Fuerzas armadas: la defensa oscurantista de Peña

|| Ahora resulta que no podemos criticar a las fuerzas armadas porque somos apátridas, que no podemos señalar sus errores porque las lastimamos y que no podemos condenar sus abusos porque los denigramos. Y de paso al país.

| Ismael Bojórquez |

Por lo menos eso se infiere del discurso del presidente Enrique Peña Nieto en una atípica reunión que tuvo la semana pasada con integrantes del Ejército y la Marina y sus familias, en el Campo Militar número 1 de la Ciudad de México.

“Quienes denigran la labor de nuestras Fuerzas Armadas, denigran a México; quienes lastiman a nuestras Fuerzas Armadas, lastiman a México; quienes desacreditan el trabajo de nuestras Fuerzas Armadas, desacreditan a México”, dijo.

La condena del presidente a “quienes han fustigado a nuestras Fuerzas Armadas”, estuvo dirigida al presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, luego que  éste dijo en Nueva York, que quienes tienen que responder por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, son el presidente y  las fuerzas  armadas.

Lo que dijo Andrés Manuel, más allá de su (im) pertinencia política en tiempos electorales —estamos en el umbral del 2018— fue fustigado por sus opositores, tanto desde el gobierno federal, como de los partidos, hasta de izquierda. Graco Ramírez —gobernador perredista de Morelos— por ejemplo, dijo desde Washington, en una comparación oportunista, que López Obrador y Donald Trump son la “tormenta perfecta”.

Es verdad que no era ni el lugar ni el momento para que el líder de Morena se lanzara contra las fuerzas armadas, pero la reacción de sus opositores va desde la ruindad hasta el oscurantismo, esto último reflejado en el discurso del presidente el martes pasado, que no solo va contra AMLO por sus dichos en Nueva York, sino contra todo aquel que ose hablar mal de las fuerzas armadas, sin importar la razón.

¿Quería el presidente de la república condenar a López Obrador? Pues lo hubiera hecho señalándolo a él, pues nadie ni nada se lo impide. Pero prefirió la retórica y con ello metió en la misma canasta a periodistas, medios de comunicación, organismos de derechos humanos, organizaciones civiles y familias que, con mucha frecuencia, están cuestionando los abusos cometidos por las fuerzas armadas en sus operativos contra la delincuencia.

Y no puede hablarse de improvisación, porque el evento no tenía un precedente, fue diseñado para eso, para que el presidente arropara a las fuerzas armadas y éstas al presidente, en una maniobra institucional de tres bandas, que pega a un aspirante presidencial que encabeza las encuestas, manda un mensaje intimidatorio a la prensa crítica y presiona al poder Legislativo en momentos en que está a punto de aprobarse la Ley de Seguridad Interior, el marco legal que se pretende para justificar una mayor injerencia de las fuerzas armadas en la vida pública.

Más aun, por esta última razón, porque las fuerzas armadas están buscando un marco legal que justifique su participación en la lucha contra la delincuencia en la que fueron metidas, es que tienen que ser menos reactivos a la crítica y a los señalamientos cuando de abusos se trata. Ni ellos, ni el presidente, ni el secretario de Gobernación —que fue uno de los primeros que saltó contra el Peje—, pueden negar los excesos de las fuerzas armadas en muchos casos, algunos de ellos plenamente documentados.

Desde Ríodoce le hemos dado seguimiento a muchos hechos en los que, tanto la Marina como el Ejército, han incurrido en excesos con la población, prácticas casi de “tierra arrasada” en comunidades serranas, detenciones ilegales, tortura física y sicológica, rapiña, asesinatos de menores de edad como el joven Miguel Ángel N, ejecutado por elementos de la Armada de México en noviembre de 2014 en Eldorado, Sinaloa, durante una persecución, cuando éste viajaba en una motocicleta.

Y esto no nos hace apátridas. Y no lo hacemos por denigrar a las fuerzas armadas, por lastimarlas, sino por dar a conocer acciones que nos han parecido de interés público. No lo hacemos con “dolo”, sino por obligación; no lo hacemos por “ignorancia”, como lo dijo el presidente: siempre hemos documentado lo que publicamos.

Ahora, volviendo a lo dicho por el Peje, la mejor forma de callarlo sería aclarando el caso de los muchachos desaparecidos en Iguala. Vamos para tres años sin saber de ellos y el gobierno no ha informado qué pasó con los muchachos, dónde están o dónde quedaron sus cuerpos, quiénes los asesinaron y dónde fueron desaparecidos sus restos. En todo caso, el  proceder de las instituciones del gobierno, empezando por la PGR, ha sido turbia y nefasta. Y tampoco se ha aclarado qué hicieron y qué no los elementos de la base militar de Iguala esa madrugada, cada vez más cuestionado su proceder por diversas investigaciones, algunas de ellas periodísticas.

 

¿DÓNDE ESTABA, POR CIERTO, LA PGR, cuando todo el mundo comentaba en Nayarit que el Fiscal, Edgar Veytia, estaba coludido con el narcotráfico? ¿Dónde estaba Miguel Ángel Osorio Chong? ¿Dónde el Cisen? ¿Dónde el PRI? ¿Dónde el congreso estatal y el gobernador? ¿No es una vergüenza y una afrenta para las instituciones de seguridad de nuestro país que Veytia haya sido detenido en los Estados Unidos por la DEA y no en México por la PGR? ¿Lo dejaron ser con dolo o por ignorancia?


Agradecemos a por compartir este trabajo

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