El hombre que le puso los números a la copa de 1970

Por la cara redonda y el porte que se carga, Lucio Ortega tiene el aire de un Diego Rivera delgado. De veras. Sólo que Lucio es un hombre modesto. “Cómo va usted a creer, si yo soy comercial”, me dice cuando quiero echarle flores.

Se le parece también en el oficio. Lucio pinta murales, en un mundo en el cual a fuerza de offsets, lonas y viniles está por olvidarse de un oficio viejo, el del rotulista.

No siente rencor, al contrario; cada vez existen menos como él y por eso, se lamenta, hay días en los que está hasta el copete de trabajo.

La verdad es que trabajo siempre tuvo, desde que cumplió los trece años, por allá por 1969. A esa edad su tío Daniel lo agarró de aprendiz y a él no le quedó sino aprender a lo grande. Rotuló butaca por butaca y así decenas, entre las 55 mil que tiene el Estadio Jalisco —entonces recién ampliado—, para el Mundial de Futbol México 1970.

Sobre los asientos rotulados por Lucio Ortega y por sus tíos maternos recargaron sus nalgas y espaldas miles de aficionados que vieron los partidos de Inglaterra-Rumania, Inglaterra-Brasil, Brasil-Rumania, Brasil-Uruguay… Exacto: los que miraron en vivo al gran Edson Arantes do Nascimento, “Pelé”.

Es muy curioso porque hablar con Lucio es hacerlo con alguien que vivió una Guadalajara antes y otra después, a través de los rótulos.

Parece que él no se da cuenta —parece—, pero cuando 2018 está por morir, él menciona empresas, marcas y eslogan que pasaron por sus pinceles, pero ya no son lo que fueron o ni existen: el brandy Presidente, con “la uva a su favor”; la cerveza Superior, “la rubia que todos quieren”; la constructora San Pablo, que levantó la colonia Miraflores, Prolanza…

En ese tiempo, los años 70 y 80, suspira, en Guadalajara hubo grandes maestros rotulistas como Daniel, Guadalupe, Enrique y Jesús Méndez, que vienen siendo sus tíos y otros no consanguíneos como José Manuel Vilches y Carlos González.

¿Cómo fue que los grandes maestros no dejaron decenas de grandes alumnos? Lucio Ortega detiene su pincel, piensa y suspira. Al final, añade a las universidades entre la lista de los grandes enemigos del oficio del rotulista: “Los hijos de los grandes empezaron a estudiar, y ya no quisieron trabajar en esto”, relata.

Es necesario aclarar que Lucio Ortega también quiso seguir el camino de las aulas, pero la Federación de Estudiantes de Guadalajara se interpuso entre él y la carrera de medicina, asegura y le creo. Todo ocurrió en los tiempos de la Guerra Sucia de los años setenta, que dejó varios estudiantes, obreros y profesionales desaparecidos.

En cambio es enfermero graduado. Dice que no ejerce porque parte de la nobleza de esa profesión consisten en ganar poco. Yo digo que no ejerce porque en el fondo sabe que es un artista del mural. Él insiste en que el único chiste es saber de sombras, luces, contraluces, brillos y destellos. ¡Ah bueno!

Como sea, su mayor escuela ha estado en las paredes de la ciudad, con una ayudita del Instituto Maurer, que durante los años 60 y 70 vendía cursos de mecanorma por correspondencia.

Al final, se pintó una historia con final feliz, si eso existe.

—Le gusta lo que hace?

—Si no me gustara no lo haría. Nada más no me gusta trabajar en las alturas. Un rotulista se pierde en las alturas. Para mí la más grande satisfacción es que el cliente quede satisfecho. Que no se tenga que aguantar y mucho menos que borre el trabajo de uno.

—¿Le han borrado muchos?

—Ninguno de inmediato. Todos los ha borrado el tiempo.

—Entonces sí es bueno.

—Le digo que comercial. Ahora cualquier mequetrefe le puede decir que es un artista, no les haga caso: donde quiera encuentra uno padre e hijo.

Será lo que él diga. Yo insisto en que podría ser un Lucio Rivera, bajo la presión del tiempo y de un oficio en extinción. En Volver Vintage nos quedamos con un rótulo que hemos decidido conservar muchos años. Larga vida para Rótulos Ortega.


Agradecemos a Volver vintage y memoria por compartir este contenido.

Vanesa Robles
Acerca de Vanesa Robles 27 Artículos
Soy Vanesa Robles // La casualidad me hizo nacer en Guadalajara, México // La vida me hizo periodista, y la elección me hizo pobre y feliz.

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