El próximo futuro

| Por Felipe Reyes |

Cada vez estamos más acostumbrados a que aparezca una nueva tecnología y modifique todos los escenarios que teníamos contemplados. Infinita cantidad de cosas que hace algunos años nos hubieran parecido de imposible ciencia ficción hoy son realidades tangibles en la vida diaria. Pensar el futuro pasa por tratar de entender los cambios que las tecnologías pueden provocar en casi cualquier materia; la movilidad en las ciudades no sólo no es excepción, podría ser uno de los ámbitos en que con mayor fuerza veamos transformaciones sorprendentes.

Por un lado, el mundo de las aplicaciones ha venido acumulando datos sobre nuestros trayectos y encontrando cada vez nuevas funcionalidades y servicios a la ubicación por GPS. Waze, Google, Uber, Cabify, Moovit y decenas más son cada vez más precisas en sus predicciones y conocimiento de los comportamientos urbanos.

Los vehículos de motor eléctrico ya están presentes comercialmente en prácticamente todo el mundo y es sorprendente el crecimiento de la producción de energía eléctrica limpia. En específico, la energía solar de producción individual ha venido posicionándose como una alternativa real a las redes eléctricas tradicionales y mucho más pronto de lo que pensamos podría ser comercialmente viable para las mayorías. Desmantelar las redes de cableado eléctrico podría pasar mucho antes de lo que imaginamos. Las grandes hidroeléctricas y plantas nucleares no podrán competir contra paneles solares ultra eficientes igual que el telégrafo y sus redes de cobre no cabían en un mundo con WhatsApp.

Los automóviles con autoconducción también son ya una realidad. Hay al menos tres prototipos de diferentes marcas funcionales y algunos países ya estudian reglamentaciones para incorporarlos al mercado. Estarán disponibles mucho antes de lo que imaginamos, serán administrados por inteligencia artificial y evitarán accidentes, tráfico y otras externalidades que provocan los autos actuales tan dependientes del error humano.

Paulatinamente, los autos conducidos por humanos desaparecerán y no sólo eso, las posibilidades de modelos de negocio se multiplicarán haciendo, por ejemplo, más rentable que usted, en lugar de gastar en poseer un auto, sea socio de una flotilla de servicio y obtenga garantía de trayectos privados seguros en la ciudad. Probablemente veremos pronto ciudades que prohíban determinantemente los vehículos con motor privados.

En una ciudad como Guadalajara, donde se realizan poco más de 3 millones y medio de viajes en automóvil todos los días, una flotilla de menos de 100,000 vehículos eléctricos, inteligentes, auto conducidos y en servicio por demanda podría satisfacer, con creces, las necesidades de desplazamiento de todos los automovilistas actuales del área metropolitana.

Esto significa apenas el 5 % del parque vehicular actual y tendría repercusiones enormes en la manera en que entendemos el espacio público y la disponibilidad de áreas que podrían ser verdes; generaría afecciones al valor inmobiliario del suelo urbano; prácticamente desaparecerían la mayoría de las partículas contaminantes existentes en el aire que respiramos; liberaría gran parte del recurso que el estado ejerce actualmente para proveer infraestructuras y servicios para los automóviles que podrían redirigirse a áreas más urgentes; dejaría obsoletas, instalaciones como gasolineras o estacionamientos, los empleos de decenas de miles de choferes en diferentes ámbitos y documentos como la licencia de conducir; garantizaría en automático la seguridad de las personas al caminar, o pedalear, por la ciudad.

Si bien faltan algunos hilos por unir, estas tecnologías ya están aquí y es evidente que la industria se mueve en ese sentido. Deberíamos, como sociedad, estarnos preparando ya. Las universidades deberían liderar el desarrollo conceptual de esquemas de negocio y tecnologías disponibles sobre los que se podría trabajar. Los políticos deberían estar preparando las normativas que previeran el próximo futuro, entre otras la participación o regulación del estado o de la iniciativa privada. Seguramente habrá nuevas redes de infraestructura por construir y muchas otras por adaptar.

Los mayores beneficios sociales los obtendrán las ciudades que más rápido puedan adaptarse a los cada vez más constantes cambios.

@felipeno

Felipe Reyes
Acerca de Felipe Reyes 18 Artículos
Arquitecto, ciclista y disentidor ocupado en urbanismo y movilidad

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