El Japón de Morris Berman

Cuando Morris Berman estaba en la prepa, su maestro de literatura le habló de cómo se construyen las espadas en Japón. Le dijo que no era un asunto de tecnología. Se necesitaban tres días de ayuno, rezos, mucha meditación y paciencia: había que esperar a que el maestro indicara que ya se estaba en el estado adecuado para comenzar la construcción de una espada hermosa y perfecta. Así que más que un proceso técnico era uno espiritual, pues la espada era la manifestación de la espiritualidad. Aunque aquello fue una revelación para Berman, hubo de esperar muchos años antes de emprender la tarea de escribir sobre la cultura japonesa, lo cual ha hecho hoy en un ensayo titulado Belleza Neurótica y que lleva como subtítulo “un extranjero observa Japón”. El libro, que se presentó en días pasados en la FIL Guadalajara y cuya traducción al español ha publicado la editorial Sexto Piso , indaga sobre el impacto de la cultura japonesa en el mundo actual mediante un minucioso análisis de la historia de Japón, su psique y los fenómenos culturales que han dado lugar a la actual fascinación por ese país.

No es una visión complaciente y el nombre mismo del libro lo ejemplifica: Morris afirma en entrevista y con una sonrisa, que los japoneses están un poco molestos con el título pues habrían preferido que se llamara solamente “Belleza”. Pero, afirma Berman, este es un retrato honesto de Japón y la neurosis a la que se refiere es real, consecuencia de un conflicto muy profundo entre tradición y modernidad: por un lado la poderosa tradición cultural de artesanía, meditación y filosofía, en conflicto con los avances tecnológicos que en buena medida definen lo que es el país actualmente. Y ese es un conflicto que está al centro del corazón de los japoneses.

En su libro Morris Berman concluye que la causa de esa neurosis es que Japón se convirtió en un Estado moderno en solo 25 años, y el problema psicológico derivado de eso es enorme. Por ello existen numerosas paradojas: si bien Japón es un Estado poderoso, innovador e influyente, hay en su interior graves problemas, como altísimas tasas de suicidios, alcoholismo y enfermedades mentales. La tesis de Berman es que con la reconstrucción rapidísima de Japón en un cuarto de siglo lo que se perdió fue un sentido de la vida.

Uno de los fenómenos que analiza y que es muy representativo de la crisis actual, es el de los “hikikomori”, jóvenes japoneses que se encierran en su recámara sin salir de ella durante años, a veces diez o quince. Por alarmante y tremendo que eso parezca -se considera una enfermedad social seria-, Morris lo ve como una declaración vital muy importante: ellos son una especie de consciencia crítica de la nación, son jóvenes que rechazan el tipo de vida actual, las presiones que reciben en el ámbito escolar, la tensión social y económica a la que son sometidos sin piedad.

Lo cierto es que la fascinación occidental por Japón se manifiesta en elementos tradicionales como el budismo zen, los haikús, la comida japonesa, la ceremonia del te, pero en la vida diaria del país hay otras cosas muy poderosas que determinan este conflicto neurótico entre tradición y modernidad: la música pop, los shows de televisión, la cultura del comic y el animé. Ambas cosas, lo tradicional y lo moderno, son partes de una cultura que, a decir de Morris Berman, podría estar gestando hoy las primeras alternativas para las sociedades postcapitalistas de los siglos venideros.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 38 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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