Futurismo

Orquesta Filarmónica de Jalisco

|Por Juan José Doñán|

El fin de semana antepasado, Alejandro Elizalde, quien desde años preside el Patronato de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, uno de esos membretes que pretenden dizque representar a la sociedad civil, salió a hacer futurismo para su propia causa y para los de sus asociados (los integrantes del patronato de marras), pidiéndole al inminente nuevo gobernador del estado, Enrique Alfaro, que no se le vaya ocurrir designar a un nuevo presidente del organismo que encabeza el señor Elizalde, organismo que cuando fue creado se comprometió a absorber una parte de los gastos de la sinfónica de la comarca, algo que hasta ahora no ha cumplido.

Y no obstante esto último, Alejandro Elizalde no sólo le exigió al próximo mandatario estatal que lo ratifique en el cargo, sino que haga lo mismo con la secretaria de Cultura, Myriam Vachez, e igualmente con el director titular de la Orquesta Filarmónica de Venezuela, ¡perdón, de Jalisco!, el ítalo canadiense Marco Parisotto, dizque porque todos ellos han venido haciendo muy bien su trabajo, hasta el extremo de haber logrado ubicar, según Elizalde, a la Filarmónica de Jalisco entre “las diez mejores orquestas del mundo” (El Informador, 20 de julio).

Con tamaño disparate y con sus descaradas pretensiones, es obvio que el señor Elizalde ni sabe lo que dice y lo único que está haciendo, aparte de buscar sorprender a los incautos, es intentar hacer futurismo, jugando el impostado papel de protector de las artes, particularmente de la música orquestal.

“Jugando”, porque ni el susodicho ni los demás presuntos patronos o patrocinadores de la OFJ aportan lo necesario para pagar siquiera el sueldo del primer violín de la orquesta, ya que todos los gastos fijos de la agrupación orquestal –comenzando por el sueldo de Marco Parisotto y el de su esposa, que, por cierto, cobran en dólares– los paga el gobierno de Jalisco, es decir, los contribuyentes del estado, de tal suerte que el señor Elizalde, junto con sus socios y amigos son sólo mecenas de dientes para afuera, algo que, por lo demás, no es raro entre el empresariado jalisciense, que suele asumir el papel de mecenas, siempre y cuando la cuenta la pague papa gobierno.

Y en cuanto al disparatado dicho de Alejandro Elizalde, en el sentido de que la OFJ figura ya –gracias a todos los antes mencionados, se sobreentiende– dentro del top tende las orquestas del mundo, es como para morirse de risa, pues ni siquiera podría estar entre las diez mejores orquestas del área de la Concacaf…

Pues existe por lo menos un medio centenar de orquestas estadounidenses y canadienses que están muy por encima del ensamble que regentea el señor Parisotto, orquestas a las que habría que sumar, entre otras, a la Sinfónica Nacional de Cuba, la Sinfónica de Sao Paulo y a la del Estado de México, considerada desde hace mucho tiempo como la mejor de nuestro país.

Así que a otros crédulos con ese embuste de que la sinfónica tapatía es una de las diez mejores orquestas de la Vía Láctea, una pretensión ridícula que lo único que manifiesta es ignorancia por parte de quien la propala, o la dolosa y burda intención de engañar a la gente.

Con su nombre actual de Orquesta Filarmónica de Jalisco, dicha agrupación nació hace treinta años, a finales del gobierno de Enrique Álvarez del Castillo, luego de que se liquidara a los integrantes de la orquesta anterior (la Sinfónica de Guadalajara), recontratando, de manera por demás dispendiosa, a la mayoría de los mismos músicos de la orquesta recién disuelta.

Para ello se creó un fideicomiso, con una aportación inicial de 2 mil millones de pesos por parte del gobierno del estado, y con la esperanza manifiesta de que la sociedad organizada de Jalisco (el sector empresarial, los sindicatos, las universidades públicas y privadas, etcétera) participara en la fórmula “peso por peso”, es decir, que absorbiera la mitad del costo de la orquesta y que el gobierno del estado aportara la otra mitad.

Pero a la hora de la verdad, la fórmula no funcionó. Meses después Álvarez del Castillo pidió licencia para separarse del gobierno de Jalisco e ir a integrarse al gabinete de Carlos Salinas de Gortari como titular de la PGR.

Presupuestalmente la naciente OFJ se quedó desguarnecida, pues nunca llegaron al fideicomiso las aportaciones que haría el sector privado, de suerte que para que la orquesta siguiera funcionando se debió de echar mano del capital semilla que había aportado el gobierno de Álvarez del Castillo, y el cual se consumió en unos cuantos meses.

Cuando Guillermo Cosío Vidaurri llega al gobierno de Jalisco, a principios de 1989, se encontró con un fideicomiso de la OFJ quebrado y autorizó que a través de la recién creada Secretaría de Educación y Cultura se sostuviera a la orquesta, removiendo al equipo que la administraba y ofreciéndole la batuta de la misma al director jalisciense José Guadalupe Flores. Desde entonces quien paga el sostenimiento de la OFJ es el gobierno de Jalisco.

Pero no obstante que la figura del Patronato de la OFJ no ha cumplido la función para la que fue creado, ociosamente se conservado hasta ahora, cuando a los tacaños patos les ha dado por dispararle a la escopeta, amagando incluso con encañonar al gobernador electo de Jalisco, al que se le ha exigido, en voz del señor Alejandro Elizalde, que en la OFJ y en la SCJ se mantengan las cosas como han estado hasta fecha.

¿Descaro o futurismo político del señor Elizalde, desde una presunta representación de la “sociedad civil”? Quizás ambas cosas.

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