Enrique Ochoa y la instrumentalización política del conflicto venezolano

PRI

|Por Cristian Márquez|

En una columna titulada ¿Populista yo? Soledad Loaeza ilustra a través del ejemplo de Enrique Ochoa Reza, presidente nacional del PRI, una parte clase política mexicana se empecina en utilizar el calificativo ‘‘populista’’ desde el desconocimiento, pero con la certeza de que es instrumento útil para granjear puntos al adversario. Así, más allá de discutir el significado preciso del concepto –lo cual ya intenté hacer en un texto previo publicado en Replicante[1], quiero hacer énfasis en las contradicciones del discurso de ciertos miembros de la clase política mexicana, que reflejan por un lado el desconocimiento del concepto, por un lado, al tiempo en que evidencian una deliberada instrumentalización político-electoral, por el otro.

Como apunta Loaeza, el discurso de Ochoa Reza ante la XXXIX Sesión Extraordinario del Consejo Político Nacional del PRI es un ejemplo perfecto de un discurso de corte populista[2]. Por un lado se mueve en la imprecisión ideológica, pretende responder a todas las demandas y satisfacer a todos los militantes, al tiempo que trata de cohesionar a partir de un enemigo externo –que irónicamente él llama ‘‘populismo’’: una amenaza que según dice pone en peligro el crecimiento económico, los derechos humanos y las libertades de los mexicanos–. Por tanto, resulta interesante cómo Ochoa Reza se hace valer de un concepto complejo, polisémico, que utiliza de forma imprecisa, proporcionando al mismo tiempo de manera no intencional un buen ejemplo para conocer algunas de sus características discursivas.

A mi juicio, en este caso se trata de un modo de identificación y un proceso de nominación, en el cual se busca fortalecer la identidad y el proyecto propio desde una estrategia de cohesión articulada a través del antagonismo. Ochoa Reza busca apelar a la unidad del PRI –a los sentimientos y convicciones de los militantes, convenciendolos de que a pesar de sus fracasos electorales y la desaprobación de su líder, se trata del partido ‘‘más grande y más potente de México’’, con el apoyo del ‘‘primer priista del país: ¡Enrique Peña Nieto!–, haciéndose valer paralelamente de un enemigo contra el cual hay que unirse, encarnado en los liderazgos ‘‘mesiánicos’’, ‘‘obsesivos’’ y ‘‘populistas’’. Finalmente, Ochoa advierte sobre la responsabilidad de todos los mexicanos por evitar una regresión ‘‘democrática’’ para México, asegurándonos de que el país no caiga en la ‘‘obscura caverna del populismo’’.

Más allá del evidente lapsus en el momento de leer su discurso –o probablemente la confusión en los términos por parte de quienes lo escribieron–, me pregunto si el presidente nacional del PRI es consciente de que al pensar en una ‘‘regresión’’, lo único que puede venir a la memoria de los mexicanos es retroceder a la época autoritaria y de partido hegemónico priísta. Es decir, si bien parece claro que Ochoa Reza quiso decir ‘‘regresión autoritaria’’ en lugar de ‘‘regresión democrática’’, resulta curioso que la única regresión autoritaria posible en México sería regresar a la época en la cual gobernaba el PRI, previo a la transición a la democracia. Sin embargo, con toda la aparente convicción que lo caracteriza, rodeado de aplausos y de porras Ochoa Reza continuó su discurso argumentando que es responsabilidad de los mexicanos evitar el riesgo que implica el populismo, dado que pone en riesgo la ‘‘viabilidad económica’’ de México y la ‘‘pluralidad política de nuestra sociedad’’.

Por otro lado, resulta llamativo el hecho de que el presidente nacional del PRI haga referencia a la historia de su partido así como a la ‘‘tradición y de la memoria de las múltiples generaciones de priístas’’ que lo edificaron, al tiempo en que condena categóricamente el fenómeno populista. En los entornos en los cuales se analiza a profundidad el populismo, éste ha estado históricamente vinculado con los países latinoamericanos y sobre todo con la etapa de Getulio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina o Lázaro Cárdenas en México –artífice de la consolidación de las bases del Partido Nacional Revolucionario, precedente PRI–, y como bien dice Loaeza, tiene más que ver con una determinada relación entre el Estado y las clases populares, que con la violación de los derechos humanos o la pérdida de libertades.

Desde luego que una lectura sensata del discurso del dirigente nacional del PRI tiene que tomar en cuenta que no se trata de un entorno académico o científico, sino de un entorno político. Por tanto, resulta en gran medida predecible que si en el primero al hablar de populismo se busque utilizar los conceptos para describir y explicar la realidad, en el segundo sean utilizados de forma arbitraria e imprecisa, dado que lo que importa no es describir ni explicar sino granjear puntos al adversario y obtener rédito electoral. Como bien explicó Max Weber hace casi un siglo en El político y el científico, si bien es cierto que la política no tiene cabida en las aulas, una cosa es tomar posición y la opinión práctico-política, y otra muy distinta, el análisis científico de las estructuras políticas. Es decir, si uno habla de democracia en una asamblea (en este caso de populismo), no lo hace para ocultar su opinión personal; todo lo contrario, lo hace para tomar partido. Por tanto, en vez de usar el lenguaje como un instrumento de análisis científico, en este caso se hace para granjear simpatías políticas del contrario o como instrumento de propaganda política. Por tanto, en la asamblea priísta, las palabras ‘‘No son rejas de arado para labrar el terreno del pensamiento contemplativo, sino espadas para acosar al enemigo, medios de lucha’’. De ahí que en un entorno académico serio eso sería nefasto. En este último al hablar de democracia, según Weber, se debe abordar sus diversas formas, analizar su funcionamiento y contraponer la democracia con las formas no democráticas, procurando que el oyente desarrolle su criterio para poder tomar posición a partir de ‘‘sus propios ideales básicos’’. En consecuencia, el verdadero profesor será muy cauteloso al momento de aprovechar de determinada manera su labor en la cátedra o de empujar hacia una posición determinada (Weber, 1979, p. 211-212)[3].

En este sentido, al utilizar el concepto de populismo con fines políticos a Ochoa y su equipo les resultó inevitable hacer alusión a un tema estelar cuando se utiliza esta estrategia: Venezuela. Así, Ochoa expresó su solidaridad con sus hermanos venezolanos al decir que, ‘‘Todos los días vemos el retroceso y la división entre hermanos que vive Venezuela en un régimen populista y autoritario: ¡no lo podemos permitir!’’. Si bien se trata de una situación sumamente compleja y delicada, sobre la cual se ha escrito y se seguirá escribiendo bastante, es preocupante como cada vez más se utiliza el conflicto venezolano por parte de políticos como arma arrojadiza e instrumento de propaganda política a nivel nacional e internacional. No es algo que suceda sólo en México ni únicamente para atacar a López Obrador.

AMLO

En Colombia, previo a la resolución del plebiscito sobre los Acuerdos de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC, la oposición articulada alrededor del ex presidente Álvaro Uribe sembró miedo exitosamente a favor del No, utilizando la situación de Venezuela. Durante la campaña, Uribe dijo en reiteradas ocasiones que ‘‘El acuerdo de paz pone a Colombia en el camino de Venezuela’’ y que el presidente Juan Manuel Santos, ex ministro de defensa de Uribe, ‘‘está creando las condiciones para que lleguen los Chávez’’[4]. Igualmente, en España el ex presidente José María Aznar, como líder del Partido Popular –cuya principal oposición es Podemos– ha utilizado igualmente en reiteradas ocasiones la situación de Venezuela para atacar a la oposición. El ex presidente ha dicho en más de una ocasión –y con particular ahínco cuando se trata de tiempos electorales–, que Podemos es una ‘‘amenaza’’ para el sistema democrático, ‘‘por su naturaleza chavista-comunista’’.

Asimismo, otros políticos españoles como el diputado regional del Partido Popular, Antonio Lucas-Torres, han asegurado que Podemos va a ‘‘convertir a Castilla-La Mancha en la Venezuela española’’[5] y Albert Rivera, de Ciudadanos –el partido que le hizo posible al Partido Popular investir al presidente Mariano Rajoy–, viajó en pleno periodo electoral a Venezuela para visitar a Leopoldo López y decir desde ahí que Podemos ‘‘el único partido español que no apoya (…) a ‘los presos políticos’ de la oposición chavista’’[6]. Por último, en Italia el ex primer ministro Matteo Renzi utilizó la crisis de Venezuela, de nuevo, para decir que el partido de oposición, el Movimento Cinque Stelle, tiene a Venezuela como modelo de democracia, por lo que es responsabilidad de quienes le votan el reflexionar al respecto[7].

Cabe señalar que el problema con esta estrategia es que por más falaz o verdadera que pueda ser en el fondo, tiene en muchas ocasiones un alto grado de efectividad a través la forma. Como señala Manuel Alcántara, uno de los problemas más graves de la política latinoamericana que caracterizan –e igualmente a otras regiones del mundo– en este nuevo ciclo, es que se ha convertido en espectáculo. ‘‘La política se mueve o bien en los platós de televisión o en las redes sociales (…) Y lo que importa es lo que sucede ahí (…) no se necesita de partidos sino de técnicas de marketing y de recursos invertidos masivamente en la comunicación para convertir a alguien en presidente’’[8]. De ahí que, recurriendo a la ‘‘posverdad’’ –un concepto que si bien no es nuevo, el Diccionario de Oxford lo ha incorporado recientemente a su enciclopedia como ‘‘un híbrido bastante ambiguo cuyo significado ‘denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal–’ ’’[9], aunque la oposición haya acusado a Albert Rivera por grabar su ‘‘spot de campaña’’[10] desde Venezuela; el Movimento Cinque Stelle condene el uso político del sufrimiento de los venezolanos por parte de Renzi; y los acuerdos de paz en Colombia nada tengan que ver con ‘‘seguir el camino de Venezuela’’, es innegable que una mentira repetida mil veces puede parecer verdad.

De ahí que, en este escenario cobre particular importancia que académicos, analistas y estudiosos del tema, si bien suelen una menor capacidad de generar opinión pública que los políticos, jueguen un papel activo al denunciar tajantemente cada vez que los últimos, de cualquier color, hagan lo que Ochoa Reza: instrumentalizar el sufrimiento y el conflicto venezolano para su propio beneficio.

[1] Marquez, Cristian. (2017, 9 de junio). Populismo, ¿espejo de la democracia? Revista Replicante. Recuperado el 22 de junio a partir de : http://revistareplicante.com/populismo-espejo-de-la-democracia/

[2] Loaeza, Soledad. (2017, 18 de mayo). ¿Populista yo? La Jornada. Recuperado el 22 de junio a partir de: http://www.jornada.unam.mx/2017/05/18/opinion/025a2pol

[3] Weber, Max. (1979). El político y el científico. La ciencia como vocación. Madrid: Alianza Editorial.

[4] Paz Salas, María. (2016, 28 de septiembre). Álvaro Uribe: ‘‘El acuerdo de paz pone a Colombia en el camino de Venezuela. La Tercera. Recuperado el 23 de julio a partir de: http://www.latercera.com/noticia/alvaro-uribe-el-acuerdo-de-paz-pone-a-colombia-en-el-camino-de-venezuela/

[5] Eldiario.es (2017, 24 de enero). El PP culpa a Page y Podemos de convertir Castilla-La Mancha en ‘‘la Venezuela española’’. Recuperado el 23 de julio de 2017 a partir de: http://www.eldiario.es/clm/PP-Podemos-Castilla-La-Mancha-Venezuela_0_605089908.html

[6] Eldiario.es (2016, 25 de mayo). Albert Rivera no logra el permiso para visitar a Leopoldo López en la cárcel: ‘‘Aquí no hay libertad’’. Recuperado el 23 de julio de 2017 a partir de: http://www.eldiario.es/politica/Albert-Rivera-Leopoldo-Lopez-libertad_0_519699098.html

[7] Movimento5stelle. (2017, 4 de mayo). Strumentalizzare le morti in Venezuela è disumano. Recuperado el 23 de julio de 2017 de: http://www.movimento5stelle.it/parlamentoeuropeo/2017/05/strumentalizzare-le.html

[8] Nuñez, Rogelio. (2016, 21 de febrero). Manuel Alcántara: Las elecciones de 2018 nos dirán en qué época política entramos. Infolatam.

[9] Amón, Rubén. (2016, 17 de noviembre). ‘Posverdad’, palabra del año. El País. Recuperado el 24 de julio de 2017 de: https://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/16/actualidad/1479316268_308549.html

[10] Eldiario.es (2016, 24 de mayo). Iglesias acusa a Rivera de ir a Venezuela a rodar el ‘‘spot de campaña de C’s. Recuperado el 23 de julio de 2017 a partir de: http://www.eldiario.es/politica/Iglesias-Rivera-Venezuela-campana-Cs_0_519348617.html

Cristian Márquez es Estudiante del Máster en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, España. Licenciado en Ciencias Políticas y Gestión Pública por  el ITESO.

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