El día que cerraron los bares

Es una mamada, pensé. Porque ese asunto de decir “Dura es la ley, pero es la ley y no se negocia” me sonó a una forma bonita de decir “aquí se chingan” y además pensé, ya bien amargado, que ni es cierto que la ley es dura y tampoco es cierto que no se negocia.

Bien que negociaron la salida del auditor superior Alonso Godoy, pensé. Ah, pero él  tiene expedientes cochinos de todos los actores políticos y por eso pudo dejar el cargo donde hizo cuanta marranada se le antojó sin que nadie le levantara la voz. Bien que ahí no hubo bravuconadas de “dura es la ley y ahí va todo el peso de sus 200 tomos con artículos y versículos y párrafos y anexos sobre el lomo”, ahí todo bien.

Eso y más cosas pensé, mientras rumiaba mi mala suerte, igualito que los dueños de otros setenta y mocos lugares a los que les llegó la policía con armas largas a decir que el pinche ruido que estaban haciendo era intolerable y volvía loca a la ciudad y luego a subirle los decibeles al discurso que equipara al vendedor de ruido y cheve con el Chapo Guzmán, porque el que pone rolas no tiene ni tantita madre ni un gramo de decencia. Eso de no dejar dormir a la gente debería darles vergüenza. Hacer dinero con el insomnio ajeno da pinche asquito de veras, no sé como le hacen para dormir.

Y así me fui, por la calle silenciosa con ganas de cometer el acto poético de caminar pateando una lata, pero me dio miedo perturbar a los vecinos y mejor caminé por la banqueta libre con las manos en los bolsillos.

Imagino que algo por el estilo han de haber hecho los músicos que se quedaron sin hueso y los diyeis que se quedaron sin lugar donde seguir informando eternamente que se perdió la cadenita de Carmen, esa con el Cristo del Nazareno.

Los visualizo así, en una pinche calle oscura caminando despacito y pensando que esto hay que tomarlo sin ningún apuro y diciéndose cosas al oído para no romper la paz que se respira en el silencio de una noche de clausuras.

Pero luego vino otra noche igual, y el ruido de las patrullas superó al del reggaetón y me consta que los dueños de los bares tuvieron miedo. Hubo gente, naturalmente, que se puso muy contenta porque hay quienes están justamente hasta la madre de que a sus ventanas llegue Daddy Yankee a decirles shaky, shaky, shaky, shaky, shaky, shaky, shaky (wouh), Shaky, shaky, shaky, shaky, shaky, shaky, shaky (wouh), Shaky, shaky, shaky, shaky, shaky, shaky, shaky todas las noches y eso no lo aguanta nadie, la verdad.

Pero luego vino el ruido gacho, el que sí supera todos los decibeles, el que ya no es broma y ese fue el ruido de la maquinaria política y el cálculo electoral. Ahí si que valió madre.

Salieron con que había llegado la hora de la “cero tolerancia”. Y eso me pareció una payasada. En qué momento me vienen con ya llegó Giuliani; y si llegó de verdad ¿por qué no puso en orden a los franeleros?, esos que sí son peores que 12 horas seguidas de shaky shaky. Ah pero es que es más fácil apretar a quien tiene un lugar establecido y pierde todo su patrimonio si se pone bravo, que a alguien que nomás pierde un bote que pone en la calle. Pero eso lo pensé por que estoy amargado y porque hace mucho calor en la ciudad. Total ¿quién se ha quedado sin dormir por culpa de un franelero?

Y luego pensé que a lo mejor mi amargura no era puro berrinche porque yo veo que todos estamos de acuerdo en lo mismo, que es que hay que cooperar y vivir en armonía y cumplir la norma porque mi derecho de cantar “vivir contigo, dormir contigo una noche loca” termina donde inicia tu derecho de no escucharme y entonces no es correcto que los bares trabajen en impunidad valiéndoles madre el mundo y sin dejar dormir a la gente.

Pero también creo que se pudieron hacer las cosas de modo distinto, porque no es cierto que la autoridad ofreció diálogo y opciones, entró con el garrote, clausuraron sin decir agua va y sin dar ni un día para arreglar la situación y eso crispó innecesariamente los ánimos y enfrentó a ciudadanos contra ciudadanos sin necesidad.

De verdad creo que para regular no hace falta una cruzada punitiva que criminaliza al bar y polariza a la sociedad en un asunto de buenos contra malos que no es tal. Este no es ni debe ser tratado como un tema de policías y ladrones. Creo que se puede llegar a acuerdos, apoyos técnicos incluso, para generar compromisos y ver cómo la ciudad cambia hacia mejor con alegría y con todos de la mano hacia fines comunes que son buenos y regulaciones que indiscutiblemente deben cumplirse y respetarse. Pero el tamaño y la forma del operativo contra el ruido me parece exagerado y creo que no es el mejor camino para todos; porque no hay necesidad de hacer aparatosas cacerías de brujas que tienen más valor mediático que cívico, al clausurar bares como película policiaca en la escena de la redada al cuartel de los mafiosos.

Creo que en el caso de negocios establecidos que pagan impuestos puede más la miel que la hiel y  que si caminamos juntos tendremos una ciudad más chida con una vibrante vida nocturna que no moleste a nadie y genere turismo y derrama económica y más venta en los puestos de tacos. Eso sí, tampoco se trata de darle 100 años a los bares para que ahí cuando quieran cambien, no. Nadie quiere una patente de corso. Pero ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre o como diría Echeverría: todo exceso es mucho.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 25 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

2 Comments

  1. Porque no se regulan las zonas ? comercial – residencial?

    que tal si los duenos de restaurantes y bares se quejan de los miles de negocios escondidos en cocheras, salas y azoteas?

    Giulianipelon, lo que es parejo ….

  2. Hola que tal…en verdad es polemico el asunto, pero es algo que jamas la autoridad ha sabido como tratarlo. Desde siempre lo antros son antros y son ruidosos, lo que yo he visto, es que ultimamente han abierto mas cerca de las zonas residenciales. Por ejemplo, aqui en Providencia, Lucrecia se puso al lado de la casa de un buen amigo. Es increible la cantidad de vibracion y desmadre que tenian que soportar ellos casi toda la semana y por años han padecido y se han quejado por como su calidad de vida se fue al caño de un dia para otro. Otro caso reciente es a una cuadra de mi casa, donde a una sra de 90 años…si, 90, le ponen un antro al lado de su casa. Imaginaras la friega que le pararon. Sus hijos fueron a tratar de hablar con el gerente para comentarle la situacion y la respuesta fue un simple: Si no esta agusto, venda su casa y cambiese a donde no haya bares. Tu diras si esta es la forma correcta de convivir o siquiera, atender una queja legitima de un vecino que lleva mas de 30 años viviendo ahi. Por que habrian de agarrar sus cosas y cambiarse solo porque un empresario cree que tiene mas derecho que ellos? Ahi empieza el verdadero problema, cuando hay una agresion directa a tus derechos y fue cuando la sociedad empezo a decir, basta. El actuar de Alfaro va de la mano con los tiempos electorales. Hay zonas donde no podra pararse en campaña porque la mayoria de los vecinos estamos hartos del estado de la ciudad en general, entonces da un supuesto golpe de autoridad para validarse y mejorar su dañadisima imagen. Lastima que solo sean grupos de porros estudiantiles, como los que nos gobiernan desde hace unos 10 años, que ni idea tienen de como hacer las cosas tratando de buscar un equilibrio que beneficie a todas las partes. Se han creado “guerras” en varios frentes y se ve dificil que mejore la situacion. Esperemos que las amenazas de algunos “empresarios” no pesen sobre la sociedad que solo busca llevar la fiesta en paz.

Responder a cucu diamantes Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*