Doña Carmen

Los temas de cultura rara vez son motivo de atención en los medios tradicionales, salvo cuando hay algún tipo de escándalo involucrado. Durante las últimas semanas un tema artístico ha poblado con frecuencia y de modo un tanto insólito las primeras planas de los diarios: el proyecto de esculturas urbanas emprendido por el ayuntamiento de Guadalajara, y también, aunque en menor medida, otro del gobierno de Zapopan.

Casi todo mundo se ha sentido en estos días con merecimientos estéticos para opinar sobre la calidad o falta de ella de las esculturas inauguradas hasta hoy, y de alguna que aún no se ha expuesto pero ya se conoció al menos en boceto. Hay, claro, muchos asuntos involucrados en esto: la forma como se seleccionó a los artistas, el costo de las obras, la ubicación de las mismas en ciertos entornos urbanos, la prepotencia con que las autoridades han dicho la última palabra y, cómo no, el gusto o disgusto que han provocado las piezas mismas. Así que me temo que el interés por el tema –y al escribir esto soy consciente de que no descubro el agua tibia– está más bien lejos de lo artístico y cerca de otras cosas, entre ellas la grilla. Así pues, para que el arte interese tiene que haber un escándalo –o varios– de por medio.

En contraste con lo anterior, hay noticias que por poco escandalosas pasan inadvertidas aunque merecerían una suerte mejor. Por ejemplo, el reciente fallecimiento de la maestra Carmen Peredo, que en la mayoría de los medios no fue mencionado y en las pocas notas que se ocuparon de ello abundaron la displicencia, la inexactitud y la omisión.

Carmen fue pianista y profesora del instrumento por 35 años en la Universidad de Guadalajara, así que los músicos que ella contribuyó a formar se deben contar por cientos. Pero también fue un personaje muy destacado en la promoción musical en Guadalajara durante muchísimos años, especialmente en el terreno de la música de cámara. En la dirección de música del Departamento de Bellas Artes –antecesor de la actual Secretaría de Cultura– fue, entre otras cosas, fundadora de los Martes Musicales que durante años convocaron a público abundante en el Exconvento del Carmen y a donde venían con frecuencia a tocar buenos instrumentistas nacionales e internacionales. Programaba ciclos de conciertos en el Degollado y el Cabañas, también fue gerente de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara, directora del Cedart y creadora de agrupaciones musicales, por citar unos pocos de los muchos trabajos que desarrolló en el sector de la cultura.

Carmen fue miembro de un brillante y culto círculo tapatío que congregaba a escritores, músicos, dramaturgos y académicos que dejaron una huella fundamental en la región, la mayor parte de los cuales ha ido desapareciendo desde hace algunos años: Hermilio Hernández, Arturo Xavier González, Ignacio Arriola, Hugo Gutiérrez Vega, Manuel Rodríguez Lapuente, Antonio Gómez Robledo y el mismo esposo de Carmen, Ernesto Flores, quien murió hace menos de cuatro años. De ese grupo quedan aún activos Leonor Montijo y Guillermo García Oropeza.

Hace poco tiempo tuve la oportunidad de conversar ampliamente con Carmen, a quien conocí muchos años atrás. Constaté de nuevo –a sus 88 de edad– su picardía, sentido del humor y amplio conocimiento sobre la vida cultural de la ciudad. No escatimaba anécdotas divertidas ni críticas agudas sobre las administraciones culturales del estado en los últimos años. En una de sus últimas apariciones públicas, cuando en 2015 el Seminario de Cultura Mexicana le otorgó la medalla Alfredo R. Plascencia por sus méritos como maestra y promotora musical, usó el micrófono para defender la dignidad de los músicos de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, acosados y menospreciados por la actual administración cultural: “…ellos han sido el alma musical de Guadalajara y ahora se les pretende echar de una forma indigna”, dijo con firmeza en aquella ocasión, interrumpida por los aplausos de los asistentes al acto.

Con Carmen Peredo se ha ido una época importante en la música de la ciudad. Su muerte, ocurrida el pasado lunes 14 de agosto, debería llamar la atención sobre el legado cultural que ella, Ernesto Flores y los muchos integrantes de su círculo de amigos, dejaron para nuestra ciudad y que merece ser revalorado.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 36 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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