Gabriel Canales, ‘in memoriam’

Estando fuera de México me enteré de la sorpresiva muerte de mi amigo Gabriel. Apenas hace unas semanas cenamos juntos en su casa, como lo hacíamos cada tanto desde hace muchos años. Era un placer disfrutar de su plática y sus dotes como cocinero excepcional.

Hoy, con enorme tristeza comparto este texto que alguna vez escribí acerca de él y que trata de dar cuenta de un ser humano generoso que le apostó al arte y a vivir la vida como se le presentara:

Gabriel Canales nació en Tecuala, Nayarit y estudió odontología por darle gusto a su padre quien, como sucede con frecuencia, no creía mucho en las vocaciones artísticas. Había estudiado en un sitio por entonces poco propicio para las libertades de pensamiento –la Universidad Autónoma de Guadalajara– y practicaba su profesión, sin mucha convicción, sospecho, en su consultorio de avenida Niño Obrero, a donde yo mismo llegué a ir a atenderme de algún problema dental. En realidad pensaba en el cine, el teatro y las artes en general. Cuando lo conocí, había emprendido la dirección de una adaptación teatral de un cuento de Elena Poniatowska protagonizada por nuestro amigo común Julio Haro en el Teatro Alarife. Solía hablar con gusto de las películas que lo entusiasmaban. También le gustaba la cocina. Un día supe que en un concurso de repostería se ganó un viaje a Francia como premio. Ese fue un gran cambio en su vida: dejó para siempre la odontología, se dedicó a viajar y a cocinar. En uno de sus viajes por Alemania se entusiasmó con los tapices: descubrió unos pequeñitos que se tejían en bastidores minúsculos hechos con cerillos de madera y encontró su vocación, la de tejedor. Era 1983. Acerca de aquel encuentro vocacional Gabriel decía:

Tejer en telares hechos con cuatro cerillos de madera fue casual, mágico. Y también azaroso (…) Soy autodidacta, desarrollé mi técnica por terquedad, insistiendo (…) Mis primeros tapices medían 2.5 x 2.5 cm. Eran finos porque usaba hilos de los costureros de casas de amigos en Darmstadt y Hamburgo, Alemania. Luego por cortesía de Brito Speaker en Urdorf, Suiza, comencé a tejer con hilos daneses de algodón un poco más gruesos (…) Si en 1983 me hubieran dicho que al año siguiente tendría mi primera exposición en Berna, Suiza, hubiera preguntado: ¿qué voy a exponer?

Gabriel festejó 25 años de aquel hallazgo con la edición de un calendario para el 2009 diseñado por Felipe Covarrubias –quien también fue su galero en Guadalajara– en donde exhibía dos de sus pasiones: sus tapices y sus recetas de cocina, o más bien dicho, las deliciosas recetas robadas a sus muchos amigos. En las dos facetas hay color, forma y textura y me atrevería a decir que hasta aroma y sabor. Las dos son, por supuesto, expresiones artísticas que, en el caso de Gabriel, se complementan de maravilla. La cocina le encanta y, aunque suene redundante, le ha dado de comer por temporadas. En alguna época se hizo cargo, junto con su amiga Monique, de la cafetería de la Alianza Francesa. En otro tiempo tuvo su propio lugar, el Café Bagdad, bautizado así en honor de la famosa película del mismo nombre que dirigió Percy Adlon. Ya en el siglo 21 trabajaba como chef preparando cenas especiales para un hotel y hasta llegó a dar clases de gastronomía en el CUCBA de la UdeG. Y en el tiempo que le quedaba después de estas “chambas alimenticias”, tejía, por supuesto. Exhibió sus trabajos en museos y galerías del país y también en el extranjero. Su faceta de espectador teatral lo llevó a hacer reseñas semanales para el programa Señales de Humo en Radio Universidad, donde trataba siempre de entusiasmar con generosidad al auditorio para que asistiera al teatro y apreciara las buenas escenificaciones locales.

Gabriel, hombre de plática fácil y risa contagiosa, siempre tenía anécdotas qué contar acerca de sus muchos viajes, especialmente por Europa, a donde se escapaba cada vez que la economía se lo permitía. Aprendió –con dificultad, confesaba– a hablar alemán y viajaba allá por temporadas para ganarse la vida cuidando casas o atendiendo a personas mayores. Nunca tuvo automóvil ni teléfono celular, aprendió a usar la computadora por necesidad, pero sospecho que las invenciones de la vida moderna lo tenían más o menos sin cuidado. Eso sí, siempre fue goloso aunque algunos problemas de salud obligaron en los años recientes a cuidar lo que comía, pero sin descuidar las cenas deliciosas que preparaba para sus cuates.

Por si fuera poco también participó de manera altruista en una asociación que ayuda a personas con problemas mentales.

Entre sus muchas buenas amistades estaba la conocida actriz Diana Bracho quien, para la edición del calendario 2009 de Gabriel, escribió estas palabras:

Hace poco visité a Gabriel en su nueva casa. Y confirmé lo que pienso desde que conocí su obra: Gabriel tiene el talento de convertir lo aparentemente pequeño en algo sublime (…)

Sus tapices delicados, imaginativos, originales, coloridos, son como sus casas, su amistad y su cariño, espacios “anidados” (…)

Tengo el regalo de conservar una memoria hermosísima de mi trabajo en algunos de sus tapices más logrados…

En 2014 Gabriel, en cuya familia hay antecedentes diabéticos e hipertensos, sufrió un accidente cardiovascular del que pudo recuperarse. Fue un primer aviso. En aquella ocasión envió a sus amigos –yo incluido– un mensaje conmovedor en el que sin ningún asomo de solemnidad decía, entre otras cosas: acepto con humildad lo que venga, porque hace años que me enseñé a renunciar; soy libre. 

Hace tiempo Gabriel obligaba a sus pacientes a abrir la boca para extraer muelas o tapar picaduras. Después, a los espectadores de sus tapices y a sus comensales, nos mantuvo con la boca abierta, pero ahora disfrutando de su arte en el tejido y en la cocina.

Un nuevo accidente fulminante se lo llevó el domingo 2 de abril de 2017. Estoy seguro de que somos muchísimos quienes lo extrañaremos.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 16 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

1 Comment

  1. Se nos ha ido GAbriel Canales, amigo y hermano méxicano de nacimiento, pero su nacionalidad era la “humanidad” que tanto cultivo con todos los q tuvimos la suerte de conocerlo y gozar de su amistad y cariño.
    Difícil entender su decisión: dejar la odontología para buscar la libertad. Los tejidos fueron su camino y su lenguahje y ahora que se ha ido a mejor vida podemos decirle: Grande amigo, al fin encontraste lo que tanto buscabas y muy pocos se atreven a hacerlo: la libertad”.
    Mi familia entera disfruto de su amistad, su compañía y su cocina. Que ser tan maravilloso.
    Como todo ángel, ahora se ha ido al cielo.

    Adiós, amigo de siempre, en el cielo gozarán de tu sonrisa fácil y las obras y platos que salen de tus manos divinas.

    Elvis Tuesta,
    Buenos Aires, Argentina

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