Fuera máscaras

Anaya Padilla
Foto: El Financiero

|Por Juan José Doñán|

Más allá de lo que pudieran determinar las autoridades electorales, existe algo anómalo cuando un funcionario público se va a una campaña político-partidista sin antes haber renunciado –o al menos pedido licencia temporal– al cargo que detenta a cuenta del erario.

Y ello por al menos tres razones: porque ya no atendería cabalmente, de tiempo completo, su trabajo en la función pública, que debe ser apartidista sin medias tintas; en segundo lugar, por la fundada sospecha de que dicho funcionario puede aprovecharse de los recursos de la institución o dependencia pública en que labora, y por último porque, a quererlo o no, estaría arrastrando a esa dependencia o institución a una contienda de carácter partidista, algo que es ajeno a su razón de ser.

No obstante lo anterior, eso es precisamente lo que acaba de hacer el miércoles de esta semana el ex rector de la Universidad de Guadalajara, Raúl Padilla López, quien ese día se sumó abiertamente a la campaña presidencial del candidato de la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya, como su coordinador de “enlace con la comunidad cultural” (El Informador, 5 de abril).

Padilla López no sólo fue rector de la UdeG, de 1989 a 1995, sino que desde entonces ha sido algo más que un multifuncionario de la misma casa de estudios, pues en la práctica –y por encima incluso de las autoridades formales– actúa nada menos que como mandamás de esa institución pública, la cual opera y se sostiene con el dinero de los contribuyentes.

Al decidir sumarse a la campaña de Ricardo Anaya y aun cuando sólo hubiera sido para taparle el ojo al macho, el mencionado supra-funcionario de la UdeG, en su condición de autoridad omnímoda de la universidad pública de Jalisco debió haber pedido licencia a sus múltiples cargos en la misma, y al no hacerlo está llevando indebidamente a esa institución a una contienda partidista que no le compete a dicha casa de estudios. Y ello porque, para empezar, le está granjeando a la UdeG el desafecto de las otras fuerzas políticas, tanto federales como locales, que participan en el presente proceso electoral, al figurar, por causa del activismo político de sus dirigentes, como una institución partidaria y aun aliada de uno de los contendientes.

En este sentido, otros funcionarios de la UdeG como Tonatiuh Bravo Padilla y Mara Robles, al menos renunciaron a los cargos de rector general y de rectora de uno de los centros universitarios regionales, respectivamente, antes de ser postulados oficialmente como candidatos a cargos de elección popular por la misma coalición partidista Por México al Frente.

Ya desde el año pasado era evidente que el grupo político que antidemocráticamente regentea a la UdeG no sólo simpatizaba, sino que estaba dispuesto a hacer causa común con esa coalición integrada por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Movimiento Ciudadano (MC).

Así, por ejemplo, durante la edición más reciente de la Feria Internacional del Libro (FIL), de la que Raúl Padilla es algo así como presidente vitalicio, el susodicho recibió en su domicilio particular a los dirigentes nacionales de los partidos políticos mencionados, y entre ellos al ahora candidato presidencial Ricardo Anaya, reunión a la que, por cierto, también asistieron Enrique Alfaro, por entonces alcalde de Guadalajara y ahora candidato a la gubernatura de Jalisco por Movimiento Ciudadano, así como varios intelectuales capitalinos identificados también con la coalición Por México al Frente como Jorge G. Castañeda.

Y hace un par de meses, durante el periodo de precampañas, el único aspirante presidencial que fue recibido en el campus de la UdeG, fue precisamente Ricardo Anaya, y quien fungió como anfitrión fue el entonces rector Tonatiuh Bravo Padilla y ahora candidato a una diputación por la misma colación que postula a Ricardo Anaya.

Por otra parte, caben algunas preguntas. ¿La presencia del cacique mayor de la UdeG en la campaña del candidato presidencial de Por México al Frente va a traducirse en simpatías y votos a favor de Ricardo Anaya, por la supuesta buena relación de Raúl Padilla con la comunidad intelectual? Lo más probable es que no y que, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, la comunidad universitaria de la UdeG vuelva a tomar distancia en las urnas de las preferencias electorales de la camarilla que antidemocráticamente regentea a la institución.

Y en el caso, bastante probable por lo demás, de que Ricardo Anaya no gane las elecciones presidenciales del próximo primero de julio, ¿cómo sería vista la UdeG por parte de quien resulte ganador de la contienda? De entrada, la casa de estudios quedaría señalada, por culpa de algunos de sus principales cabecillas, de haber tomado partido en contra del sucesor de Enrique Peña Nieto. Y ésa no sería ninguna buena noticia para la universidad pública de Jalisco.

Y todo por el descarado abuso cometido por integrantes de la cúpula padillista, quienes ahora mismo, comenzando por su cacique mayor, andan en campaña, con el agravante de estarse llevando al baile electoral a su alma mater, a la que no respetan y de la cual, de manera indebida e impune, se siguen aprovechado.

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