Desde el país donde tiembla peor

“Buen día hermanito. En el Istmo necesitamos catres para la gente de edad que no puede estar por mucho tiempo y por las lluvias. Lonas porque la gente no duerme en sus casas: están durmiendo a la intemperie y finalmente sismológicos, físicos geólogos que vengan y puedan darnos una explicación científica porque cada 15 min aproximadamente tiembla, nos urge hermanitos”.

El mensaje fue escrito por un amigo, el profesor Reynaldo Villafañe, en Oaxaca a otro amigo común, Zul de la Cueva. Ambos conocimos a Reynaldo cuando nos invitaron a trabajar un curso de crónica con maestros de educación básica, en septiembre de 2012. Por cierto, los profesores con los que compartimos aquella vez trabajaban como si no hubiera mañana.

Reynaldo se comunica poco, más para ayudar que para pedir auxilio. Es parte y crítico de los movimientos activistas alrededor suyo. Habría que tomar sus palabras en serio. No sabemos dónde está, porque tiene muy poca señal. Por eso, su mensaje nos preocupa más.

Por desgracia, los temblores en el sur y el centro de México se siguieron con pocos días. Por desgracia, hubo muertos en ambos casos. Por desgracia, Oaxaca está más lejos y acusa más pobreza.

El llamado de Reynaldo confirma un conocimiento científico: los terremotos matan más en países donde la miseria y la corrupción son una forma de vida.

Desde los años 80 del siglo XX, ocho de cada diez decesos que ocurren en terremotos han ocurrido en países pobres que son más corruptos de lo que se espera considerando sus niveles de ingreso per capita, según una investigación de los académicos Nicholas Ambraseys del Imperial College of London y Roger Bilham, de la Universidad de Colorado. El estudio fue publicado en Nature Research en 2011, hace seis años. Pero México se quedó como estaba.

En una visita a la Universidad Nacional Autónoma de México, en 2012, Roger Bilham, especialista en geología, lamentó que el avance de los los conocimientos científicos no haya detenido las muertes por terremotos en el mundo. Entre unos y otros, añadió, se interponen la pobreza y la corrupción.

Quién sabe qué tanto de una cosa y qué tanto de la otra contribuyó a la destrucción en distintas comunidades de Oaxaca, que ahora pide ayuda desesperada y donde se organizan grupos para “asaltar” a algunas brigadas que intentan trasladar ayuda. ¿Nos vamos a quedar así otra vez?

En realidad, la intención oculta de esta columna es otra: ¿Quién coopera con catres? ¿Quién pone las lonas? ¿Quién lleva la ayuda a donde se necesita? E inmediatamente después, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Vanesa Robles
Acerca de Vanesa Robles 19 Artículos
Soy Vanesa Robles // La casualidad me hizo nacer en Guadalajara, México // La vida me hizo periodista, y la elección me hizo pobre y feliz.

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