Descuidos

|Por Juan José Doñán|

El gobernador Enrique Alfaro y funcionarios que lo acompañan en la incierta tarea de “refundar Jalisco” deberían concentrarse en las tareas de gobierno y dejar de distraerse en asuntos menores como quién costeó los boletos del juego de los Lakers, al que el primer mandatario de Jalisco y sus invitados asistieron, a en su reciente viaje “de trabajo” a Los Ángeles, California.

Más allá de si, como afirma el gobernador, los gastos del viaje (incluida la asistencia a ese juego de la NBA) fueron cubiertos personalmente por cada uno de los funcionarios que visitaron la ciudad más grande de la costa oeste de los Estados Unidos, o si, como aseguró inicialmente la diputada naranja Mirza Flores, las entradas al partido de basquetbol se las regaló un empresario tequilero, lo cierto es que de ese primer viaje “de trabajo” del gobernador Enrique Alfaro a la Unión Americana, lo que va a quedar en la memoria de la gente no son los acuerdos productivos que la comitiva oficial haya podido conseguir para el estado, sino el escandalito por la escapada de los funcionarios de marras para ver, en ringside (en la zona VIP) uno juego de básquet de los Lakers, escandalito aderezado por el morbo de quién pagó en realidad los boletos de ingreso al Strapless Center, casa de la famosa sexteta angelina.

No es ésta la primera vez que Enrique Alfaro se descuida, permitiendo que crezca y se magnifique un asunto menor y eventualmente desfavorable para él y su administración, con lo cual, a quererlo o no, quedan opacados los presuntos resultados ventajosos que los jaliscienses habrían de obtener con el reciente viaje al extranjero de su gobernador.

Una faceta muy diferente de la administración alfarista fue la que se pudo ver el mediodía del lunes de esta semana en la población de Tequila, donde ante los alcaldes de varios de los municipios de la región y empresarios del más famoso destilado de esta parte del mundo, se señalaron de manera acertada los principales lastres que frenan el desarrollo de la comarca, así como aquellas medidas que urge tomar, con el fin de que la prosperidad de los empresarios de la expansiva industria tequilera no se finque en el rezago (económico, social, ambiental y cultural) de esa zona, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Así, por ejemplo, se señaló que no son pocas las empresas tequileras que, aparte de no tratar las linazas y otras descargas industriales (sólidas y líquidas) que contaminan el medio ambiente, sus dueños, ejecutivos y apoderados legales se las ingenian para no pagar impuestos a los municipios en los que se encuentran asentadas, haciéndose cada día más ricas.

Además de esta reprobable conducta (tacaña y marrullera) de algunos empresarios tequileros, se habló del gran potencial turístico de la región que hasta ahora no ha podido ser cabalmente aprovechado, debido, entre otras cosas, a la falta de coordinación entre las distintas autoridades y el sector productivo, es decir, porque a cada uno de ellos le ha dado por jalar por su lado.

El único diagnóstico oficial que no pareció estar descaminado fue el relativo al del creciente cultivo de blueberries (frambuesas, arándanos y zarzamoras) en la zona, cultivo al que se le ha querido presentar como el malo de la película, un feo villano que, con sus gigantescos y poco vistosos invernaderos de plástico, se ha ido convirtiendo en una contaminación visual para el paisaje agavero, los fotogénicos campos de agave que, junto con las antiguas fábricas tequileras, fueron declarados patrimonio de la humanidad en 2006.

La pregunta sería por qué no se previó esto desde un principio, es decir, desde el momento mismo en qué se obtuvo la declaratoria, elaborando un manual de uso que, avalado oficialmente, pudiera reglamentar, entre otras cosas, el tipo de cultivos de la zona.

Porque pretender proscribir ahora el cultivo de berries no sólo significaría renunciar a un muy productivo y exitoso ramo agrícola que le genera divisas al estado y al país, sino atentar contra la fuente de trabajo de legiones de vecinos de Tala, Teuchitlán, El Arenal, Amatitán, Ameca, Magdalena, Ahualulco y municipios cercanos, vecinos que, a reserva que las secretarías de Agricultura y de Desarrollo Económico pudieren demostrar lo contrario, se emplean mayoritariamente en el cultivo y la cosecha de berries antes que en la misma agroindustria tequilera.

Para relanzar de manera racional, productiva y socialmente útil la zona del paisaje agavero, el gobierno de Enrique Alfaro tendrá que hacer algo más que invertir 200 o 300 millones de pesos en infraestructura y proyectos sociales y productivos.

Y otro tanto se podría decir de los proyectos recientemente anunciados para otras regiones del estado como el de la Ribera de Chapala y el de la Sierra Tapalpa-Chiquilistlán-Atemajac de Brizuela, atendiendo en primer lugar eso que el novelista británico Graham Greene llamó el factor humano y siguiendo con el cuidado del medio ambiente.

De no ser así, en el ámbito rural la tan cacareada “refundación de Jalisco” no pasará de ser punto menos que jarabe de pico. Y para todo ello Enrique Alfaro y colaboradores que lo acompañan deberán concentrarse en su obligada tarea de gobernar racionalmente el estado y no distraerse –o hacerlo lo menos posible– en asuntos de poca monta o en frivolidades como si las comitivas oficiales que hacen viajes de trabajo al extranjero aprovechan o no el tour para irse de shopping o para ver espectáculos prohibitivos para la inmensa mayoría de los jaliscienses, y si los “servidores públicos” viajeros se dan esos lujos con su propio dinero, o con el de amigos ricos, o con fondos públicos.

Como hay quienes quieren seguir con el tema, voy a aclarar las cosas de una vez por todas. No es tan difícil de…

Posted by Enrique Alfaro Ramírez on Monday, March 4, 2019

 

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