Febrero loco

|Por Juan José Doñán|

En el ámbito popular, el segundo mes del año ha sido considerado como esencialmente inestable y caprichoso, y no sólo por su remarcada inconstancia meteorológica, sino porque en el aspecto cronológico es igualmente atípico, pues como se sabe no sólo es el mes más breve del calendario, sino que cada cuatrienio, con la llegada del famoso año bisiesto, suma 24 horas adicionales a sus acostumbrados 28 días. Es por todo ello que, desde tiempos remotos, se le colgó el epíteto de “febrero loco”.

Y como si el ventoso febrero fuere propicio de veras para toda clase de desfiguros, disparates y otras conductas anómalas, muy rara vez faltan en él los hechos insólitos y los personajes públicos a quienes les da por echar alegremente su gato a retozar.

Así, por ejemplo, en días recientes se multiplicaron las asociaciones políticas de la comarca que hicieron cola en las oficinas del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana –que, por cierto, en estos días está a punto de mudarse de domicilio– para tratar de conseguir su registro como partidos políticos. ¡Y eso que, según el parecer muchos, este tipo de asociaciones, cuyo objetivo es llegar al poder público, atraviesan por una época de crisis y de gran descrédito social! Que, si no, de seguro sería rara aquella tertulia de café a la que no le diera por querer tener también su propio partido político.

En el caso particular de las agrupaciones tapatías a las que, repentinamente, les ha dado por querer convertirse en partidos políticos, sorprenden varias cosas: su crecido número (17) y el hecho de que, en su inmensa mayoría, no sólo carecen de una identidad ideológica definida, sino de un ideario político elemental, con la excepción del grupo que se autodenomina Partido Antiabortista Provida, que con su solo nombre ya plantea a las claras cuál es su bandera política y cuál su razón de ser.

Pero el resto de esos grupos políticos, que aspiran a ser partidos ídem, son punto menos que siglas, siglas que poco o nada dicen: Movimiento Nueva Era, México Entregado a la Transformación, Hagamos, Unión por la Patria, Avancemos, Jalisco en Acción, MAS, Partido Reformista, UNE México, Independientes Unidos por Jalisco, Podemos X Jalisco, etcétera.

Entre las curiosidades de esta proliferación de aspirantes a convertirse en partidos políticos, sobresale el caso de dos agrupaciones encabezados por sendas personas que, aunque con resultados igualmente adversos, en las pasadas elecciones se postularon como candidatos independientes, aun cuando luego uno de ellos aceptara ser el abanderado del Partido Verde Ecologista a la gubernatura de Jalisco.

Se trata de Salvador Cosío Gaona, un personaje de la grilla local que ha pasado por casi todos los partidos políticos, ya como militante, ya como candidato o ambas cosas, y quien ahora busca tener su propio partido: Hagamos. En caso de que a su promotor le cuajara la grenetina, habría que preguntarse si serviría para algo este eventual partido político.

Por lo pronto, es seguro serviría para hacer bola y para aumentar la confusión de los electores, en el entendido de que quien lo promueve, el señor Cosío Gaona, a quererlo o no, ha terminado por convertirse en una suerte de mil usos de la vida pública de la aldea: priista, perredista, morenista, “independentista”, ecologista… más lo que se agregue en este sexenio; aparte de notario público; paladín de causas variopintas, y columnista de asuntos políticos y hasta deportivos en distintos diarios de la localidad y en otras publicaciones periódicas del rumbo.

Un caso distinto es el de Pedro Kumamoto y la agrupación de jóvenes que se autodenomina “Wikipolítica” y porta por emblema un árbol. Personas voluntariosas y bienintencionadas, Kumamoto y asociados aparecieron en la vida pública de la comarca, hace poco más de cuatro años, enarbolando la bandera del independentismo partidista e insistiendo en la decadencia, presuntamente irreversible, de los partidos políticos.

Como ya ha sido señalado por otros, lo singular del caso es que ahora a los jóvenes wikis, quienes cargan con cierto lastre clasista, les ha dado también por querer organizarse como partido político y reivindicar un tipo de organismos públicos que apenas ayer decían aborrecer.

Por supuesto que también se podría decir que la influencia del febrero loco, zafra 2019, se ha resentido también en otros ámbitos como en el costoso circo llamado Festival de la Luz, donde en pocas horas la autoridad municipal derrocha varias decenas de millones de pesos, o como en el caso de José Trinidad Padilla López, quien en sus mocedades fuera uno de los cabecillas de la siniestra Federación de Estudiantes de Guadalajara, y que ahora acaba de ser designado presidente de un organismo llamado Red Internacional de Derechos Humanos.

En el terreno de las musas, el sesquicentenario de la muerte de Hector Berlioz, uno de los más grandes orquestadores de la historia de la música, aniversario que se cumple el próximo 8 de marzo, va a pasar de largo para la Orquesta Filarmónica de Jalisco y para su nuevo director, Jesús Medina, pues no programaron una sola obra del gran compositor francés en los conciertos anunciados para su temporada de primavera, que comienza el jueves de la semana entrante.

Otro equívoco mayúsculo es lo que acaba de suceder en una de las glorietas de la avenida Belisario Domínguez, de donde fue retirada la estatua de ese insigne tribuno chiapaneco para instalar en su lugar una más de las esculturas del desventurado proyecto municipal de “Arte Público”.

Para éstas y otras pifias, cortesía de nuestra fauna política –y también de nuestra flora ídem– de seguro no faltará el espíritu comprensivo y hasta exculpatorio que quiera responsabilizar al villano favorito de estos días: el breve e inestable “febrero loco”.

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