El de atrás paga

|Por Juan José Doñán|

Mal comienza el sexenio para el gobierno que, a las primeras de cambio, decide endeudar a sus gobernados. Y eso es precisamente lo que pretende hacer Enrique Alfaro, cuya administración lleva apenas dos meses y medio en funciones.

En otras palabras, el primer mandatario de Jalisco acaba de llegar al cargo y ya busca que el Congreso del estado le apruebe la contratación de un crédito por 5 mil 250 millones de pesos, dinero que aun cuando sería gastado por su gobierno, quienes estarían obligados a pagar ese descomunal adeudo serían los sucesores de Alfaro, con un agravante adicional: en el momento en que los gobiernos estatales por venir entren en funciones verían reducirse, de manera drástica, su margen de maniobra, al tener que pagar periódicamente los intereses de la deuda contratada por su predecesor y, a la par, ir abonando parte del capital de esa misma deuda.

 El más publicitado ofrecimiento hecho en campaña por Enrique Alfaro fue “refundar Jalisco”, lo que sea que eso signifique, pero en ningún momento habló de que requeriría endeudar aún más las finanzas del estado, las cuales ya están comprometidas a pagar los intereses y el capital de viejos créditos vencidos, que en su momento contrataron el priista Aristóteles Sandoval y los panistas Emilio González Márquez y Francisco Ramírez Acuña.

Con el fin de tratar de justificar este nuevo endeudamiento, el gobernador Enrique Alfaro y colaboradores suyos como el secretario general de Gobierno, Enrique Ibarra Pedroza, y el jefe de Asesores, Hugo Luna, han salido a decir que la deuda a contratar sería para la realización de obras que son necesarias y aun indispensables para el desarrollo de Jalisco como la reparación de carreteras en mal estado, el saneamiento de aguas residuales y un mejor sistema de transporte masivo en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Pero aun concediendo que los 5 mil 250 millones pesos, conseguidos mediante préstamo de la banca, vayan a ser bien empleados, en el fondo no deja de haber algo anómalo en el hecho de que un gobierno no pueda realizar las obras requeridas con su presupuesto regular y deba de endeudarse una vez sí y otra también.

Si cada nuevo gobierno que llega a Jalisco pide préstamos, pretextando los más diversos motivos (los Juegos Panamericanos, la compra de nuevos vagones para el Tren Ligero y hasta pavimentación de equis rúa), entonces un estado como el nuestro vivirá siempre postrado, teniendo que destinar una cantidad cada vez mayor de su presupuesto al pago de deudas.

Lo normal sería que cada administración estatal se rascara con sus uñas y, en el caso de que considerara que no dispone de recursos suficientes para la realización de aquellos proyectos considerados como impostergable, pues le quedan varios caminos: gestionar recursos adicionales con la federación; cancelar o posponer obras suntuarias o de menor apremio, e imponerse un programa interno de austeridad.

En el primer caso, obran contra el gobierno de Alfaro sus malas relaciones con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Y por en lo que hace a tratar de tener ahorros con un programa de austeridad y posponiendo proyectos menos urgentes, pareciera ser, en definitiva, un camino que la administración alfarista no está dispuesta a recorrer.

Por el contrario, al gobierno presuntamente “refundador” de Enrique Alfaro, no sólo le ha dado por engordar todavía más la alta burocracia, sino que está decidido a destinar buena parte del dinero de los jaliscienses a los negocios del ex rector Raúl Padilla y a resucitar cadáveres como el descocado proyecto Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, proyecto que permanece detenido desde el gobierno de Emilio González Márquez, invadiendo la mayor parte del desde entonces mutilado parque Mirador Independencia, un espacio público de recreación que se localiza al borde de la barranca de Huentitán y que el gobierno municipal de Alfonso Petersen les carranceó parcialmente a los tapatíos.

Y esto último para complacer a ciertos empresarios fachosos de la comarca, a quienes les gusta pasar por mecenas o protectores de las artes, pero no con su dinero, sino disponiendo de fondos y bienes públicos.

Así que, hasta ahora, el debutante gobierno “refundador” de Enrique Alfaro no se ha diferenciado mayor cosa de los de sus predecesores del PRI y del PAN, a quienes en su momento también les dio por pedir prestado, convencidos, como estaban, de que no serían ellos los que pagarían esos multimillonarios empréstitos, sino quienes vendrían después, y más específicamente que el verdadero “pagano” sería el pueblo de Jalisco, el cual, durante generaciones, ha venido cebando a gobernantes mediocres, una casta compuesta por políticos y funcionarios muy poco competentes, pero con sueldos y prestaciones principescos, tanto que resultan ofensivos para una sociedad como la nuestra, con tantas necesidades y carencias.

Y ante tal estado de cosas, el crédito por 5 mil 250 millones de pesos que pretende contratar el gobierno de Enrique Alfaro equivale a una nueva burla al vapuleado pueblo de Jalisco, una burla que podría ser formulada así: “Por tu propio bien, voy a hacer las cosas al estilo Paul Anka, es decir, ‘a mi manera’; te voy a endeudar a ti y a tus descendientes, quienes estarán obligados a pagar en el futuro lo que me voy a gastar en el presente, valiéndome para ello de una de las tácticas favoritas de los tracaleros: el de atrás paga”.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*