El diablo está en la nómina

|Por Paul Alcántar|

Comercializar el trabajo del servidor público ha sido el lubricante del clientelismo. Hasta ahora es parte del quehacer de los partidos para que al llegar a los gobiernos se cumpla el otorgamiento de un premio a la lealtad, con la promesa de un trabajo en cualquier de sus espacios.  Los dirigentes de los partidos y sus candidatos saben que la movilización clientelar implica cumplir con esas promesas porque si no es así, entonces cómo entender el negocio del sistema electoral.

El clientelismo no sólo es formar cuadros y movilizar personas con dinero público para operar el día de una elección. El clientelismo se sostiene después de la contienda por medio de un proceso  en donde se involucran pocos actores que deciden quién sí y quien no merece una plaza o un puesto de trabajo.

Estos ejercicios suceden en todos los niveles de gobierno, sin embargo la particularidad de los municipios provoca diversos cuestionamientos sobre el uso del dinero público etiquetado para el pago de nómina y cómo estas prácticas debilitan a los ayuntamientos por lo rentable que es jugar con los sueldos, salarios y honorarios de sus servidores públicos.

Hasta hoy, el funcionariado de confianza ha sido borrado de las garantías laborales de quienes prestan un servicio a favor de la administración municipal, lo que convierte a cientos de trabajadores en un botín a merced de quienes deciden por ellos, más allá de un posible crecimiento profesional.

Cuando se planta la innovación de los municipios se olvida –a propósito–  el servicio civil de carrera. Para el caso de Jalisco, particularmente de los gobiernos del área metropolitana de Guadalajara, las malas prácticas de los alcaldes sobre sus recursos humanos persisten como en la vieja práctica del Sistema político del que tanto desprecian en el discurso.

A mis oídos han llegado comentarios sobre las acciones que los gobiernos municipales realizan para violentar los derechos laborales de cientos de trabajadores de confianza a quienes mandarán “a descansar” por algunas semanas.

Los alcaldes utilizan políticamente su plantilla de confianza

En este “descanso” obligado el poder supremo del Presidente Municipal en turno decide quiénes merecen regresar o no a sus labores. Una de las condiciones que interpondrá el alcalde es la participación y el empeño del servidor o funcionario público en la campaña de reelección o del candidato favorito del mandatario. Si lo considera y si el reporte es acertado, el Presidente Municipal decidirá si ese trabajador de confianza merece una nueva oportunidad bajo las mismas condiciones de incertidumbre que implica trabajar en un Ayuntamiento.

Una de las manifestaciones del poder en la que pocos ponen atención es en el manejo de la nómina de los gobierno municipales. El control del personal en los municipios es una de las herramientas más cotizadas de los alcaldes.  Hasta ahora han sido pocas las recomendaciones para cambiar a un modelo que ponga candados a los Presidentes Municipales para que eviten usar la plantilla laboral de confianza como la base de su sostenibilidad política.

Los gobiernos al ser generadores del trabajo se han vuelto comparsas de un modelo laboral violento que impone condiciones de abuso. Hablar de un servicio civil de carrera implica renunciar al modelo clientelar tan vigente en las prácticas gubernamentales.

En el poder sobre la nómina se encuentra el diablo.

 

Paul AlcántarPaul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

 

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