Drab Majesty, una experiencia con frecuencias cósmicas

|Por Beto Sigala|

Es muy probable que el nombre de Andrew Clinco no remita a alguna referencia en el mundo de la música independiente. También es muy posible que bandas como Marriages y  Black Mare sean nombres aleatorios en un multiverso de escenas regionales de Estados Unidos y de sonidos que serían casi anónimos de no ser por los medios especializados y disqueras que se han dado a la tarea de escucharlos y difundirlos.

Drab Majesty es el proyecto solista de Deb Demure, la otra identidad de Andrew Clinco, que cuando no sale ataviado en un escenario con su personalidad como marciano de bajo presupuesto, tiene un trabajo discreto de baterista en Marriages y Black Mare.

En 2012 Deb Demure, cerebro de Drab Majesty, sintió el llamado de los astros para formar un proyecto musical peculiar, envolvente, pero sin lo rebuscado de la música experimental y más orientado al pop con guiños a la música oscura. Al mirar el look de Deb Demure uno podría de inmediato saltar de la silla para mirar con detenimiento y remitirse instantáneamente al David Bowie en su etapa de Ziggy Stardust y por ende pensar que la estética de Drab Majesty es uno de esos tantos plagios que ocurren en el rock de nuestros días. Más no, la realidad de Deb Demure está afectada por otras inspiraciones y otras psiques complejas.

El origen

Andrew creció en un Los Ángeles postmodernista, con usuarios de autobuses transexuales, simples locos citadinos, personajes indescifrables de una urbe rabiosa y predicadores religiosos que acompañaban sus domingos infantiles con sentencias sobre un ser omnipresente que utiliza las voz de los ministros para llevarle su mensaje a la humanidad. Aunque también Demure se fascinó por la realidad alterna planteada en el culto de los Unarius, una secta fundada en California, Estados Unidos, que promovía un cruce entre la ciencia y los extraterrestres; los Unarius , plasmados en su propia propaganda, eran seres andróginos que inspiraban el humor involuntario y se tomaban su doctrina muy en serio cuando compraban espacio en la televisión de Los Ángeles.

Drab Majesty tuvo su génesis tal como si fuese una secta de estas. Súbitamente, Andrew Clinco dejó de ser un simple baterista, para dejarse llevar por seres de otro mundo y transformarse en un ente andrógino que venía desde algún lugar luminoso de otra galaxia como Deb Demure. ¿Un loco con una túnica, un genio, un payaso impostor? Tal vez todas las aseveraciones sobre él sean ciertas y su forma de llamar la atención es algo que varios predecesores han forjado con éxito; su música a simple vista también podría ser más de lo mismo entreverado con un poco del pasado ochentero y algo de lo nuevo, si es que hubiera algo nuevo debajo de todas las constelaciones. ¿O no?

Llegué a Drab Majesty, por esa casualidad calculada que te sugiere la música por streaming y funciona como una inteligencia artificial que espía tus gustos frecuentes para ofrecerte nuevos artistas. A veces la caga terriblemente, pero en otras ocasiones, es sospechosamente acertada y te permite descubrir algo novedoso. Y aunque en un inicio su música me parecía un remedo del estilo goth de los ochentas, subvertido para los iniciados en la música. Sin embargo, luego de acostumbrar a mi maceta durante días, ya no pude renunciar a reproducirlo de forma constante.

Drab Majesty

Su música

Su primer LP “Careless” (2015), a pesar de que tiene los elementos para conectarte con el propósito de Drab Majesty, es un intento tímido. La voz de Deb Demure es sólo un eco, es por momentos inaudible, más sofocada y la música parece un jovial intento ochentero que te enreda en un telaraña de hueva. En la mayoría de las canciones abusa de los sintetizadores y no termina por cuajar, como si la gran idea de Demure, fuese aburrir o sonar casi como los primeros Sisters of Mercy.

Y luego dos años después, llegó el “The Demonstration” (2017), una apuesta más precisa por hacer un sonido envolvente, por recrear nubes grises y momentos que tienen una asociación avistamientos de ovnis y la búsqueda de la vida eterna. Las canciones y la forma de cantar de Deb Demure son un discurso en un templo en el que se rinde culto a la reverberación y puede terminar siendo una experiencia con frecuencias cósmicas. En la conclusión no queda duda que Drab Majesty logró un sonido diferente, pero de fuertes lazos con Red Lorry, Yellow Lorry y su más grande influencia Genesis P. Orridge de donde adopta muchas de sus texturas.  Aunque en la imagen ahumentada, la música que crea tiene una belleza lánguida y a la vez profunda, tan propia como sus pelucas, su maquillaje y las sentencias de su voz.

Mis oídos, últimamente, se han sumido en una parálisis. A veces, la mayoría de la música que se hace en estos días me parece fastidiosa o que se ciñe mucho a fórmulas probadas. Y no, no intento decir que Drab Majesty es la neta de otro planeta o que me voló la tapa de los cesos, pero sí puedo defender la convicción de haber encontrado en este proyecto, una música transcendental  que me seguirá durante mucho tiempo. Desde hace mucho ya no soportaba darle play a un disco y sentarme solamente a escuchar, sin tomar el celular, sin pensar en la siguiente quincena. Con “The Demonstration”, lo hice de nuevo y recomiendo esta práctica como un ejercicio para salir de este mundo y entrar un rato al mundo musical de los Unarius. Y sí, tal vez en 2017 reafirmemos que no hay nada nuevo bajo el sol y que la salvación de la raza humana está lejos, pero Drab Majesty al menos es buen alimento para el alma.

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