Gobernar posponiendo las cosas

Construcción de la presa El Zapotillo
(Foto: Héctor Hernández)

|Por Juan José Doñán|

Eso es precisamente lo que han venido haciendo diversas administraciones con varios problemas y pendientes de gran calado –por no decir que con la mayoría de ellos– que arrastra Jalisco y particularmente el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) desde hace décadas.

El abasto de agua potable a la capital del estado y a su cada vez más anchurosa área conurbada, para el futuro inmediato, es uno de esos grandes pendientes que no sólo se ha venido posponiendo un sexenio sí y otro también, sino que, a la par, se ha hecho un descomunal e inútil despilfarro de recursos públicos, a lo largo de casi tres décadas, con el ensayo de numerosos proyectos fallidos:

La Zurda-Calderón, en el minisexenio de Guillermo Cosío Vidaurri; luego el Crédito Japonés, durante la administración del primer gobierno de alternancia (el del panista Alberto Cárdenas Jiménez); en seguida el descocado proyecto de Arcediano, promovido por su sucesor (el también panista Francisco Ramírez Acuña); más tarde la presa de El Zapotillo, que originalmente fue concebida para llevar agua desde territorio jalisciense a la ciudad de León, en Guanajuato, pero que sobre la marcha se discurrió ampliar su capacidad de almacenamiento, a fin de dotar de tan esencial líquido también al AMG, así como a varias poblaciones de los Altos de Jalisco.

Y ahora resulta que con las obras de El Zapotillo, suspendidas desde hace casi tres años por mandato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el gobierno de Aristóteles Sandoval ha decidido también lavarse las manos, por lo cual las cosas se quedarán en stand by, por lo menos durante dos años más, según le habría dicho el secretario general de Gobierno, Roberto López Lara, al alcalde de Cañadas de Obregón, Jaime Gustavo Casillas, a raíz de que éste le preguntara por la intempestiva salida de maquinaria, equipo y cuadrillas de trabajadores de la zona.

Interrogado por este hecho, el mencionado funcionario estatal le habría tenido que informar al primer edil de Cañadas, sin bien remarcándole que lo hacía en forma “extraoficial”, que los trabajos en el inconcluso embalse seguirían detenidos por los próximos dos años, lo cual significa que, por lo que respecta a la administración de Aristóteles Sandoval, ésta ha decidido desentenderse también –ahora sí que “tarde, pero sin sueño”– de un proyecto tan impugnado y mal concebido como el de El Zapotillo, y que ya les tocará a otros funcionarios venir a lidiar con un añejo problema, con el cual tampoco ha podido en definitiva el actual gobierno. Y ello porque dentro de “dos años” ni el señor López Lara ni su jefe Aristóteles Sandoval estarán despachando en Palacio de Gobierno, sino correteando la chuleta por otros lares.

Ante este nuevo fracaso, tácitamente reconocido por la autoridad estatal, las preguntas obligadas no se hacen esperar: ¿y que va a pasar entonces con la prometida y reprometida fuente alterna para asegurar en el corto y en el mediano plazo el abasto de agua potable al AMG? ¿Y la cantidad de recursos ya gastados, por no decir que despilfarrados, en El Zapotillo, los cuales vienen a sumarse a todo lo “invertido” en vano en los proyectos acuíferos anteriores?

Por lo que hace al incumplimiento del compromiso de dotar a la capital de Jalisco de esa fuente alternativa que asegure agua potable suficiente a los tapatíos para las próximas décadas, el gobierno de Aristóteles Sandoval, por lo visto, no se va a distinguir de sus predecesores, que por angas o por mangas tampoco cumplieron.

En cuanto a los recursos económicos –despilfarrados, antes que invertidos–, a los cuales habría que sumar el tiempo perdido, un capital irrecuperable que, como dice la sabiduría popular, hasta los santos lo lloran, pues nada, no parece que vaya a haber mayor problema, en la medida en que esos recursos económicos son haberes públicos y su pérdida, como es habitual, no representa ningún quebranto para la economía personal de quienes ahora fungen –alguien podría decir que más bien fingen– como “servidores públicos”.

Y por lo que hace al tiempo perdido, éste no hace sino venir a sumarse al que ya perdieron los gobiernos de Cosío Vidaurri, Cárdenas Jiménez, Ramírez Acuña, González Márquez, más lo que se sume en los sexenios por venir.

Ah, pero no por ello ni el gobernador ni algunos de sus colaboradores más conspicuos han dejado de figurar en cuanto asunto baladí o protocolario calculan que les puede redituar algún lucimiento, ya sea la celebración por el reciente campeonato de las Chivas, o la marcha de grupos lésbicos gays del fin de semana pasado, o el banderazo de salida al primer embarque de blue berrys hacia China, que ojalá no sea devuelto como sucedió hace meses con los trailers de aguacates que no pudieron entrar a la Unión Americana.

Para todo ello y para otras cuestiones más bien protocolarias y hasta frívolas sí hay gobierno, pero no lo hay –y en el pasado inmediato rara vez lo ha habido– para resolver los grandes problemas de Jalisco, los cuales crecen y se acumulan, ante autoridades que los posponen o, lo que sería lo mismo, se desentienden de ellos.

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