de la institución. Así lo entendieron también, actuando en consecuencia, Alfaro y los alfaristas.

Durante buena parte de su discurso, al flamante gobernador se envolvió en la bandera de la soberanía de Jalisco y para no pocos de los concurrentes resultó una sorpresa de que, luego del Himno Nacional, cantado por todos los presentes, una voz femenina grabada entonara un presunto Himno de Jalisco, cuya letra y música desconocían muchos de los presentes, algunos de los cuales, aun así, hicieron la mímica de cantar, al estilo karaoke o como quien hace playback.

Por otra parte, el pretendido Himno de Jalisco no pasa de ser una ociosidad, del todo innecesario, pues los verdaderos himnos cívicos, en cuanto canción de la patria, apelan a la nación y no a los estados ni a los municipios. Se trata, por lo tanto, de un himno postizo, además con una tonada olvidable y una letra por el estilo, que ni en sueños podría llegar a identificar a todos los jaliscienses y eventualmente convertirse en un “símbolo” estatal.

En este sentido y contra cualquier ánimo de secesión o separatista, siempre conviene tener presentes las sabias palabras del insigne diplomático tapatío Antonio Gómez Robledo que, aunque muy orgulloso de su terruño, solía recordarles a sus paisanos que “Más allá de Jalisco está México, y no será buen jalisciense el que así no lo reconociere”.

Por lo que hace al discurso de toma de posesión del nuevo gobernador, el mismo se refirió a varias cosas: a remarcar lo mucho que Jalisco le ha aportado históricamente al país; a lo mal que hicieron las cosas quienes lo precedieron en el cargo; a los múltiples problemas y pendientes que hereda su administración, y pese a ello, a que a partir de esa fecha (6 de diciembre de 2018) comenzaba una nueva era para Jalisco y los jaliscienses.

Y hasta podría decirse que por momentos el debutante primer mandatario del estado se excedió, dando color demás y como para complacer a ciertos poderes fácticos que hicieron campaña a favor de su candidatura al gobierno de Jalisco. Ése habría sido el caso del ya mencionado ex rector de la UdeG, Raúl Padilla, a quien de seguro le sonó a música la referencia al Centro Cultural Universitario y el compromiso gubernamental de darle continuidad, sobre todo cuando se vislumbra una escasez o nulidad de apoyos económicos federales a ese cuestionable proyecto faraónico.

Otros que habrán quedado igualmente complacidos con parte del speech inaugural del gobernador Enrique Alfaro debieron ser ciertos empresarios de la comarca, quienes desde hace dos sexenios vienen promoviendo la construcción de un museo de arte moderno en el terreno que se le mutiló, por no decir que le fue carranceado, al parque Mirador Independencia, y cuyas obras permanecieron detenidas durante todo el sexenio anterior porque no hubo dinero del estado ni de la federación para ese descocado proyecto museístico, pues la pretensión de sus promotores (mecenas de pacotilla) es que esa pretendida casa de las musas, de nombre alrevesado (Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo) lo pague papá gobierno.

Por lo pronto y luego de años de abandono y de silencio, papá Alfaro parece estar decidido a disponer de una parte del dinero los jaliscienses para resucitar un cadáver museístico y de ese modo complacer a empresarios tacaños de la localidad, a los que les gusta jugar a ser protectores de las artes, siempre y cuando la cuenta se pague con fondos públicos.

Pero como lo que son buenas noticias para los poderes fácticos de la comarca no lo son necesariamente para la sociedad jalisciense, ésta no tardará mucho en enterarse cómo le habrá de irle con la “refundadora” administración alfarista, que ya ha comenzado a dar color.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*