De espaldas a los tapatíos

|Por Juan José Doñán|

A mediados de septiembre del año pasado ­­­–es decir, pocas semanas después de su demagógica “ratificación de mandato” y mes y medio antes de pedir licencia para separarse del cargo de presidente municipal de Guadalajara para buscar por segunda ocasión la gubernatura de Jalisco– Enrique Alfaro y los regidores que lo acompañaban acordaron poner a la venta dos inmuebles que son propiedad de la comuna, es decir, de los tapatíos.

Uno de ellos es el edificio que en los años sesenta construyera el finado arquitecto Eduardo Ibáñez para ser la sede Registro Civil No. 1, por la avenida Alcalde, entre Torres Quintero y Silvestre Revueltas, enfrente del templo de Nuestra Señora del Sagrario, en la colonia Alcalde Barranquitas.

El otro el edificio sacado a la venta es el de las oficinas de Servicios Generales del propio Ayuntamiento de Guadalajara, en la esquina noroeste de Marsella y Pedro Moreno, en la colonia Americana.

Esta determinación tomada hace casi medio año por quien entonces era aún alcalde en funciones (Enrique Alfaro), con el respaldo del pleno del Ayuntamiento de Guadalajara, acaba de ser ratificada por el ahora alcalde interino Enrique Ibarra Pedroza y por la mayoría de los regidores.

De entrada, no es una buena señal que un gobierno municipal se dedique a vender a destajo el patrimonio de sus gobernados, ofreciendo al mejor postor (específicamente a particulares de la industria inmobiliaria) predios y fincas que podrían tener un mejor uso para los intereses de la ciudad y de quienes la habitan hoy y habrán de habitarla en las generaciones venideras.

Así lo planteó, el pasado 14 de febrero, en plena presidencia municipal de Guadalajara y ante la presencia de las autoridades tapatías, el presbítero Tomás de Híjar, al recibir de manos del alcalde interino Enrique Ibarra Pedroza, la Medalla Guadalajara.

De manera sensata, en esa ocasión el cronista de la arquidiócesis tapatía instó a quienes lo premiaban, por sus méritos en favor de la ciudad que llegaba a los 476 años de su existencia en el valle de Atemajac, para que reconsideraran su decisión de poner a la venta el predio que ocupa el edificio del Registro Civil No. 1, con la consecuente demolición de dicho inmueble, cancelando la propuesta de que esa apreciable construcción del recientemente desaparecido arquitecto Eduardo Ibáñez pudiera convertirse en una relevante prenda del pretendido Paseo fray Alcalde, reutilizándolo como biblioteca especializada en asuntos tapatíos y sirviendo también como sede de las distintas asociaciones consagradas a lo que Guadalajara es y ha sido a lo largo de su historia.

Tomás de Híjar recibiendo el reconocimiento el pasado 14 de febrero de 2018.

Aparte de esta petición del padre De Híjar, lamentablemente desoída por las autoridades tapatías, existen otras razones para oponerse a la desaparición del edificio del Registro Civil, así como a la enajenación inmobiliaria del terreno donde dicha construcción se encuentra desplantada, pues no sólo se borraría del mapa una finca de escala noble, sino que sería sustituido por otra que, con sus amenazantes 16 niveles es se convertiría –y por mucho– en el edificio más alto y aparatoso del Paseo Alcalde, rompiendo la escala del muy apreciable templo de Nuestra Señora del Sagrario, que se encuentra justo enfrente y el cual fue concebido por uno de los grandes arquitectos que han nacido en Guadalajara: Pedro Castellanos Lambley.

Otra razón es la inestabilidad del suelo y del subsuelo de una zona como Alcalde Barranquitas, donde son frecuentes los deslaves y hundimientos por tratarse de un terreno rellenado con escombro.

Y en cuanto a la pretendida justificación oficial de que con el invasivo edificio de departamentos, con 16 pisos de alzada, se estaría favoreciendo la vivienda vertical de gran escala en el primer cuadro de Guadalajara, dicha afirmación no pasa de ser una salida demagógica, pues de querer impulsar de veras un repoblamiento de la zona, tendría que concebirse un proyecto global de redensificación habitacional del centro tapatío, comenzando por la rehabilitación y el repoblamiento de la media docena de los semideshabitados de departamentos que se ubican en el entronque de la avenida de los Maestros y Normalistas, en la misma colonia Alcalde Barranquitas, a pocas cuadras del templo de Nuestra Señora del Sagrario y del desahuciado edificio del Registro Civil.

Por último y más allá de justificaciones y atajos demagógicos, hay que algo no está bien en un gobierno que se dedica a rematar los bienes públicos o de plano a regalarlos como ocurrió, por ejemplo, con el Jardín de Mexicaltzingo, cuyo subsuelo entregaron en donación el alcalde con licencia Enrique Alfaro y el pleno del Ayuntamiento de Guadalajara al insaciable grupo político que regentea a la Universidad de Guadalajara, a fin de que pueda construir ahí un estacionamiento subterráneo para servicio de su farandulero teatro Diana.

Todo lo anterior, aquí y en China, es actuar de espaldas a la sociedad y, peor aún, hacerlo en contra los intereses de esa misma sociedad.

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