Estampas del FICG

1.

Terminó el Festival Internacional de Cine de Guadalajara con una edición inusual, la 33, en la que la presencia de Guillermo del Toro opacó casi todo lo demás. Precedido de sus triunfos Hollywoodenses, el carismático director tapatío tuvo tres encuentros con jóvenes -llamados pomposamente “master classes”- en los que con su desparpajo acostumbrado ofreció su propia visión del cine y con su generosidad, agudeza y sentido del humor logró entusiasmar a los miles de asistentes tanto al CAE como al Telmex, así como a quienes pudieron seguir las transmisiones en Canal 44 y Radio Universidad. Las palabras de Guillermo es seguro que resulten inspiradoras para quienes, desde acá, tienen la ambición de desarrollar una carrera cinematográfica. Su participación fue, creo, un gran acierto del FICG.

2.

Guillermo del Toro, igual que González Iñárritu y Cuarón, han tenido éxito internacional gracias a una combinación de talento, perseverancia y suerte. En México difícilmente habrían alcanzado tales logros tomando en cuenta la precaria situación de nuestra industria del cine. Un ejemplo: el premiado documental “La Libertad del Diablo” de Everardo González, se estrenó en salas comerciales este fin de semana. Fue la película ganadora del Premio Mezcal en el Festival del año pasado, pero tuvo que pasar un largo año antes de que alcanzara las pantallas nacionales. Y tuvo suerte, porque lo común es que las películas mexicanas que se ven en el Festival, tarden mucho más o de plano nunca lleguen a la exhibición comercial. Así es muy difícil hablar de “industria”.

3.

Entre las buenas cosas que se vieron en esta edición del FICG, destaco la sección Son de Cine, en la que se exhiben documentales relacionados con música. Pude ver tres de ellos, todos interesantes y disfrutables:

Del primero, Rita -acerca de la cantante del grupo Santa Sabina-, ya escribí la semana pasada.

El segundo, Las Manos de Alicia, una película referida a la célebre pianista catalana Alicia de Larrocha, es un conmovedor retrato de una de las grandes figuras en la escena de la música clásica de todos los tiempos. Alicia, mujer menudita de apenas 1.45 de estatura, tenía manos pequeñas que, sin embargo, eran capaces de tocar portentosamente a Rachmaninov. Además, su repertorio era extensísimo y sus interpretaciones notables: desde los consabidos compositores españoles (De Falla, Albeniz, Granados, Mompou) hasta Beethoven, Mozart, Chopin, Debussy, Ravel y muchos puntos intermedios.

El tercero fue Fattoruso, dedicado a uno de los músicos más excepcionales que hayan surgido en el cono sur, Hugo Fattoruso, cuyo reconocimiento internacional no ha llegado al sitio que merecería. En el documental se aprecia un recorrido por toda la trayectoria de este músico, desde sus inicios en aquel grupo uruguayo imitador de los Beatles, Los Shakers, que tuvo fuertes repercusiones en sudamérica durante los años sesenta, hasta sus incursiones en Estados Unidos con el grupo OPA al lado de Airto Moreira, su vida musical en Brasil y su regreso a Uruguay donde vive y trabaja actualmente. También se pueden escuchar testimonios de músicos con quienes Hugo colaboró en distintos momentos de su amplia carrera: Chico Buarque, Djavan, Milton Nascimento, Fito Paez, Jaime Ross. Todos expresan una ilimitada admiración por el uruguayo quien, a pesar de su talento, siempre ha conservado un perfil más bien bajo pero con una incuestionable calidad musical. Fattoruso es, además, el nombre de una familia musical de amplio reconocimiento en Uruguay y Argentina.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 50 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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