Hernán Bravo Varela: desenfado, rigor e ingenio

Bravo Varela (Foto Sinembargo.mx)
Foto Sinembargo.mx

|Por Ricardo Solís|

Publicado originalmente en 2011 dentro de la Biblioteca Mexiquense, el libro Historia de mi hígado y otros ensayos (Fondo de Cultura Económica, 2017), del poeta y traductor Hernán Bravo Varela (Ciudad de México, 1979), fue ganador entonces del Certamen Internacional Sor Juana Inés de la Cruz en el género de ensayo, aunque este año se edita de nuevo dentro de la colección Letras Mexicanas del FCE, hecho que, seguramente, hará que el volumen alcance un número mayor de lectores (muy merecido, por otra parte).

Lo primero que debe quedar claro es que, para Bravo Varela, el ensayo no es una forma rígida ni estática; todo lo contrario, aunque los textos presenten –en palabras del autor– por materia “el multívoco yo”, no lo hacen sin admitir que toma “el rumbo incierto” que determina asumir la exploración de visiones empíricas que rigen “la disertación de una vivencia”, algo que asimismo le permite construir un escenario donde “el ensayo no oculta sus tropiezos ni evita retractarse”.

De esta forma, la primera virtud de Historia de mi hígado y otros ensayos es la variedad de sus temas y estrategias para abordarlos. Por supuesto, como se consigna en la edición, se trata de escritos “personales y autobiográficos”, sin que eso impida que el poeta evoque, aluda o refiera a cuestiones tan (aparentemente) dispares como las vicisitudes de la enfermedad, el cine de Kubrick, las baladas románticas, el deporte, la vida nocturna o la literatura.

A lo anterior hay que sumar el tono de desenfado que dota a la escritura de Bravo Varela de una dosis importante de humor, una cualidad (muy) poco frecuente en otros libros o ensayistas contemporáneos pero que, pienso, destaca porque el autor abreva en hechos particulares de su propia vida y, además, mantiene una calidad narrativa potente a lo largo de estas breves pero contundentes páginas.

Ahora, lo dicho hasta aquí no alentar la idea de que este libro sea “ligero”, para nada; Bravo Varela es consciente del ejercicio que emprende y logra, sabe de sobra que el llamado “ensayo personal” (y nos lo comparte en el texto introductorio) exige para su “empirismo” que la escritura tenga un carácter “normativo y hasta dictatorial” y, a pesar de ello, consigue mantener su noción –para este volumen– del personal essay como escrito que “se sostiene en el ocio, relajamiento o distensión de la idea; en su atenta invitación a divagar en torno a aquello que propone”.

Por estas razones creo que un lector equis puede disentir con el autor de estos textos en cuanto a opiniones, pero –de igual manera– no podría evadir el tono atrayente de su escritura, el equilibrado manejo de sus referencias y la perenne sensación de que “ensayar” exige ciertas cualidades sin que eso signifique que sea una actividad que deba enclaustrarse en un molde académico o un corsé de corrección política. En pocas palabras, este libro de Bravo Varela es una muestra de que la discusión ingeniosa y el rigor no tienen por qué ser aburridos.

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