Para explorar la relación entre mafia y capitalismo

Originalmente publicado en 1964 en alemán y, en español, en 1987 –bajo el sello de Anagrama y la traducción de Lucas Sala–, La balada de Al Capone: mafia y capitalismo (Errata Naturae, 2013), del escritor alemán Hans Magnus Enzensberger, fue puesta en circulación de nuevo hace pocos años por otra editorial ibérica, en un formato de bolsillo y con un atractivo diseño que, sin embargo, no resta a su contenido una actualidad estremecedora, si se toma en cuenta que los textos reflexivos que pueden hallarse en el mercado y que aborden la problemática (y longeva) relación entre crimen y economía, a la luz de la figura mítica del gánster, no son numerosos (al menos en nuestra lengua).

Para Enzensberger, ganador del Premio Príncipe de Asturias en 2002, la cuestión es no olvidar que el crimen es una actividad que se “beneficia” enormemente cuando alguien (en este caso Al Capone, su ejemplo) llega, por las razones que se desee, a explotar su potencial organizativo como si se tratara de una empresa, de manera que la comparación entre un capo y un empresario “no es mera metáfora” y, al convertirse en una historia de “éxito” delincuencial gracias a una legislación prohibitiva que ofrece un marco de acción, dedicarse a violentar la ley no es sino una circunstancia que coloca a quien ostenta el poder en el umbral de convertirse en una figura mítica (en este sentido, el análisis de las condiciones sociales y los elementos de la tradición cultural en la ciudad de Chicago es bastante ilustrativo).

Así, al escoger apenas un momento –aunque importante– en la historia de la mafia y las organizaciones criminales, lo que persigue Enzensberger es que no perdamos de vista que se trata asimismo de una evidencia de la relación entre el capitalismo y el crimen, una pareja que no ha conocido el distanciamiento a lo largo de los siglos. El florecimiento de alguien como Capone (o el desarrollo y evolución de la Camorra napolitana, que se aborda en el segundo ensayo del libro) se liga no sólo a la lógica económica sino a la dinámica social que, no sin cambios, ha favorecido que el crimen afiance sus estrategias sin la necesidad de abandonar sus propósitos ni ganancias (que se han incrementado).

En estos términos, no sería gratuito que –justo en tiempos como los que corren– el lector estableciera inevitables paralelismos entre la mafia siciliana y sus métodos de acción con las organizaciones criminales de la actualidad en un país como México. El maridaje entre crimen y capitalismo refleja, a lo largo del tiempo, cómo estas organizaciones (y sus líderes) dejan progresivamente de ser desorganizados para volverse eficaces sin perder virulencia pues, como apunta el mismo Enzensberger, aprendiendo las lecciones del pasado, “no llevan pistola y pagan puntualmente sus impuestos” y, por si fuera poco, “ganan más” que sus antecesores.

Como algunos (muy) pocos textos, La balada de Al Capone: mafia y capitalismo parte de un esbozo ejemplar y conjunta dos extensos ensayos que, lejos de envejecer, han acentuado su importancia y su particular tufo de vigencia. En un entorno que tiende a olvidar los hechos del pasado cercano y desestimar elementos de análisis, este pequeño volumen puede servir como “recordatorio” y herramienta para mirar (y buscar comprender) el panorama contemporáneo.

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