El futuro a pan y coca

Sepa la bola

Se dice que vivimos en un país de libertades, donde –al menos en teoría– las personas eligen qué hacer los viernes y sábados; eligen qué tacos de la esquina comer, invitar un café a una persona –ya si acepta o no, es otro rollo–; eligen si comprar un carro o una bicicleta. También eligen su veneno: alcohol, tabaco, dulces. Las primeras son dos drogas socialmente aceptadas, legales y hasta reguladas a tal grado de que –nuevamente, al menos en teoría– no se puede ingerir unos tragos de tequila en la calle ni unas chelas en el parque. Mientras que la segunda, en los últimos años –perdón, pero es que este país está lleno de “en teorías” y esta no es la excepción– se ha regulado su consumo en lugares cerrados para no dañar la salud de los “no fumadores”.

Pero esta vez dejaremos en paz a los alcohólicos y fumadores para centraremos en los amantes de los chocolates, dulces, malteadas y pasteles. Coman, coman, coman postres. Coman nieves hasta empalagarse. Compren güafles y llénenlos de miel de maple. Vayan a la tienda y compren pan dulce del osito color azúcar glas. Total, qué va a pasar.

Les tengo una mala noticia: la diabetes mellitus es la primera causa de muerte en el Jalisco desde 2006 a 2016. La Secretaría de Salud Jalisco (SSJ) tiene registro de 58 mil 152 muertes a consecuencia de la diabetes en el lapso ya mencionado. En 11 años, esta causa ha aumentado 21%.

La Organización Mundial de la Salud define la diabetes como “una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no produce insulina suficiente o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce”. Algunas de las causas son una mala alimentación y falta de actividad física.

Y claro, vivimos en un país donde el tiempo ya no alcanza para cocinar alimentos con menos grasa, pero en el que también abundan los amantes de las fritangas. Vivimos en un país donde la coca y el agua cuestan prácticamente lo mismo y a la vez creemos que es más fácil mandarle a los niños como refrigerio escolar pan dulce empaquetado y una coca, que fruta y una torta de huevo.

Los habitantes en México llevan décadas abandonando el campo, yéndose a las ciudades –donde apenas alcanzan los sueldos– para buscar mejores oportunidades económicas, aunque implique dejar sus tierras donde producían una parte de su alimento. En contraparte, los jipsters han adoptado la moda de tener sus no tan baratos huertos urbanos.

¿Tiene responsabilidad el gobierno? Por supuesto, no solamente porque en el Artículo cuarto de la Constitución del país se dice que “toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. El Estado lo garantizará”, sino porque el Estado cobra el famosísimo Impuesto Especial sobre Producción y Servicios –IEPS, pa’ la banda– que es impuesto indirecto, es decir, no lo paga el productor y se lo cobran a sus clientes en la abarrotera, por ejemplo. En el caso de las bebidas azucaradas, endulzantes, extractos de sabores, jarabes, se paga un peso por litro. Los energizantes un 25% de su costo. Mientras que los panes, chatarra y dulces pagan, 8%. Es decir el Estado –en teoría, sí, en teoría– cobra para desincentivar su consumo. A todos los ya mencionados se le suman las bebidas alcohólicas, el tabaco y la gasolina. Qué casualidad, todos estos elementos son protagonistas en la vida del país y más bien pareciera una medida recaudatoria.

La otra cara del problema es que la diabetes no solamente nos mata, nos adelgaza la cartera pública. La revista Forbes publicó en 2016 que esta enfermedad nos cuesta 3 872 millones de dólares (unos 73 mil 568 millones de pesos) al año.

La diabetes nos está matando, pero mucho tiene que ver con nuestros hábitos, la ineficiencia de las políticas públicas en materia de salud y el ritmo de vida donde hacer ejercicio y comer saludable es un lujo. Mientras no cambiemos, esta dulce vida la seguiremos nutriendo con pan y coca.

Migaja

Murió el periodista y ensayista Sergio González Rodríguez. Fue enterrado en el panteón de Dolores. Hace unas semanas intenté ponerme en contacto con él mediante un correo electrónico que me había proporcionado. Me respondió otro Sergio: “Siento comunicarle que este mail es incorrecto. Recibo mails dirigidos a Sergio González el escritor, pero yo soy un arquitecto que resido en España. Si consigue ponerse en contacto con él, ¿podría comunicarle que alguien está difundiendo una cuenta de email errónea?”. Ahora ya será imposible.

Julio González
Acerca de Julio González 49 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

2 Comments

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  1. ¿De qué nos morimos en Jalisco? - Okupo

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