Guadalajara no colapsó

|Por Paul Alcantar|

Mejor de lo que hubiera pensado, la falta de fluidez en la distribución de combustibles en la ciudad no ha impedido que las dinámicas sociales y económicas se mantengan a flote; sobre todo cuando sabemos que la movilidad siempre es controversial para tratar.

Porque el hecho es que Guadalajara sufre por los embates de la estrategia gubernamental que busca, según lo declarado por el propio presidente de la república, combatir la toma ilegal de combustibles en los poliductos que conectan la refinería de Salamanca con la metrópoli tapatía.

No es cualquier decisión que se deba tomar a la ligera. Estamos hablando que el colapso citadino pudo haber sido real en una de las regiones más productivas del país, con costos económicos no cuantificables y difícilmente reparables; tomando en cuenta que mucho dependemos del sector primario como la agricultura y la ganadería y ya ni decir de los productos y servicios que la ciudad otorga a las entidades aledañas al Área Metropolitana de Guadalajara (AMG).

Lo comento en estas dimensiones por la lógica de las conclusiones que se pudieron dar al momento de decidir bloquear la distribución de gasolina. La decisión del presidente tomó por sorpresa en principio a los gobernadores y con ello vimos el nivel de respuesta que los estados de la federación tuvieron al momento de saber de la crisis que se aproximaba.

Con este breve contexto me gustaría compartirles lo que vi en estas dos difíciles semanas, sin quitar el énfasis de la dinámica política y social en el plano local.

  1. En Jalisco se tiene el mayor registro de robo de combustible, reflejado en el fraude directo al Sistema de Administración Tributaria (SAT): poco más de la mitad de los tres mil 217 millones de pesos que evadieron empresas ligadas a la práctica del huachicol y que están bajo las interrogantes de la propia Secretaría de Hacienda y Energía para desenmarañar toda la red de corrupción y complicidad entre privados, autoridades estatales y municipales al servicio del crimen organizado.
  2. Antes de este primer reporte, el gobierno de México actúa bajo la desconfianza política. Como estrategia, no sólo deciden cerrar los ductos sin tomar en cuenta los centros de abastecimiento, sino que también cierran toda comunicación oficial, lo deduzco, para no filtrar información a los niveles de gobierno que han sido omisos del problema.
  3. Se debe señalar que el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, decidió apostarle al endurecimiento del discurso por un desabasto, más allá de sobrellevar el problema de interés público a su favor. La realidad es que Guadalajara no ha colapsado, ningún municipio del área metropolitana dejó de otorgar servicios ni de solventar su dinámica económica por la falta de gasolina en las estaciones de abastecimiento.
  4. Esta realidad puede hablar de una resiliencia espontánea que el propio Alfaro decidió ignorar con la idea –supongo– de concentrar un supuesto enojo colectivo que no se vió.
  5. Este discurso combativo por parte de Alfaro tuvo efectos inmediatos en las y los alcaldes del AMG, que interpretaron con elementos claros una postura adversa a la decisión del presidente (lo vimos con Pablo Lemus de Zapopan, quien a  través de sus redes sociales llegó al extremo de manifestar su preocupación por convertirnos en Cuba https://t.co/h6baTe9Qoy) o que decidieron ser pasivos. Sería útil tener mayor información si los presidentes municipales siguen bajo el hostigamiento de los grupos huachicoleros.
  6. Si bien la dependencia a los hidrocarburos es terrible y Guadalajara queda aún lejos de la cultura por la sustentabilidad, lo claro es la gente es optimista con la idea del combate al comercio ilegal de gasolinas, si eso implicaba romper con la comodidad de la vida cotidiana. Este sentimiento se midió en las encuestas publicadas por El Financiero, Reforma y Grupo Imagen entre el viernes 11 y lunes 14 de enero; aunque dichas encuestas son nacionales, podrían reflejar el sentimiento local. Ahí hay un capital social que se puede aprovechar, pero nuestros políticos no lo quieren ver.
  7. Esto nos puede conducir a quienes damos seguimiento a las redes sociales, es notorio que ese sentimiento no se veía reflejado en los miles de post, tuits y demás manifestaciones. El ánimo de algunos por ver “arder” al país sigue lejos de la colectividad.

Sería útil para quienes toman decisiones sobre la gran ciudad comenzar a recopilar las experiencias que surgen de estas externalidades. Es claro que la responsabilidad de las autoridades estatales y municipales son delimitadas a las leyes federales de distribución de hidrocarburos; lo cierto es que hay mucho material para que éstas reaccionen a favor de la población y, por qué no, también a su propio proyecto público.


Paul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

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