“Tu hijo está vivo, ya no lo busques; se lo llevaron a jalar”

| Con 2 mil 653 casos desde 2006, Jalisco es la tercera entidad del país con más personas desaparecidas; le sigue Nuevo León donde –según cifras de la Segob– 2 mil 455 personas han desaparecido desde 2005

| Por Melva Frutos |

Las virtudes físicas de Carlos, fueron quizá los factores que motivaron para que esté desaparecido desde hace seis años.

Su atlética complexión, estatura de casi 1.80 metros, aunado a su habilidad para correr con velocidad y su notable inteligencia, resultaron atractivos para quienes roban la libertad de los jóvenes con la finalidad de llevarlos al mundo de la delincuencia.

El día que Carlos Alberto Fernández Delgado, entonces de 19 años, fue subido por la fuerza por hombres armados a una camioneta, transcurría la tarde como muchas otras; era una tarde de cascarita.

El 30 de abril de 2011 como habitualmente lo hacían, se reunieron alrededor de 15 muchachos en un parque de Santa Catarina, al poniente del Área Metropolitana de Monterrey.

Por estar enfrascados en el juego de soccer no tomaron importancia a las camionetas de color blanco que se acercaban a toda velocidad.

De ellas descendieron hombres armados, quienes repentinamente y apuntándoles con sus armas, pretendían obligarlos a subir a los vehículos.

Los muchachos asustados corrieron en distintas direcciones, a algunos no los alcanzaron, pero siete de ellos fueron acorralados en varios puntos de la colonia y llevados a la fuerza.

“Los muchachos que alcanzaron a librarse de ese secuestro contaron. Mi hijo jugaba en ese tiempo futbol americano en el Club Avispones. Era corredor, por eso no lo podían alcanzar. Medía casi el 1.80 de estatura, era muy fuerte, muy grueso de huesos.

“No lo podían alcanzar, hasta que lo cierran con dos camionetas y ahí se lo llevan”, describió Laura Alicia Delgado Galván.

En su desesperación por no ser levantado, Carlos pidió ayuda a comerciantes y vecinos del sector, pero ante el miedo de verse involucrados, se negaron a esconderlo, quedando a la vista de los secuestradores.

Laura y su esposo, Carlos Fernández Castillo, han hecho de todo desde ese día. Con la esperanza de encontrar a su único hijo, quien ahora tiene 26 años, han emprendido tareas de investigadores, negociadores y buscadores.

La cifra oficial de ese día fue que se llevaron a tres jóvenes, pero según Laura, los testigos vieron que subieron a siete, que eran los que contaban con complexión amplia y estatura alta.

Sólo se hicieron tres denuncias, de los otros cuatro nadie habla.

Carlitos, como le llama su mamá, estaba a punto de terminar la preparatoria en el CU, sus planes eran estudiar neurología y al concluir su última temporada de futbol americano en la categoría de Bantam, aceptar la invitación para jugar con los Borregos del Tec.

El día en que Carlitos fue llevado, Laura se encontraba trabajando como instructora en un gimnasio en Cancún.

Cuando su esposo, quien estaba a cargo del joven, notó su ausencia, pensó que se había quedado en alguna fiesta y esperó paciente a que regresara.

En el transcurso de los días se enteró de lo sucedido. Puso una denuncia ante la Procuraduría y pidió a Laura que regresara a la ciudad.

“Cuando llegué me dijo que a Carlitos lo secuestraron y ahí yo ya no sé más. Nada más recuerdo que mis rodillas chocaron en el piso”.

A partir de ese momento su salud y estabilidad emocional se deterioraron y hay recuerdos de los últimos años, de los días de búsqueda, que se pierden de la memoria de Laura.

“Desde el principio las autoridades no nos dijeron nada, para cuando yo regresé, mi esposo ya había hecho denuncia, se había movido a buscar ya había investigado por su cuenta, de hecho, todo lo que viene en el expediente es porque mi esposo lo investigó”.

La mujer recordó que de todos los jóvenes, sólo uno ha regresado, lamentablemente en malas condiciones de salud física y mental.

“A él lo tuvieron tres meses cautivo y regresó hecho un palito, le quemaron su cabello, tenía sus rodillas quebradas, se las quebraron con un mazo, es lo que él dijo. Cuenta que estaba en un pozo y que le aventaban frituras para comer y que algunas veces le daban agua”, describió Laura.

En una precaria declaración que brindó el muchacho ante las autoridades, contó que estando en cautiverio, pudo ver a Carlitos sólo una vez.

“Dijo que a él lo tenían tapado con una garra en la cabeza, se la quitaron y vio que mi hijo estaba frente de él sentado en una silla con otro señor.

“Lo tenían con las manos amarradas atrás y le preguntaron al muchacho si conocía a mi hijo y él les dijo que sí y le volvieron a poner la capucha. Entonces escuchó que le preguntaron a mi hijo ‘vas a jalar con nosotros o no guey’”.

Carlos se negó, pero fue amenazado por el hombre, quien le dijo que sabían en dónde vivía su mamá y que la iban a matar.

“Y le volvió a preguntar ‘¿Entonces ¿vas a jalar o no?’. Carlitos le dijo sí, y le preguntaron al otro muchacho, y él dijo que no. Y se lo volvieron a llevar al pozo”.

Las declaraciones del amigo de Carlos no han sido tomadas como evidencia, porque según las autoridades, su estado de salud mental no está en buenas condiciones y tiene lapsos en que desvaría.

Esta es una fotografía de Carlos Alberto, quien desapareció en el barrio de Santa Catarina, Monterrey (Foto Especial)

Sentada en una banca de la plaza de los desaparecidos, en el Centro de Monterrey, Laura trae consigo un portafolio.

En él lleva diversos documentos, es el expediente de su hijo. Es el trabajo que su esposo ha hecho, asegura, porque los investigadores de la Procuraduría no han agregado ni un solo dato adicional a los que la pareja ha registrado.

Los padres de Carlos han llegado a un nivel de desesperación, que hasta se han reunido con miembros de la delincuencia organizada, para preguntar por su hijo.

“Él (su esposo) se metió a investigar hasta con los malos, a él lo amenazaron, le pusieron una pistola en la cabeza, le dijeron que ya no lo buscara, porque ellos sabían todo de nosotros, supieron cuando yo fui a la Sedena, supieron que había ido a denunciar hasta allá”.

En un principio no hubo una solicitud de rescate, pero cuando el señor Carlos dio con el punto de reunión de un grupo de enpistolados y les preguntó por el paradero de su hijo, le confirmaron que sabían del caso y que investigarían en dónde se encontraba. Le pidieron 20 mil pesos para entregárselo.

“Yo fui con él y conocí las caras de ellos, lo que yo quería era verlos, que me vieran a los ojos y ver si me estaban mintiendo, Dijeron que en la noche, no nos lo regresan y luego vuelven a llamar pidiendo otros 40 mil pesos”.

La segunda cifra no la alcanzaron a entregar, porque llamaron diciendo que aún no lo entregarían “porque estaba muy peligrosa la situación”.

Al poco tiempo, los mismos hombres con quienes la pareja se entrevistó, llegaron a vivir junto a su casa.

Después la casa de seguridad fue cateada por Fuerza Civil y los supuestos sicarios alcanzaron a huir, dejando bolsas negras con dinero.

Un día que su esposo compraba comida rápida, afuera del establecimiento lo esperaba uno de los hombres con los que había negociado el nulo rescate.

Le dijo que ya no buscara a Carlitos, “nada más quiero decirte que ya no busquen a tu hijo, tu hijo está vivo, se lo llevaron a jalar”.

Según la información que el hombre les dio, Carlitos fue secuestrado por El Mataperros.

Baltazar Sauceda Estrada, alias El mataperros, fue detenido en 2012, y supuestamente es miembro del cártel de los Zetas y autor intelectual del incendio en el Casino Royale, en el que murieron 52 personas.

También se le identificó como el responsable del asesinato de jefes policiales, uniformados y elementos de tránsito del estado.

Los padres de Carlitos además pudieron identificar al supuesto jefe de plaza en Santa Catarina, a quien le apodaban El Marino.

“Cuando nos piden el dinero, el señor que lo agarró nos dijo, ‘aquel es mi patrón, es El Marino’. A mí no se me olvida, era muy alto, gordo y estaba besándose con una muchacha como de 17 años y que era hija de una señora que se llama Silvia, que le dicen la Güera”.

Transcurrieron tres años de que el matrimonio inició su búsqueda en solitario, hasta que Laura se encontró con Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León (FUNDENL).

Fue cuando se dio cuenta de que el expediente que estaba manejando la Procuraduría no era el de su hijo, pertenecía a otra persona.

“Empiezan a investigar y a moverse hasta que encuentro a FUNDENL. En la primera junta que tuve en la procuraduría con el grupo, resulta que mi expediente estaba equivocado y los tres años que estuve buscando a mi hijo con mi esposo, los datos que nos daban de mi hijo, nos daban datos de otra gente.

“Les dije que cómo era posible, a lo mejor mi hijo ya estuviera conmigo si nos hubieran ayudado, de haber hecho las cosas como debió de haber sido”, aseguró Laura.

A pesar de la insistencia de las madres de FUNDENL, El Mataperros se ha negado a hablar con ellas, al Marino lo encontraron muerto el año pasado y a otro presunto participante en el secuestro de Carlitos, apodado El Pelón, y que está internado en el penal, no han logrado que declare sobre el paradero del joven.

Como Laura, varias madres han recibido informes de que sus hijos fueron llevados para obligarlos a trabajar para los grupos delictivos, las autoridades lo saben, pero los jóvenes no son localizados.

A pesar de tener la esperanza de que Carlitos sigue con vida, su mamá es una de las muchas madres que salen a los campos y carreteras a cavar, a buscar restos humanos, con la esperanza de que él no esté ahí.

“Mientras a mi hijo yo no lo entierre, mi hijo está vivo y sí voy y lo busco con mis compañeras, con el corazón apretado, pero voy con la mente de que mi hijo no está ahí.

“No soy la única, las demás piensan lo mismo, porque así es como te alimentas, así es como vives; sabes que no lo quieres encontrar ahí, te lavas el coco días antes de ir a la búsqueda y vas temblando, con el estómago revuelto, no te da hambre, pero el pensamiento primero es, mi hijo no va a estar ahí”.

Agradecemos a Posta.com.mx por compartir este trabajo.

2 Comments

  1. Me duele leer lo que escribes, Alejandra, porque sé que todo es cierto, que lo has documentado, y que muestra la crudeza de la realidad que viven nuestros jóvenes hoy en día aquí.
    Tu trabajo debe ser conocido y divulgado a través de los mejores espacios. Gracias por resistir, gracias por seguir.

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