El rescate de Tsuru

Sepa la bola

Cuando se bajó de su Tsuru gris y lo cerró con llave, a Ernesto –en esta historia lo llamaremos así para camuflajear su identidad– nunca le pasó por la cabeza que cuando volviera al sitio donde dejó estacionado su carro a unas cuadras de la avenida Ávila Camacho, en Guadalajara, éste ya no estaría esperándolo como siempre lo había hecho por casi 20 años. El vehículo había desaparecido o para ser precisos: se lo habían robado.

En todo el país, en 2017, el robo de vehículos sin violencia de por medio registró 123 mil 720 casos. Mientras que en Jalisco la cifra fue de 5 mil 560. El caso del Tsuru de Ernesto alimentará las estadísticas de 2018; los robacoches que se llevaron el suyo lo hicieron hace unos días.

Ernesto corrió con suerte. Hay que decirlo. En esta ocasión su carro, su Tsuru, sí apareció en una zona muy alejada de donde lo había dejado estacionado cuando fue a visitar a unos familiares. Aunque el inicio, desarrollo y –casi– fin de la historia son tortuosos.

“A la hora que regresé por el carro, vi que ya no estaba e inmediatamente pensé que me lo habían robado”, recuerda. Ernesto lo pensó así porque sabía que ese modelo de automóvil es uno de los más codiciados por los ladrones. Según los números de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) el modelo de carro más robado del país es el Tsuru. De septiembre de 2016 a octubre de 2017, los ladrones se llevaron 9 mil 140 Tsurus asegurados; el modelo que ocupa la segunda posición, la NP300 / PICK-UP, apenas supera la mitad de unidades: 4 mil 805 camionetas robadas que contaban con un seguro.

Ernesto marcó al 911 y el servicio de emergencia mandó una patrulla. No tardó eternidades, pero en estos casos cada segundo que pasa significa que el carro se aleja algunos metros. La víctima explicó a los policías de Guadalajara lo ocurrido. “Me preguntaron que dónde había deja el carro y la hora que lo vi por última vez”, explica.

“Me recomendaron que no levantara la denuncia en las próximas 24 horas para ver si ellos podían encontrar el vehículo. Me dijeron que si en 24 horas no recibía respuesta de ellos que entonces fuera a la Fiscalía”.

Pasaron las horas recomendadas por los uniformados y entonces Ernesto fue a la calle 14, donde se ubica la Fiscalía General del Estado (FGE) para reportar el robo sin violencia de su vehículo. Uno más que se sumaba a las estadísticas.

Sin embargo, un par de días después el celular de Ernesto sonó y del auricular se escuchó el lenguaje típico de un policía y que ciertamente se identificó como elemento de seguridad. “Joven hablo de la policía de Guadalajara ¿usted levantó un reporte de robo de su carro?”. Luego de la afirmativa le dijeron “encontramos su vehículo”. Lo impensable había sucedido.

Ernesto debía presentarse en menos de una hora donde ellos estaban porque tenían prisa con la documentación del carro. La sensación de satisfacción por el resultado del trabajo de los policías cambió cuando del auricular escuchó las palabras “lleve una propina”.

El dilema moral pasó a terreno secundario en las prioridades de un hombre que no puede comprar otro carro y que lo necesita para trabajar. Ernesto fue a la ubicación, entregó tres mil pesos y la policía le devolvió su carro.

Hasta la fecha, Ernesto no ha podido usar su carro. Los policías le pidieron que lo guardara hasta que retirara la denuncia en la Fiscalía. No ha podido ir y además no piensa sacarlo a las calles en un tiempo. Tiene miedo. Los ladrones se lo llevaron. Los policías le pidieron “rescate” para entregarle su Tsuru. Cómo subirse a su carro y no sentir miedo; cómo estacionarlo sin sentir miedo a perderlo de nuevo.

Migaja

Ahora sabemos que cuatro policías municipales de Tecalitlán, Jalisco, entregaron a tres ciudadanos italianos al crimen organizado. Su comisión fue de mil pesos. Los familiares de las víctimas piden a las autoridades que los rescaten pronto.

Julio González
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Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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